sábado, 10 de noviembre de 2012


Decir que una mujer no es toda, es lo que el mito nos indica por ser ella la única cuyo goce sobrepasa al que surge del coito. Por eso mismo, quiere ser reconocida como la única por la otra parte: harto ahí lo saben. Pero es también donde se capta lo que hay allí que aprender, a saber, que así se la satisficiera en la exigencia del amor, el goce que se tiene de una mujer la divide convirtiendo su soledad en su pareja, mientras que la unión queda en el umbral. Pues cómo puede servirle mejor el hombre a la mujer de la que quiere gozar, si no es devolviéndole ese goce suyo que no la hace toda suya: por en ella re-suscitarlo.

EL ATOLONDRADO, EL ATOLONDRADICHO O LAS VUELTAS DICHAS
“Jacques Lacan”



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