jueves, 7 de noviembre de 2013



¿En qué consiste el señuelo del amor? Cuando estoy enamorado, amo a alguien a causa del objeto a en él, a causa de lo que “en él [es] más que él mismo”, en síntesis, el objeto del amor no puede darme lo que demando de él ya que no lo posee, dado que, en lo más íntimo, se trata de un exceso. Lo que define al amor es esta discordancia o brecha básica (elaborada por Lacan a propósito de la relación de Alcibíades con Sócrates en el Banquete de Platón): el amador [erastés] busca en el amado [éromenos] lo que a él le falta, pero, como lo expresa Lacan, “lo que a uno le falta no es lo que está escondido dentro del otro” —de este modo, lo único que le queda por hacer al amado es realizar una especie de intercambio de lugares, cambiar de objeto a sujeto del amor, en síntesis: devolver amor.


Slavoj Zizek




miércoles, 6 de noviembre de 2013







"La poesía es la respuesta mejor, 
la única respuesta posible de los hombres a la ambigüedad esencial, 
irremisible del lenguaje humano."
"La poesía es un erizo que está 
arrojado al margen del camino, de la 
autopista, que se cierra sobre sí mismo y, a 
la vez, se expande; que está expuesto a la 
muerte y lucha contra el olvido..."

Jacques Derrida



"El poeta es un fingidor que finge constantemente, 
que hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente.
Y, en el dolor que han leído, a leer sus lectores vienen, 
no los dos que él ha tenido, sino sólo el que no tiene.
Y así en la vida se mete, distrayendo a la razón, 
y gira, el tren de juguete que se llama el corazón."


Fernando Pessoa. 




"Para que pueda ser he de ser otro,

salir de mí, buscarme entre los otros,

los otros que no son si yo no existo,

los otros que me dan plena existencia."

                                                                            Octavio Paz

jueves, 8 de agosto de 2013

Colette Soler. Lo que Lacan dijo de las mujeres. Paidós. (Pág.75-76)


La posición mujer es distinta. Lacan la define de manera opuesta. Ya evoqué la interpretación que hace del deseo femenino, en su texto de 1958, respondiendo a la famosa pregunta de Freud: "¿Qué quiere la mujer?". La respuesta, en resumen, podría formularse así: quiere gozar. No solamente eso goza más, mensaje de Tiresias, sino eso quiere gozar.

Del sujeto histérico no se podría decir : quiere gozar, y, tampoco se podría decir lo contrario. ¿Qué es lo que quiere entonces? . De lo que precede se desprende una fórmula. El histérico, que busca insatisfacer al Otro, apunta a un plus de ser. Se podría decir entonces: una mujer quiere gozar, la histérica quiere ser. Incluso exige ser, ser algo para el Otro, no un objeto de goce sino un objeto precioso que sustente el deseo y el amor. Se puede diseñar el cuadro de los rasgos diferenciales tal como los propone Lacan. Del lado mujer, a la izquierda, la referencia al goce, es decir a un plus; del lado de la histérica, a la derecha, un querer ser. Aún hay que completar el cuadro con las características de la verdad del goce efectivo y precisar ese querer gozar de la mujer.Se acompaña de un querer hacer gozar. El goce que un hombre tiene de una mujer la divide, dice Lacan en "El Atolondradicho". Es decir que el goece del paternaire viene al lugar de la causa del deseo de ella. Distinguimos claramente los dos registros de la oferta de gozar para el Otro que hace la mujer- y que difiere de la oferta de desear de la histérica- y, por otra parte, el goce específico de la mujer. Porque , en efecto, ocurre a menudo que hay mujeres que no quieren ni hacer gozar- aversión primaria de la histérica, bien percibida por Freud- ni gozar, pues el goce no es forzosamente deseable.



miércoles, 7 de agosto de 2013

Más allá del falo



Lacan propone en las fórmulas de la sexuación el goce femenino. Lo cual marca la diferencia entre la histérica, eminentemente fálica y el goce femenino, más allá del falo, comparable al de los místicos, goce adicional, suplementario, sujeto al no-todo. Mientras el goce fálico queda definido como goce del órgano, fuera del cuerpo, goce más bien masturbatorio, autoerótico, para-sexuado.
 Entonces, algunas mujeres sólo gozan en el sentido fálico, goce ligado al significante, a lo simbólico, es decir ligado a la castración, en ésta posición queda detenida la histérica, identificada al hombre, para desde allí abordar el enigma de qué es lo femenino. Algunas sólo obtienen este goce, otras acceden al Otro goce, goce femenino.
En tanto fálica, la mujer ofrece su mascarada al deseo del Otro, hace semblante de objeto, se ofrece allí como falo, ella aceptará encarnar este objeto para ofrecerse a sus delicias, pero no estará toda allí, y si está bien plantada no se lo cree del todo: sabe que no es el objeto, aunque puede jugar a donar lo que no tiene, con mayor razón si interviene el amor, gozando de ser lo que causa el deseo del otro, sin temor de quedar allí atrapada, a condición de que su goce no se agote ahí. Es hacer apariencia de objeto que el fantasma del partenaire le demanda. Hacer apariencia, es jugar a serlo, tentando desde ese lugar, es que ella goza, en posición femenina, pero debe salir de esa escena pues no encarna ese -a- todo el tiempo. No está de más decir que si se queda como a, en tanto objeto, queda atenazada en una suerte de posición masoquista.
El goce femenino es por excelencia el lugar donde se accede a la experiencia de que no hay Otro del Otro, o bien no hay relación sexual. El objeto a y ese goce femenino serán dos modalidades de suplencia de la relación sexual que no hay. Las que no dejarán de dar cuenta de un encuentro imposible.

El cuerpo femenino entonces se ofrece entre el amor y el goce. Podríamos entonces decir que una mujer se sitúa entre el hacer gozar y el ser amada.

viernes, 26 de julio de 2013

Si te busco




Por favor si mi alma te busca,

aléjate en ese lugar tan oscuro,
que no encuentre en ella un motivo,
si mi cuerpo le da por extrañarte,
sólo refúgiate en esa cárcel de olvido,
que tu memoria se borre con el suspiro,
si mis palabras quieren llamarte,
sólo cierra el corazón con tus odios,
apaga los sentidos con tus silencios,
Pero si en verdad te busco,
redúceme en nada, desapareceme, 
que no te encuentre...
haz todo lo posible que mi amor,
vuelva por donde vino.

Marco Canales 



Jacques Lacan Televisión 1973





Resumen de Freud Consejos al médico en el tratamiento psicoanalítico (1912).


