viernes, 25 de febrero de 2022

Jacques Lacan


Jacques Marie Emile Lacan es uno de los psicoanalistas más influyentes después de Freud; nace el 13 de Abril de 1901 en París, en el seno de una familia católica. Recibió educación jesuita, estudia medicina, especializándose en psiquiatría. Blasco (1994) señala que en 1932 defiende su tesis, De la psicosis paranoide en su relación con la personalidad, que marca su entrada en el campo analítico. Asociado a la Sociedad Psicoanalítica de París, la única en ese momento existente en Francia, interviene activamente en su funcionamiento desde su fundación. En 1951 empieza un seminario sobre el caso Dora que se dicta en su casa y al cual asisten unos veinticinco analistas en formación. El 16 de Junio de 1953 un grupo de analistas (entre los que esta Lacan) abandonan la Sociedad Psicoanalítica de París para crear la Sociedad Francesa de Psicoanálisis, debido a divergencias de política interna con el grupo mayoritario de la Sociedad. Ese mismo año Lacan dirige el seminario de estudios freudianos, dedicado en 1953-54 a los escritos técnicos de Freud, que continuara anualmente durante casi toda su vida. La nueva sociedad se enfrenta a un reconocimiento que no acaba de llegar por parte de la Asociación Psicoanalítica Internacional: la única sociedad reconocida por la Internacional era la Sociedad de París. Alrededor de 1963 la Internacional plantea sus condiciones para la admisión de la nueva sociedad: Lacan debe ser inhabilitado como docente y didacta. Lacan funda en 1964 la Escuela Freudiana de París. Esta vez Lacan, que ya no busca el reconocimiento de la Internacional, es amo de su propia escuela, que movilizo a la intelectualidad francesa desde su fundación hasta su disolución por Lacan a mediados de 1980. Lacan abre su seminario al público, dirige la Escuela que ha creado, interviene en la Universidad creando un departamento de Psicoanálisis, publica, interviene en congresos, etc. En el momento de su disolución, la escuela contaba con más de mil miembros.

Poco antes de morir, Lacan funda sobre los restos de su anterior escuela la Escuela de la Causa Freudiana, que dejara en manos de su yerno y albacea literario, Jacques-Alain Miller. Lacan muere en París el 9 de Septiembre de 1981.



 

jueves, 24 de febrero de 2022

Sobre los mecanismos psíquicos de los fenómenos histéricos (1893)

 

 

Charcot (Histeria Traumática): Un trauma para devenir histérico tiene que ser grave, que conecte con una representación de un peligro mortal, pero no debe cesar la actividad psíquica. Debe tener una relación con una parte del cuerpo. En el ataque se repite la escena del accidente. La parálisis histérica también puede ser efecto de sugestión verbal por medio de hipnosis. Para que una escena produzca una parálisis el enfermo debe estar en un estado mental hipnoide, similar al de la sugestión traumática.

Para estudiar la histeria no traumática es necesario poner a los enfermos en estado hipnótico, y preguntar por el origen de los síntomas. Tras los fenómenos histéricos se esconde una vivencia teñida de afecto, que determina unívocamente el síntoma. Si se equipara esta vivencia teñida de afecto con la traumática, se arriba a la conclusión que existe una total analogía entre la parálisis traumática y la histeria no traumática.

Casos: Anna O. (contractura en el brazo), Emmy von N. (chasquido de la lengua). A menudo una ocasión sola no alcanza para fijar un síntoma, pero si se presenta varias veces con un cierto afecto, luego se fija y permanece. La determinación de un síntoma por el trauma psíquico consiste en una referencia simbólica de éste. Por ejemplo, en el caso Cäcilie, que sus dolores de cabeza se produjeron cuando su abuela la “penetró” con la mirada. Existe un propósito de expresar el estado psíquico por uno corporal, y la lengua ofrece los puentes.

Toda histérica es traumática en el sentido de trauma psíquico. Y se pueden estudiar los fenómenos histéricos siguiendo el mismo esquema de la histeria traumática.

Si se consigue llevar al enfermo hasta un recuerdo bien vívido, queda gobernado por un afecto y si se lo constriñe a expresarlo en palabras, a la vez que produce un afecto violento, vuelve a aparecerle muy acusado aquel fenómeno de los dolores y el síntoma desaparece (cuando cesa la causa, cesa el efecto). Permite vivenciar la escena por segunda vez, y completar la reacción, aligerándose del afecto de la representación que estaba estrangulado. Este es el método catártico.