 Reglas técnicas:

a) Para retener en la memoria los innumerables nombres, fechas, detalles del recuerdo, asociaciones y manifestaciones patológicas que el enfermo va produciendo en el curso de un tratamiento prolongado meses enteros y hasta años, sin confundir este material con el suministrado por otros pacientes en el mismo período de tiempo o en otros anteriores, la primera regla rechaza todo medio auxiliar, incluso la anotación, y consiste simplemente en no intentar retener especialmente nada y acogerlo todo con una igual atención flotante. Nos ahorramos de este modo un esfuerzo de atención imposible de sostener muchas horas al día y evitamos un peligro inseparable de la retención voluntaria, pues en cuanto esforzamos voluntariamente la atención con una cierta intensidad comenzamos también, sin quererlo, a seleccionar el material que se nos ofrece. Correremos el peligro de no descubrir jamás sino lo que ya sabemos, y si nos guiamos por nuestras tendencias, falsearemos seguramente la posible percepción.
Como puede verse, el principio de acogerlo todo con igual atención equilibrada es la contrapartida necesaria de la regla que imponemos al analizado, exigiéndole que nos comunique, sin crítica ni selección algunas, todo lo que se le vaya ocurriendo. La norma de la conducta del médico es: Debe evitar toda influencia consciente sobre su facultad retentiva y abandonarse por completo a su memoria inconsciente.
En estos recuerdos sólo muy pocas veces se comete algún error, y casi siempre en detalles en los que el médico se ha dejado perturbar por la referencia a su propia persona, apartándose con ello considerablemente de la conducta ideal del analista. Tampoco suele ser frecuente la confusión del material de un caso con el suministrado por otros enfermos.

b) No tomar apuntes, formar protocolos, etc., durante las sesiones con el analizado. Al anotar o taquigrafiar las comunicaciones del sujeto realizamos forzosamente una selección perjudicial y consagramos a ello una parte de nuestra actividad mental, que encontraría mejor empleo aplicada a la interpretación del material producido. Podemos infringir esta regla cuando se trata de fechas, textos de sueños o singulares detalles aislados, que pueden ser desglosados fácilmente del conjunto y resultan apropiados para utilizarlos independientemente como ejemplos.
Cuando se trata de algún sueño que me interesa especialmente, hago que el mismo enfermo ponga por escrito su relato después de habérselo oído de palabra.

c) La anotación de datos durante las sesiones del tratamiento podía justificarse con el propósito de utilizar el caso para una publicación científica. Los protocolos detallados resultan fatigosos para el lector, sin que siquiera puedan darle en cambio la impresión de asistir al análisis.

d) Antes de terminar el tratamiento no es conveniente elaborar científicamente un caso y reconstruir su estructura e intentar determinar su trayectoria fijando de cuando en cuando su situación. Obtenemos los mejores resultados terapéuticos en aquellos otros en los que actuamos como si no persiguiéramos fin ninguno determinado, dejándonos sorprender por cada nueva orientación y actuando libremente, sin prejuicio alguno. La conducta más acertada para el psicoanálisis consistirá en pasar sin esfuerzo de una actitud psíquica a otra, no especular ni cavilar mientras analiza y espera a terminar el análisis para someter el material reunido a una labor mental de síntesis.

e) He de recomendar calurosamente a mis colegas que procuren tomar como modelo durante el tratamiento psicoanalítico la conducta del cirujano, que impone silencio a todos sus afectos e incluso a su compasión humana y concentra todas sus energías psíquicas en su único fin: practicar la operación conforme a todas las reglas del arte. La justificación de esta frialdad de sentimientos que ha de exigirse al médico está en que crea para ambas partes interesadas las condiciones más favorables, asegurando al médico la deseable protección de su propia vida afectiva y al enfermo el máximo auxilio que hoy nos es dado prestarle.

f) Del mismo modo que el analizado ha de comunicar todo aquello que la introspección le revela, absteniéndose de toda objeción lógica o afectiva que intente moverle a realizar una selección, el médico habrá de colocarse en situación de utilizar, para la interpretación y el descubrimiento de lo inconsciente oculto, todo lo que el paciente le suministra, sin sustituir con su propia censura la selección a la que el enfermo ha renunciado. O dicho en una fórmula: Debe orientar hacia lo inconsciente emisor del sujeto su propio inconsciente, como órgano receptor, el psiquismo inconsciente del médico está capacitado para reconstruir, con los productos de lo inconsciente que le son comunicados, este inconsciente mismo que ha determinado las ocurrencias del sujeto.
Pero si el médico ha de poder servirse así de su inconsciente como de un instrumento, en el análisis ha de llenar plenamente por sí mismo una condición psicológica. Para ello no basta que sea un individuo aproximadamente normal, debiendo más bien exigírsele que se haya sometido a una purificación psicoanalítica y haya adquirido conocimiento de aquellos complejos propios que pudieran perturbar su aprehensión del material suministrado por los analizados.
Obrando así, no sólo se conseguirá antes y con menor esfuerzo el conocimiento deseado de los elementos ocultos de la propia personalidad, sino que se obtendrán directamente y por propia experiencia aquellas pruebas que no puede aportar el estudio de los libros ni la asistencia a cursos y conferencias.
Estos análisis de individuos prácticamente sanos permanecen, como es natural, inacabados. Aquellos que sepan estimar el gran valor del conocimiento y el dominio de sí mismos en ellos obtenidos, continuarán luego, en un autoanálisis, la investigación de su propia personalidad y verán con satisfacción cómo siempre les es dado hallar, tanto en sí mismos como en los demás, algo nuevo. En cambio, quienes intenten dedicarse al análisis despreciando someterse antes a él, no sólo se verán castigados con la incapacidad de penetrar en los pacientes más allá de una cierta profundidad, sino que se expondrán a un grave peligro, que puede serlo también para otros. Se inclinarán fácilmente a proyectar sobre la ciencia como teoría general lo que una oscura autopercepción les descubre sobre las peculiaridades de su propia persona, y de este modo atraerán el descrédito sobre el método psicoanalítico e inducirán a error a los individuos poco experimentados.

g) Resulta muy atractivo para el psicoanalista joven y entusiasta poner en juego mucha parte de su propia individualidad para arrastrar consigo al paciente e infundirle impulso para sobrepasar los límites de su reducida personalidad. Pero con esta técnica abandonamos el terreno psicoanalítico y nos aproximamos al tratamiento por sugestión; incapacita al sujeto para vencer las resistencias más profundas y fracasa siempre en los casos de alguna gravedad, provocando en el enfermo una curiosidad insaciable que le inclina a invertir los términos de la situación y a encontrar el análisis del médico más interesante que el suyo propio. Esta actitud abierta del médico dificulta asimismo la solución de la transferencia. El médico debe permanecer impenetrable para el enfermo y no mostrar, como un espejo, más que aquello que le es mostrado.

h) En la solución de las inhibiciones de la evolución psíquica se le plantea espontáneamente la labor de señalar nuevos fines a las tendencias libertadas. Pero también en esta cuestión debe saber dominarse el médico y subordinar su actuación a las capacidades del analizado más que a sus propios deseos. No todos los neuróticos poseen una elevada facultad de sublimación. Si les imponemos una sublimación excesiva y los privamos de las satisfacciones más fáciles y próximas de sus instintos, les haremos la vida más difícil aún de lo que ya la sienten. Como médicos debemos ser tolerantes con las flaquezas del enfermo y satisfacernos con haber devuelto a un individuo una parte de su capacidad funcional y de goce. La ambición pedagógica es tan inadecuada como la terapéutica. Muchas personas han enfermado precisamente al intentar sublimar sus instintos más de lo que su organización podía permitírselo, mientras que aquellas otras capacitadas para la sublimación la llevan a cabo espontáneamente en cuanto el análisis deshace sus inhibiciones.

i) ¿En qué medida debemos requerir la colaboración intelectual del analizado en el tratamiento? Es difícil fijar aquí normas generales. Habremos de atenernos ante todo a la personalidad del paciente, pero sin dejar de observar jamás la mayor prudencia. Para llegar a la solución de los enigmas de la neurosis no sirve de nada la reflexión ni el esfuerzo de la atención o la voluntad y sí únicamente la paciente observancia de las reglas psicoanalíticas que le prohíben ejercer crítica alguna sobre lo inconsciente y sus productos. La obediencia a esta regla debe exigirse más inflexiblemente a aquellos enfermos que toman la costumbre de escapar a las regiones intelectuales durante el tratamiento y reflexionan luego mucho, y a veces muy sabiamente, sobre su estado, ahorrándose así todo esfuerzo por dominarlo. Por esta razón prefiero también que los pacientes no lean durante el tratamiento ninguna obra psicoanalítica; les pido que aprendan en su propia persona. Pero puede ser conveniente servirse de la lectura para la preparación del analizado y la creación de una atmósfera propicia.

En cambio, no deberá intentarse jamás conquistar la aprobación y el apoyo de los padres o familiares del enfermo dándoles a leer una obra más o menos profunda de nuestra bibliografía. Ello hace surgir prematuramente la hostilidad de los parientes contra el tratamiento psicoanalítico de los suyos.

Resumen de Freud (1915) 14° Conferencia: El cumplimiento del deseo



Al modo de expresión (lenguaje figural, referencia simbólica) del trabajo onírico, lo llamamos arcaico o regresivo. La prehistoria a que el trabajo del sueño nos reconduce es doble: la infancia: que es la prehistoria individual y la filogenético: en la medida que cada individuo repite abreviadamente en su infancia, el desarrollo de la especie humana.
El cumplimiento del deseo no puede ser evidente en los sueños desfigurados, hay que buscarlo primero, por eso solo puede ubicarse con la interpretación del sueño.
Factores por los cuales no logran cumplirse plenamente el cumplimiento del deseo:
1) Sueños penosos: una parte del afecto penoso de los pensamientos oníricos queda pendiente y aflora en el sueño manifiesto. El análisis demuestra que esos pensamientos oníricos eran más penosos todavía que el sueño conformado a partir de ellos.
El trabajo del sueño no ha logrado su fin, tal como en el sueño de beber, provocado por un estímulo de sed, no logra el propósito de extinguirla, uno sigue sediento y se ve forzado a despertarse para beber. No obstante es un sueño cabal, porque no resigna nada de su esencia. En el trabajo del sueño es mucho más difícil alterar el sentido de los afectos que el de los contenidos.
(El cumplimiento del deseo debería ser satisfactorio para el soñante, pero el deseo que es placer para el inconciente es displacer para el preconciente. En la neurosis contenido y placer están separados).
2) Sueños de angustia: es el cumplimiento franco de un deseo reprimido. Tienen un contenido despojado de toda desfiguración, ya que la angustia desarrollada ha ocupado el lugar de la censura. La angustia es el indicio de que el deseo reprimido ha resultado más fuerte que la censura.
Es por lo común un sueño de despertar, solemos interrumpir el dormir antes de que el deseo reprimido haya impuesto, contra la censura, su cumplimiento pleno.
También el guardián nocturno, despierta al durmiente, cuando se siente demasiado débil para ahuyentar la perturbación o el peligro. Sueño infantil: es el cumplimiento franco de un deseo permitido (casi no tiene deformación).
3) El soñante que se revuelve contra sus deseos es equiparable a la sumación de dos personas separadas, pero conectadas estrechamente de algún modo, es concebible de que por vía de un cumplimiento de deseo pueda producirse algo muy displacentero: una punición Como el cuento de los tres deseos (las salchichas), la mujer desea las salchichas en el plato, el hombre desea las salchichas en la nariz de ella…) Los opuestos se sitúan próximos entre si en la asociación y coinciden en el inconciente.

Sueño del Teatro (a través del análisis se llega a la sexualidad infantil)

Una dama a quien su marido comunica que Elisa, una amiga de ella, tres meses más joven, se ha comprometido, sueña que está sentada en el teatro con su marido. Un sector de la platea está casi vacío. Su marido le dice que Elisa y su prometido también habrían querido ir al teatro, pero no pudieron pues sólo les daban malas localidades, tres por un florín y 50. Ella piensa que tampoco habría sido una desgracia.
Los pensamientos oníricos se referían al fastidio por haberse casado tan temprano y a la insatisfacción con su marido. .Estos tristes pensamientos se refundieron en un cumplimiento del deseo así como el lugar en que se encuentra su huella dentro del contenido manifiesto. Ahora sabemos que el elemento “demasiado temprano, apresuradamente” fue eliminado por la censura, “la platea vacía” es una alusión a eso. “Tres por un florín y 50”, es comprensible con ayuda del simbolismo: comprarse un marido a cambio de la dote. ..”Uno diez veces mejor habría comprado a cambio de mi dote”. El casarse está sustituido por ir al teatro. El “procurarse demasiado temprano entradas para ir al teatro” esta en reemplazo con el haberse casado tan temprano. Esta sustitución es la obra del cumplimiento de deseo.
Ella nunca estuvo tan insatisfecha con su temprano matrimonio como el día que recibió la noticia de los esponsales de su amiga. En su tiempo estaba orgullosa de él y se sentía aventajada frente a su amiga. Muchachas ingenuas suelen sentir luego de casarse que les esta permitido ver todo. Esa pizca de placer de ver, remonta a la infancia, es un placer de ver sexual a los padres y pasó a ser después el motivo que empujó a las muchachas al matrimonio temprano.
La interpretación del sueño prescinde de todo cuanto sirve a la desfiguración del cumplimiento de deseo y recobrar los pensamientos oníricos latentes. Pensamientos oníricos latentes: son pensamientos profundos y pasados inconscientes y remontan a la infancia).
Restos diurnos: (son pensamientos que vienen de días previos, recientes e indiferentes). Son solo partes de los pensamientos latentes. A éstos se les suma algo que también pertenecía al inconciente: una moción de deseo intensa pero reprimida y esta sola es la que ha posibilitado la formación del sueño.
Relación: En toda empresa se necesita un capitalista que sufrague los gastos y un empresario que tenga la idea para llevarla a cabo. En la formación del sueño se necesita el papel del capitalista que solo lo desempeña el inconciente que presta y la energía psíquica para la formación del sueño, y el empresario es el resto diurno que decide acerca de ese gasto (preconciente). 

lunes, 22 de julio de 2013

Resumen de S. Freud La dinámica de la transferencia (1912).