El recuerdo ha conservado su pleno afecto. Si un ser humano experimenta una impresión psíquica, se acrecienta en su sistema nervioso una suma de excitación, por vía sensorial, y su empequeñecimiento se produce por vías motrices. La reacción adecuada es descargar cuanto le fue cargado, es decir la acción. Si la reacción está totalmente interceptada, el recuerdo conserva su afecto, y este padecer es una mortificación tolerado en silencio. Toda vez que el afecto no se pudo abreaccionar, él puede convertirse en trauma psíquico. Ya sea que la ofensa se tramite por representaciones contrastantes evocadas en su interior o no, el afecto adherido es susceptible al desgaste y sucumba al olvido con el paso del tiempo. En el histérico, en cambio, hay unas impresiones que no se despojaron de afecto, y ocupan una posición excepcional frente al desgaste. El histérico padece de unos traumas psíquicos incompletamente tramitados o abreaccionados.

Las condiciones bajo las cuales los recuerdos devienen patógenos son: representaciones tales que el trauma fue grande, y el sistema nervioso no pudo tramitarlo; el contenido imposibilita o simplemente la persona rehúsa la reacción. Otro grupo de casos son ínfimas pero cobran alta significatividad por sobrevenir en momentos de una predisposición patológicamente acrecentada (autohipnosis), en el que no puede dar trámite asociativo a la representación. Hay una conciencia doble que inclina a la disociación y al surgimiento de estados anormales de conciencia.

 

Sigmund Freud: fundamentos del psicoanálisis Libro de Silvia Tubert





DESCARGAR AQUÍ: 

 https://drive.google.com/file/d/1zzJKRe1GgdC3JDdcfu9B5dysSeHp7SF1/view?usp=sharing

martes, 15 de febrero de 2022

APUNTES DE LOS SEMINARIOS DE LACAN

 

La clínica…

 

 

La clínica es de origen médico, no psicológico. A fines del siglo XVI, se empiezan a construir ciertos saberes acerca de la experiencia que tenían los médicos con los pacientes. Se decía que para curar, 1º era necesario saber en que consistía la enfermedad, y para saber en que consistía la enfermedad, se creo el método clínico. Dicho método consistía en ciertos pasos:

 

1-Observación de los pacientes

 

2-Descripción de los síntomas

 

3-Correlación de síntomas que aparecían, dando lugar a:

 

4-Clasificación de esos síntomas en agrupamiento de enfermedades.

 

A partir de esto surgía el diagnostico, la dimensión de saber que manejaba el médico, el diagnostico le permite al médico hacer un pronostico, saber cual iba a ser el desarrollo que iba a tener esa enfermedad y establecer un tratamiento.

 

Estos pasos (observación, descripción, correlación, clasificación), les abría a los médicos dos puertas:

 

Dimensión del saber: saber en cuanto a diagnostico y pronostico de la enfermedad

 

Dimensión del poder: poder en tanto la posibilidad de intervenir y hacer algo sobre esa enfermedad vía la terapéutica.

 

Estos son los comienzos de la medicina, de la ciencia donde el discurso de la razón toma el padecer del sujeto y construye un saber respecto del padecimiento subjetivo.

 

Pero la ciencia tiene una pasión, que es la objetividad, la pasión de hacer de su objeto de estudio, un objeto. La ciencia en su ambición de aislar el padecimiento, va dejando cada vez mas afuera al sujeto, al sujeto padeciente, y se ocupa cada vez mas de la enfermedad, del órgano enfermo, de la sustancia que está en déficit o en exceso y deja de interesarle el sujeto. El ideal de la medicina es que el paciente no hable, que el paciente se introduzca en esa maquinaria de análisis, radiografías, resonancias, etc. al final se le dice: “padece de x”, así la subjetividad queda totalmente dejada de lado.

 

Si toda la vía de la medicina o de la psiquiatría estudia la enfermedad o las funciones y deja de lado al sujeto, es necesario pensar una clínica distinta, que en lugar de objetivar su material de estudio, hacer de eso su objeto, lo que haga es atenerse a ese sujeto.

 

La clínica psicoanalítica se va a preguntar por lo que el sujeto dice de lo que tiene.