La acción conjunta de la disposición congénita y las influencias experimentadas durante los años infantiles determina, en cada individuo, la modalidad especial de su vida erótica, fijando los fines de la misma, las condiciones que el sujeto habrá de exigir en ella y los instintos que en ella habrá de satisfacer.
Resulta, así, un clisé (o una serie de ellos), repetido, o reproducido luego regularmente, a través de toda la vida, en cuanto lo permiten las circunstancias exteriores y la naturaleza de los objetos eróticos asequibles, pero susceptible también de alguna modificación bajo la acción de las impresiones recientes.
Ahora bien: sólo una parte de estas tendencias que determinan la vida erótica han realizado una evolución psíquica completa. Esta parte, se halla a disposición de la personalidad consciente. En cambio, otra parte ha quedado detenida en su desarrollo y sólo ha podido desplegarse en la fantasía o ha permanecido confinada en lo inconsciente. El individuo cuyas necesidades eróticas no son satisfechas por la realidad, orientará representaciones libidinosas hacia toda nueva persona que surja en su horizonte, siendo muy probable que las dos porciones de su libido, la capaz de conciencia y la inconsciente, participen en este proceso.
Es, por tanto, perfectamente normal y comprensible que la carga de libido que el individuo parcialmente insatisfecho mantiene esperanzadamente pronta se oriente también hacia la persona del médico. Esta carga se atendrá a ciertos modelos, se enlazará a uno de los clisés dados en el sujeto de que se trate.
Conforme a la naturaleza de las relaciones del paciente con el médico, el modelo de esta inclusión habría de ser el correspondiente a la imagen del padre, la madre o del hermano, etc. Aquellas peculiaridades cuya naturaleza e intensidad no pueden ya justificarse racionalmente, dan la pauta de que dicha transferencia no ha sido establecida únicamente por las representaciones libidinosas conscientes, sino también por las inconscientes.
Dos planteos: En primer lugar, no comprendemos por qué la transferencia de los sujetos neuróticos sometidos al análisis se muestra mucho más intensa que la de otras personas no analizadas, y en segundo, nos resulta enigmático por que al análisis se nos opone la transferencia como la resistencia más fuerte contra el tratamiento, mientras que fuera del análisis hemos de reconocerla como substrato del efecto terapéutico y condición del éxito. Podemos comprobar, cuantas veces queramos, que cuando cesan las asociaciones libres de un paciente, siempre puede vencerse tal agotamiento asegurándole que se halla bajo el dominio de una ocurrencia referente a la persona del médico. En cuanto damos esta explicación cesa el agotamiento o queda transformada la falta de asociaciones en una silenciación consciente de las mismas.
A primera vista parece un grave inconveniente del psicoanálisis el hecho de que la transferencia, se transforme en ella en el arma más fuerte de la resistencia. Pero no es cierto que la transferencia surja más intensa y desentrenada en el psicoanálisis que fuera de él, no debemos atribuir al psicoanálisis, sino a la neurosis misma, estos caracteres de la transferencia. En cambio, el segundo problema permanece aún en pie.
Allí donde la investigación analítica tropieza con la libido, encastillada en sus escondites, tiene que surgir un combate. Todas las fuerzas que han motivado la regresión de la libido se alzarán, en calidad de resistencias, contra la labor analítica, para conservar la nueva situación, pues si la introversión o regresión de la libido no hubiese estado justificada por una determinada relación con el mundo exterior (generalmente por la ausencia de satisfacción), no hubiese podido tener efecto. Pero las resistencias que aquí tienen su origen no son las únicas. La libido puesta a disposición de la personalidad se hallaba siempre bajo los elementos inconscientes de ciertos complejos y emprendió la regresión al debilitarse la atracción de la realidad. Para libertarla tiene que ser vencida esta atracción de lo inconsciente, lo cual equivale a levantar la represión de los instintos inconscientes y de sus productos. De aquí es de donde nace la parte más importante de la resistencia, que mantiene tantas veces la enfermedad, aun cuando el apartamiento de la realidad haya perdido ya su razón de ser. El análisis tiene que luchar con las resistencias emanadas de estas dos fuentes. Cada una de las ocurrencias del sujeto y cada uno de sus actos tiene que contar con la resistencia y se presenta como una transacción entre las fuerzas favorables a la curación y las opuestas a ella.
Si perseguimos un complejo patógeno desde su representación en lo consciente (síntoma) hasta sus raíces en lo inconsciente, no tardamos en llegar a una región en la cual se impone la resistencia, que las ocurrencias inmediatas han de contar con ella y presentarse como una transacción entre sus exigencias y las de la labor investigadora. Cuando en la materia del complejo hay algo que se presta a ser transferido a la persona del médico, se establece en el acto esta transferencia, produciendo la asociación inmediata y anunciándose con los signos de una resistencia; por ejemplo, con una detención de las asociaciones. Si dicha idea ha llegado hasta la conciencia con preferencia a todas las demás posibles, es porque satisface también a la resistencia. Este proceso se repite innumerables veces en el curso de un análisis. Siempre que nos aproximamos a un complejo patógeno, es impulsado, en primer lugar, hacia la conciencia y tenazmente defendido aquel elemento del complejo que resulta adecuado para la transferencia.
Una vez vencido éste, los demás elementos del complejo no crean grandes dificultades. Cuando más se prolonga una cura analítica y más claramente va viendo el enfermo que las deformaciones del material patógeno no constituyen por sí solas una protección contra el descubrimiento del mismo, más consecuentemente se servirá de la deformación por medio de la transferencia.
De este modo, la intensidad y la duración de la transferencia son efecto y manifestación de la resistencia. El mecanismo de la transferencia queda explicado con su referencia a la disposición de la libido, que ha permanecido fijada a imágenes infantiles. Pero la explicación de su actuación en la cura no la conseguimos hasta examinar sus relaciones con la resistencia.
Tenemos que decidirnos a distinguir una transferencia «positiva» y una «negativa», una transferencia de sentimientos cariñosos y otra de sentimientos hostiles. La transferencia positiva se descompone a su vez, en la de aquellos sentimientos amistosos o tiernos que son capaces de conciencia y en la de sus prolongaciones en lo inconsciente. Estas últimas proceden de fuentes eróticas, y así todos los sentimientos de simpatía, amistad, confianza, etc., se hallan genéticamente enlazados con la sexualidad, habiendo surgido de ellos por debilitación del fin sexual.
La transferencia sobre el médico sólo resulta apropiada para constituirse en resistencia en la cura, en cuanto es transferencia negativa o positiva de impulsos eróticos reprimidos. Cuando suprimimos la transferencia, orientando la conciencia sobre ella, nos desligamos de la persona del médico más que estos dos componentes del sentimiento. El otro componente, capaz de conciencia y aceptable, subsiste y constituye también, uno de los substratos del éxito.
La explosión de la transferencia negativa es incluso muy frecuente en los sanatorios, y el enfermo abandona el establecimiento, sin haber conseguido alivio alguno o habiendo empeorado, en cuanto surge en él esta transferencia negativa. La transferencia erótica no llega a presenciar tan grave inconveniente en los sanatorios, pues en lugar de ser descubierta y revelada es silenciada y disminuida; pero se manifiesta claramente como una resistencia a la curación, no ya impulsando al enfermo a abandonar el establecimiento, sino manteniéndole apartado de la vida real.
La transferencia negativa merecería una atención más detenida de la que podemos concederle dentro de los límites del presente trabajo. En las formas curables de psiconeurosis coexiste con la transferencia cariñosa, apareciendo ambas dirigidas simultáneamente, en muchos casos, sobre la misma persona. Tal ambivalencia sentimental parece ser normal hasta cierto grado, pero a partir de él constituye una característica especial de las personas neuróticas. Allí donde la facultad de transferencia se ha hecho esencialmente negativa, como en los paranoides, cesa toda posibilidad de influjo y de curación.
Quienes han apreciado exactamente cómo el analizado es apartado violentamente de sus relaciones reales con el médico en cuanto cae bajo el dominio de una intensa resistencia por transferencia, sentirán la necesidad de explicárselo por la acción de otros factores.

En la persecución de la libido sustraída a la conciencia hemos penetrado en los dominios de lo inconsciente. Las reacciones que provocamos entonces muestran que los impulsos inconscientes no quieren ser recordados, como la cura lo desea, sino que tienden a reproducir conforme a las condiciones características de lo inconsciente. El enfermo atribuye, del mismo modo que en el sueño, a los resultados del estímulo de sus impulsos inconscientes, actualidad y realidad; quiere dar alimento a sus pasiones sin tener en cuenta la situación real. El médico quiere obligarle a incluir tales impulsos afectivos en la marcha del tratamiento, subordinados a la observación reflexiva y estimarlos según su valor psíquico. Esta lucha entre el médico y el paciente, entre el intelecto y el instinto, entre el conocimiento y la acción, se desarrolla casi por entero en el terreno de los fenómenos de la transferencia. En este terreno ha de ser conseguida la victoria, cuya manifestación será la curación de la neurosis. Es innegable que el vencimiento de los fenómenos de la transferencia ofrece al psicoanalista máxima dificultad; pero no debe olvidarse que precisamente estos fenómenos nos prestan el inestimable servicio de hacer actuales y manifiestos los impulsos eróticos ocultos y olvidados de los enfermos, pues, en fin de cuentas nadie puede ser vencido en ausencia o en efigie.

jueves, 18 de julio de 2013

Resumen de S. Freud Tótem y tabú - Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos (1912-1913)



El horror al incesto

La vida de los salvajes es un estadio previo de nuestro propio desarrollo cultural. Si esto es cierto, encontraremos notables concordancias entre la psicología del salvaje y la psicología del neurótico, y podremos comprender ambas bajo una nueva luz.

Freud toma el ejemplo de los actuales salvajes de Australia. Ellos se rigen por el totemismo: cada clan tiene su tótem, un antepasado benefactor y protector que une a los miembros más que los mismos lazos de sangre. En cada tótem está siempre la norma de la exogamia, no estando permitido el vínculo sexual entre miembros del mismo clan totémico. Totemismo y exogamia aparecen muy unidos. Si alguien viola la norma, toda la tribu lo castiga enérgicamente como si estuviese defendiéndose de una seria amenaza, aunque la violación implique un amorío pasajero que engendra hijos. Si el tótem se hereda de la madre, entonces los hijos no podrán tener comercio sexual ni con su madre ni sus hermanas, ya que son del mismo tótem. Todos los descendientes del mismo tótem son considerados parientes consanguíneos (de la misma sangre), aún cuando sean de distintas familias. Tienen horror al incesto.

Así, la estirpe totémica reemplaza a la familia realmente consanguínea, tanto que un hijo llama 'padre' no sólo a quien lo engendró, sino a cualquier otro hombre que pudiera haberse casado con su madre. Tal parece ser la herencia del viejo sistema del matrimonio grupal, donde un cierto número de hombres pueden fecundar otro cierto número de mujeres. La rigidez de la prohibición del incesto se podría entender como forma de prevenir el incesto grupal.

El clan o estirpe totémica junto a otros clanes forman una unidad mayor llamada sub-fratia, y dos de éstas últimas forman a su vez una fratria. Fratrias y sub-fratrias son exógamas entre sí. Pero sin embargo alguien de un clan totémico de la fratria 1 sólo puede tener comercio sexual con alguien de un clan totémico de la fratria 2 y no con una sub-fratria de su misma fratria, lo cual limita mucho la exogamia. Se impuso tal organización quizá porque la prohibición totémica original del incesto empezaba a relajarse. De todo esto importa destacar el horror que tienen los australianos al incesto, quizás porque en ellos la tentación es mayor.

Además de la prohibición totémica, el incesto también se combate con 'evitaciones', o sea una serie de normas para no cometer incesto y encontrables también en otras tribus no australianas. Tales mandamientos suelen ser también muy estrictos, debido a las tentaciones derivadas de las vicisitudes matrimoniales, que pueden llevar incluso a cometer incesto con la suegra. Si bien ésta puede ser exogámica, la norma de la evitación combate las fantasías de incesto, que son inconcientes.

El psicoanálisis nos permite entender el horror al incesto como un rasgo infantil, que concuerda llamativamente con la vida anímica del neurótico, ya que éste inhibió su desarrollo regresando a la etapa infantil en una fijación incestuosa, que la persona normal reprimió.

 El tabú y la ambivalencia de las mociones de sentimiento

Tabú significa algo sagrado, pero sobretodo algo prohibido, y no por algún dios, sino que es la norma misma quien prohíbe. Tabú significa también algo que protege, a jefes, niños, mujeres, etc. Si investigamos desde la psicología estos tabúes, también podremos comprender los nuestros propios.