 

La clínica psicoanalítica

 

 

En la clínica psicoanalítica opera la hipótesis del inconciente, dicha hipótesis dice que ese sufrimiento que tiene el paciente está sostenido por algún enunciado, por alguna representación o por algún significante reprimido, para llegar a este significante reprimido es necesario que el paciente diga sin controlar, sin cuidarse en relación a su decir, que produzca un discurso singular, que es el discurso de la Asociación Libre.

 

En la Asociación Libre, no se trata de hablar de cualquier cosa, Freud decía que es un relato que tiene que diferenciarse de la conversación ordinaria: “Usted observará que en el curso de su relato le acudirán pensamientos diversos que preferiría rechazar con ciertas objeciones criticas. Tendrá la tentación de decirse: “Esto o aquello no viene al caso, o no tiene ninguna importancia, o es disparatado, y por ende no hace falta decirlo”. Nunca ceda a esa critica, dígalo a pesar de ella y aún justamente por haber registrado una repugnancia”. Lo desagradable, lo que uno no querría decirle a otro, lo que muchas veces uno piensa, pero en la relación con el otro resulta inconfesable, lo que no se puede decir. En un psicoanálisis uno tendría que decir lo que habitualmente no querría decirle al otro.

 

En dicha clínica, el saber esta del lado del paciente, este no sabe que el saber está de su lado ya que es un saber inconciente.

 

La clínica, tiene una base: es lo que se dice. En relación a esto habrá una serie de reflexiones en relación a que se escucha en lo que el paciente dice, además de esto esta base (lo que se dice), sirve para discernir cosas que importan.

 

Para ese discernimiento de cosas que importan hay que dejar un registro. En psicoanálisis, lo que conocemos como los registros son los historiales, que Freud los caracterizaba como lagunares y fragmentarios.

 

El objeto de estudio es un sujeto dividido, esto implica saber que hay una parte del saber que está excluida de la conciencia, que hay un saber no sabido, de aquí las lagunas mnesicas, los actos fallidos, sueños, lapsus.. Por eso los sujetos no funcionamos como un mecanismo, no podemos cumplir las normas, hacemos todo al revés, siempre tropezamos con la misma piedra, hacemos lo que no nos conviene… el sujeto funciona de una manera impredictible.

 

En la clínica psicoanalítica, se piensa que funciona una estructura, en esa estructura hay una parte que es un mecanismo y otra parte que es el sujeto. La parte de mecanismo es la estructura del lenguaje, que funciona como un mecanismo S1 S2, entre esos stes. Hay un intervalo donde se va a ubicar ese sujeto dividido. Ese mecanismo tiene un elemento que es ese sujeto barrado, que hace que el mecanismo funcione de manera impredecible.

 

En esta clínica el Otro tiene un lugar preponderante, por eso se llama que es una clínica bajo transferencia. Lo que el paciente dice, es un decir dirigido al Otro.

 

Cuando aparece el Otro, aparece también el enigma de qué quiere ese Otro y frente a ese enigma aparece que quiero yo de ese Otro. El padecimiento es un mensaje dirigido al Otro.

 

En “discurso de apertura a la sección clínica”, Lacan da tres definiciones de clínica psicoanalítica:

 

La clínica tiene una base, es lo que se dice en un psicoanálisis.

La clínica, consiste en el discernimiento de cosas que importan.

La clínica es lo real, en tanto lo imposible de soportar.

Entonces, la clínica tiene una base y es lo que se dice, en relación a eso habrá una serie de elucubraciones (reflexiones) en relación a qué se escucha en lo que se dice, además esta base sirve para discernir cosas que importan. En cuanto a que la clínica es lo real, como lo imposible de soportar, la clínica trata de tomar lo real del padecimiento del sujeto, de un sujeto que padece. EL INC. ES A LA VEZ LA HUELLA Y EL CAMINO POR EL SABER QUE CONSTITUYE, HACIENDOSE UN DEBER REPUDIAR TODO LO QUE IMPLICA LA IDEA DE CONOCIMIENTO.

 

Hacer un psicoanálisis requiere de un esfuerzo, se requiere de un esfuerzo de parte del paciente de asociar libremente, como dice Lacan, a esa persona que viene a pedir algo hay que decirle que tiene que sudar un poquito, que tiene que hacer el esfuerzo de asociar libremente y con cierta regularidad, para que esa persona pueda llegar a hablar de su síntoma en su particularidad. 