Wundt habla del tabú de los animales (prohibición de matarlos y comerlos), y que es el núcleo del totemismo. También pueden ser tabúes seres humanos (niños, mujeres, etc) y otros objetos como plantas, casas, etc. Wundt cree que el tabú obedece al miedo a un poder demoníaco supuestamente escondido en el tabú. Su contagio se evita mediante ceremonias expiatorias.

Con el tiempo el tabú pasó poco a poco a prohibir por sí solo, pasando lo demoníaco a un segundo plano. Sin embargo Wundt no llega a las raíces últimas del tabú, que son raíces psicológicas y no demoníacas.

El psicoanálisis nos muestra el tabú en los enfermos obsesivos, llenos de tabúes a los que obedecen tanto como los salvajes. Hay concordancias entre las prohibiciones obsesivas neuróticas y los tabúes, como por ejemplo que son igualmente inmotivadas y de enigmático origen, y además impuestas desde dentro del sujeto. Además, no sólo prohíben cierta acción sino también el mismo pensar en hacerla. Los enfermos obsesivos se portan como si las personas tabúes fueran portadoras de una enfermedad contagiosa, y mediante ceremoniales buscan anular la nefasta influencia de lo prohibido. En suma, las concordancias son 4: carácter inmotivado, convencimiento interno, desplazabilidad (contagio) y acciones ceremoniales.

Freud da el ejemplo de la persona que reprimió su placer al contacto, creándose así un conflicto (deseo tocar pero está prohibido hacerlo, es tabú). Las prohibiciones tabú son ambivalentes: en lo inconciente les gustaría violarlas, pero al mismo tiempo temen hacerlo. Las más antiguas e importantes prohibiciones-tabú son las dos leyes fundamentales del totemismo: no matar al animal totémico, y evitar el comercio sexual con los miembros del sexo opuesto del mismo clan totémico. Consiguientemente, estas debieron ser las apetencias más fuertes del hombre, ya que el fundamento del tabú es un obrar prohibido para el cual hay una intensa inclinación inconciente.

El hombre que violó un tabú se vuelve él mísmo tabú porque da el mal ejemplo a los demás, los cuales deben entonces evitarlo. También se vuelve tabú el ser humano que tienta a violar lo prohibido, como por ejemplo una mujer, o también el hombre que despierta envidia. Esta transferibilidad del tabú refleja la inclinación de la pulsión inconciente, ya indicada para la neurosis, a desplazarse siempre sobre nuevos objetos siguiendo diferentes caminos asociativos.

Hasta aquí resumimos: el tabú es una prohibición antiquísima impuesta desde afuera por alguna autoridad, y dirigida hacia las más intensas apetencias del hombre. El placer de violar el tabú subsiste en este inconcientemente, y quienes obedecen el tabú tienen una actitud ambivalente hacia aquello sobre lo cual el tabú recae: objeto, persona, etc. ya que despierta tentación y también temor. La violación del tabú se expía mediante una renuncia.

Si entre los primitivos encontráramos la ambivalencia que vemos en los neuróticos entre un deseo y su contrario, quedaría prácticamente certificada o asegurada la concordancia psicológica entre el tabú y la neurosis obsesiva.

Para investigar si existe tal ambivalencia de sentimientos, Freud estudia en detalle los tabúes de los pueblos salvajes en relación con: a) el trato dispensado a los enemigos; b) el tabú de los gobernantes; y c) el tabú de los muertos.

Es raro observar una crueldad sin inhibiciones en el trato a los enemigos. El conquistador suele seguir una serie de preceptos subordinados a un tabú, y que pueden agruparse en cuatro: apaciguar al enemigo asesinado, restricciones para el matador, acciones expiatorias o purificaciones para el matador, y ciertas medidas ceremoniales. Corrientemente tales preceptos se explican desde dos principios: la prolongación del tabú hacia todo lo que tuvo contacto con él, y el miedo al espíritu del asesinado. Freud prefiere explicarlo por la existencia de una ambivalencia de las mociones de sentimiento hacia el enemigo.

La conducta de los pueblos primitivos hacia sus gobernantes (jefes, reyes, sacerdotes) está regida por dos principios: el pueblo debe cuidar a los gobernantes, y por otro lado debe cuidarse de ellos. Ambas cosas se logran mediante muchos preceptos-tabú, como por ejemplo evitar el contacto inmediato y directo con ellos (para cuidarse de estos). Todas estas actitudes también se entienden a partir de la existencia de una ambivalencia, ya que al gobernante por un lado se lo venera, pero por el otro, inconcientemente, se siente una intensa hostilidad hacia él. La desconfianza hacia el gobernante ('hay que cuidarlo') expresa esta hostilidad, y el hecho de tener que cuidarlos (no vigilarlos), expresa el sentimiento opuesto de veneración. Lo mismo encontramos en el delirio de persecusión, donde la figura perseguidora paterna es al mismo tiempo ensalzada o estimada, y criticada u odiada. Cabe entonces pensar que también el vínculo del salvaje con su gobernante proviene de la actitud infantil del niño hacia su padre.

En el caso del tabú a los muertos, todo aquel que haya tenido algún contacto con ellos es impuro, y se vuelve a su vez tabú. Incluso hasta quien pronuncia el nombre del muerto. Esto mismo ocurre con los neuróticos obsesivos, que temen pronunciar ciertos nombres, o escucharlos. El tabú de los muertos encierra también una ambivalencia hacia estos, pues hacia el muerto se siente ternura y hostilidad. El duelo se cumple porque queríamos al muerto, pero nuestra hostilidad hacia él la proyectamos fuera de nosotros sobre la figura del muerto y él es ahora el peligroso. Esta proyección de la hostilidad es inconciente y existía aún desde antes del fallecimiento, Sólo con su muerte se actualiza este conflicto amor-odio hacia el fallecido. En general, la proyección sirve para resolver un conflicto de sentimientos ambivalentes, es decir como defensa, pero también puede usarse cuando no hay conflicto alguno, como cuando mediante la proyección organizamos el mundo exterior en base a nuestro mundo interior.

En los salvajes primitivos la ambivalencia es más intensa que en el hombre de nuestra cultura actual. Es decir la ambivalencia fue disminuyendo, lo que explica porqué poco a poco fue desapareciendo el tabú, entendido éste como síntoma de compromiso del conflicto de ambivalencia. Los neuróticos recibieron la herencia de los salvajes, por cuanto en ellos el conflicto de ambivalencia está también muy agudizado.

El tabú explica la conciencia moral: es su antecedente histórico, pues hay culpa cuando el tabú es violado. En el neurótico encontramos también el conflicto moral, donde uno de los opuestos es reprimido y el otro gobierna despóticamente en la conciencia. Se trata, nuevamente, del conflicto de ambivalencia de sentimientos, habiendo entonces una identidad esencial entre la prohibición del tabú y la prohibición moral.

Hay no obstante diferencias entre los salvajes y los neuróticos obsesivos. Si el salvaje viola el tabú el castigo lo recibirán todos, pero si el neurótico lo viola, otro será quien sufrirá el castigo (generalmente un ser allegado) y no él mísmo. El neurótico es un 'altruísta', pues no quiere hacer algo prohibido ya que sufrirá otra persona. En realidad no hace otra cosa que desplazar su angustia de la muerte propia sobre un otro.

Otra diferencia es que en la neurosis la prohibición recae sobre pulsiones sexuales, mientras que en los salvajes recae sobre una pulsión social: el contacto prohibido no tiene sólo un significado sexual sino también el de agarrar, apoderarse, hacer valer su persona sobre los otros, dominar. La esencia a-social de la neurosis radica en que el sujeto se refugia en una realidad fantaseada para huír de una realidad insatisfactoria.

 Animismo, magia y omnipotencia de los pensamientos

Para el animismo, el universo está poblado de seres espirituales y demonios que animan y generan animales, plantas y cosas inertes. Los primitivos creen además que los hombres poseen almas que moran en ellos mismos, y que en cierta forma son independientes de sus cuerpos. El sistema animista gira en torno a estos seres autónomos: es una forma de explicar el universo, reemplazada luego por los sistemas religiosos y más tarde por las teorías científicas.

Pero además de ser una forma de explicar el universo, es también una forma de dominarlo, mediante las técnicas del ensalmo (brujería) y la magia. Son técnicas que movilizan a los espíritus para que estos cumplan la voluntad del hombre: proteger, dañar, etc. Entre estos procedimientos está el daño hecho a un muñeco que representa al enemigo (similitud), o también actuar sobre algo perteneciente al enemigo como un cabello, o comer su carne, etc (contigüidad). Tanto la similitud como la contigüidad implican contacto. Son relaciones entre cosas, pero en el animismo las relaciones existentes entre las representaciones (palabras o pensamientos) se presuponen también entre las cosas, de forma tal que lo que hagamos con nuestras representaciones se supone que ocurrirá también con las cosas. Esto se llama 'omnipotencia de los pensamientos', como el neurótico que cree que al pensar en la muerte de alguien, esta muerte ocurrirá realmente. Los enfermos obsesivos son así supersticiosos, aún cuando reconozcan ellos mismos lo absurdo de su actitud.

La omnipotencia de los pensamientos se aprecia en el animismo, donde el hombre mísmo se atribuye omnipotencia. Si bien en las cosmovisiones religiosas el poder es atribuído a los dioses, el hombre se reserva la posibilidad de influír de alguna forma sobre ellos. En cambio en las cosmovisiones científicas el hombre acepta su pequeñez, pero confía en que dominando las leyes naturales podrá ser omnipotente. En todos aflora , y especialmente en los neuróticos, este narcisismo intelectual u omnipotencia de los pensamientos. Originalmente esto viene de la magia, donde el hombre mismo es omnipotente; después pasó al animismo (omnipotencia de los espíritus), y luego a la religión (omnipotencia de los dioses). En tales casos Freud explica esta proyección de la omnipotencia en otro ser, para que en el hombre no coexistan dos tendencias conflictivas que luchan por ser omnipotentes, pues evidentemente ambas no pueden serlo. La proyección permite aliviar este conflicto.

En realidad lo proyectado no está afuera sino que está reprimido, latente, o sea es inconciente. A este material latente accedemos interpretándolo, por ejemplo a través de los sueños, las fobias, las obsesiones y los delirios. Psicoanalíticamente, aquellos motivos escondidos existen también entre los salvajes en su animismo y su magia, pero en ellos, a diferencia del caso neurótico cuyo síntoma es improductivo, sus invocaciones mágicas tienen un sentido racional: por ejemplo el precepto-tabú de que los guerreros al pelear deben olvidarse de sus esposas, es para que puedan luchar despejados sin la añoranza de los ausentes.

 El retorno del totemismo en la infancia

El totemismo es tanto un sistema religioso como social. Religioso porque apunta al vínculo de mutuo respeto y protección entre un hombre y su tótem, y social porque regula las relaciones entre los hombres. Dos son las prohibiciones importantes en el totemismo: matar (o comer) al tótem, y comerciar sexualmente con los mismos miembros del clan totémico.

Tres tipos de teorías intentaron explicar el origen del totemismo: las nominalistas, las sociológicas y las psicológicas. Según las primeras, los antepasados dieron nombres de animales a sus jefes porque tenían algunas cualidades de ellos. Con el tiempo, sus descendientes terminaron creyendo que su antepasado, el tótem, fue un animal.

Según la teoría sociológica (Spencer y Guillen), el tótem representa a la sociedad en su conjunto, corporiza a la comunidad que es el genuino objeto de veneración. La sociedad es venerable porque permite unirse armónicamente a los hombres y cooperar entre sí para poder subsistir.

En cuanto a las teorías psicológicas, hay varias, como las de Wilken, Boas, Wundt y Frazer. Este último, en un primer momento sostuvo como teoría que el tótem es sentido como un refugio seguro del alma del primitivo para protegerla de los peligros. Después adhirió a la teoría sociológica antes indicada, y por último, Frazer buscó identificar la fuente última del totemismo en la ignorancia de los salvajes acerca del proceso de la reproducción sexual, especialmente respecto del papel del macho. El totemismo resulta ser así una creación de la mujer, quien cree que algo (el tótem) la fecunda y le da hijos. Freud critica esto, diciendo que los salvajes no son tan ignorantes como para creer en una concepción sexual mágica.

Respecto de las relaciones entre totemismo y exogamia, hay quienes dicen que ambas instituciones están juntas por azar y que en realidad son independientes, mientras otros sostienen que la exogamia es una consecuencia lógica del totemismo. Freud no estará de acuerdo con ninguna de las teorías expuestas para explicar el origen de la exogamia (es decir, el origen del horror al incesto).

Freud intentará una teoría de tipo histórico-conjetural, es decir que supondrá que hace mucho tiempo se produjo un cierto acontecimiento primordial, a partir del cual puede luego deducirse el horror al incesto.

Tal acontecimiento se relaciona con una hipótesis darwiniana según la cual los monos superiores vivieron en hordas, dirigidos por un jefe que acaparaba las mujeres y que por celos impedía la promiscuidad sexual dentro de su horda. De esta exigencia exogámica vino después el tótem imponiendo su prohibición del incesto. Otra teoría sostiene lo contrario, al sostener que la exogamia es consecuencia (y no origen) de las leyes totémicas. No parece cosa simple unificar ambas concepciones.

Los niños se interesan más por los animales y se sienten más cerca de ellos que de los adultos, pero sin embargo desarrollan zoofobias (terror a ciertos animales), y el análisis mostró que tales animales representaban al padre, en tanto temido oponente de sus intereses sexuales, en tanto fuente de amenazas de castración. Estos niños también se identifican con el animal temido, siendo ellos mismos quienes son peligrosos. Encontramos aquí hasta ahora dos rasgos comunes entre estas zoofobias infantiles y el totemismo: la plena identificación con el animal totémico, y la actitud ambivalente de sentimientos hacia él (porque tanto el padre como el tótem son a la vez temidos y amados). Freud aclara que estas zoofobias aparecen en los niños varones.

Los mismos miembros del tótem ven en éste a su antepasado y padre primordial. Este es el núcleo de la explicación psicoanalítica del totemismo. En efecto, las dos prohibiciones del tótem (no matar al animal totémico y no cometer incesto) son justamente los dos crímenes cometidos por Edipo (mató a su padre y tomó por mujer a su madre). Si estos dos deseos no son adecuadamente reprimidos, darán lugar a la neurosis. Se concluye hasta ahora: el sistema totemista resultó de las condiciones del complejo de Edipo.

W. Smith destaca como característica universal de toda cultura los sacrificios en el altar como medio para reconciliarse con la divinidad o simpatizar con ella. El sacrificio de animales es el más antiguo, donde estos eran el alimento tanto del dios como de sus adoradores, es decir que ambos eran comensales del mismo banquete. Se trata de un lazo de unión que debe repetirse siempre para hacerlo duradero: comer juntos une a la divinidad con sus adoradores, y a estos entre sí. Matar al animal para el sacrificio sólo se permite cuando todos lo hacen para ofrendarlo, estando prohibida la matanza individual. Vale decir, sólo era permitida cuando todos juntos asumían la responsabilidad. El animal sacrificado era considerado de la misma sangre ( y por tanto del mismo clan) que los adoradores y el dios divinidad.

El lazo que los une no es entonces simplemente el banquete, sino el hecho que tanto los adoradores como el dios comían el mismo animal, con lo cual la vida de este pasaba a morar en la sangre y la carne de todos ellos. La religión totemista se funda así en la matanza y devoración periódica del tótem. Consumada la muerte, el animal es llorado y lamentado compulsivamente por temor a una represalia, pero inmediatamente después viene un festejo jubiloso donde se liberan todas las pulsiones. El tótem, desde el psicoanálisis, es el padre, pues hacia él hay sentimientos ambivalentes: se lo odia (por eso es matado) y se lo ama (por eso es llorado).

Uniendo esto con la hipótesis darwiniana de la horda primordial, cabe pensar que esta horda es el origen de los sistemas totémicos. Ello se debe a un acontecimiento que conjeturalmente según Freud tuvo que haber ocurrido: los hermanos se unieron para darse fuerza y poder matar al jefe de la horda, severo y celoso. Luego comieron su cadáver para identificarse con él y que cada uno tuviese un poco de la fuerza del padre. El banquete totémico recuerda periódicamente este acontecimiento. Pero como los hermanos también amaban al padre vino luego el arrepentimiento, naciendo así el sentimiento de culpa en la humanidad, volviéndose el muerto más fuerte de lo que había sido en vida. Desde esta conciencia de culpa de los hijos varones nacieron las dos prohibiciones totémicas: no matar al animal totémico, y no tener vínculos incestuosos con mujeres del mismo clan (ya que era lo que el padre originalmente prohibía). Ambas cosas fundaron la eticidad del hombre,y mientras la primera solo tenía su razón de ser en un simple sentimiento, la segunda tuvo además un valor práctico: la prohibición del incesto impedía que los hermanos se peleen entre sí por las mujeres de su clan, lo cual implicaba el riesgo de que apareciera nuevamente un padre tirano y celoso entre ellos. En suma: el psicoanálisis nos lleva sostener un nexo íntimo y un origen simultáneo entre totemismo y exogamia.


Es esto también el origen de las religiones. La comunión cristiana es en el fondo una nueva eliminación del padre, una repetición del crimen que debía expiarse. El complejo de Edipo está así en el origen de todas las religiones e instituciones sociales, así como también en el origen de las neurosis. Los procesos psíquicos en las masas son entonces asimilables a los procesos psíquicos individuales. La conciencia de culpa generada por el parricidio primordial no se ha extinguido aún en nosotros. La hallamos en los neuróticos, quienes actúan en función de una cierta realidad psíquica (expiar una culpa) y no de una realidad objetiva. Para el neurótico, como para los primitivos, meros deseos e impulsos tienen el valor de hechos. No obstante hay diferencia entre unos y otros: el neurótico sustituye las acciones por pensamientos, y el primitivo convierte los pensamientos en acciones.

martes, 16 de julio de 2013

Casida de la tentadora


 
Todos te desean pero ninguno te ama.
Nadie puede quererte, serpiente,
porque no tienes amor,
porque estás seca como la paja seca
y no das fruto.
Tienes el alma como la piel de los viejos.
Resígnate. No puedes hacer más
sino encender las manos de los hombres
y seducirlos con las promesas de tu cuerpo.
Alégrate. En esa profesión del deseo
nadie como tú para simular inocencia
y para hechizar con tus ojos inmensos.


“Jaime Sabines”



La mujer Lacaniana


En lugar del enigma femenino Lacan nos habla de la falta de un significante. No hay significante para nombrar a la mujer como conjunto La tachada. Hay algo en el ser femenino que excede la palabra. Y es por esa falta de significante que la mujer da tanto que hablar. Se intenta atrapar con más y más palabras que siempre fracasan en decir que es ese ser de la mujer.
Lacan intenta definir lo específicamente femenino, no a partir de la falta de pene sino a partir de un goce suplementario. El único goce común a ambos sexos es el goce fálico, pero lo que hace a la mujer extraña, esencialmente Otra es ese goce suplementario. Goce que la hace “no toda” capturada en ese goce fálico.

 “La mujer no toda es” dice Lacan.

La mujer se relaciona por un lado con el falo y por el otro con el significante de la falta en el Otro, significante que se relaciona con el amor y el deseo, y por ende con el Otro que habla palabras de amor, pero también con el Otro que no existe, con la soledad, con la ausencia.

¿Donde ubicar ese goce suplementario al que la mujer tiene más fácil acceso que el hombre? No es necesario buscarlo sólo en experiencias místicas. Lacan lo ubico en el encuentro sexual mismo.

“En el abrazo con el hombre ella no está toda gozando del falo.”