 

 

¿De qué clínica hablamos? Situar la clínica como interrogación implica diferenciarla de la terapéutica sin análisis ni reflexión critica y de las respuestas precarias y exteriores que puede dar una mera nosografía. El caso clínico es tomado en su particularidad, es el tipo clínico que forma parte de las coordenadas de su síntoma. Reconocer al paciente como sujeto, es la responsabilidad que toma el psicoa. Clínico. El marco de la cátedra es psicoa. Pero toma en consideración e intenta diferenciar de la suya otras perspectivas clínicas prevalentes en el mundo actual: psiquiatrícas, psicofarmacologicas, psicoterapéuticas. Que su marco sea psicoa. Quiere decir que privilegia como vía de estudio y de tratamiento del síntoma lo que sobre él dice el sujeto que lo padece y también lo que sobre ese sujeto dice el síntoma a quien sabe escucharlo.

 

El programa de la materia tomará  como eje la reflexión sobre las elecciones del ser hablante. El termino “elección” esta presente desde el comienzo de la obra de Freud y es esencial a toda clínica del psicoa. Esta se basa en los resultados de elecciones ya realizadas y de las que el sujeto debe hacerse cargo (elección de objeto, de sexo, de síntoma y de tipo clínico), y en las consecuencias sintomáticas de elecciones demoradas (que producen conflicto, irresolución, duda, división subjetiva, culpa e inhibición en cuanto a la acción). Se enfocarán aquellos momentos e instancias electivas en la constitución del ser hablante que tienen consecuencias decisivas desde la perspectiva de la clínica psicoa. Y que permite hacer valer una causalidad del síntoma que en algún punto preciso se aparta de todo determinismo automático (genético, neurofisiológico, incluso simbólico). La concepción psicoa. De la cura permite resaltar algunos momentos decisivos en el tratamiento, en los que la causalidad electiva y el consentimiento advertido son la clave de la operatoria psicoa. El comienzo del tratamiento, la percepción del síntoma por parte del paciente (eso que solo él conoce de sí, pero sin reconocerse en ello), la exploración de las posiciones subjetivas del sujeto respecto de los actos que podrían satisfacerlo (si admitiera pagar el precio de la perdida que requiere toda elección). Los momentos cruciales de la experiencia clínica son aquellos que el clínico y también el paciente deben tomar decisiones. 

 

 

 

 

Introducción a lo real: sem 11

 

Lo real se presentó en el psicoanálisis bajo la forma del trauma y se presentó en la experiencia analítica. El trauma muestra (en la exp. Analítica), algo inasimilable, siempre ligado a un carácter accidental, de encuentro fallido. Se arriva a algo de lo real por la vía del encuentro. ESE TRAUMA HA DE SER TAPONADO POR LA HOMEOSTASIS SUBJETIVANTE, ES LA FUNCIÓN DEL FANTASMA QUE ORIENTA TODO EL FUNCIONAMIENTO DEFINIDO POR EL PRINCIPIO DE PLACER.

 

Hablar del fantasma, ya es hablar de lo que tapona, de la pantalla por el trabajo del ppio. De placer (proceso primario).

 

El fantasma va a ser siempre algo que vela, algo que tapa, algo que disimula. La conciencia también funciona como pantalla, la conciencia tiene idéntica función al fantasma.

 

En los sueños se sitúan 2 polos:

 

El sueño de comodidad: se articula a un deseo, el deseo de dormir.

El sueño de angustia: el sueño llega lo más posible cerca de un real deseado.

 

 

El deseo de dormir, es la homeostasis del fantasma, pero pareciera que ese deseo quisiera querer ir más allá.

 

Si hay realización de deseo en un sueño de angustia, es porque el objeto que va contorneando ese sueño es un objeto que se sitúa más allá del ppio. De placer.

 

Esta es la base de la teoría de Lacan de la angustia en relación al deseo, por un lado un deseo de dormir y por el otro lado un deseo de lo real.

 

Realidad vs real:

 

 

Realidad: Es siempre una realidad sospechosa, decimos que es lo que está afuera de nosotros. La realidad, es la realidad del fantasma, es el campo donde todo es posible, en el fantasma.

 

Para Lacan, lo que engaña es la representación, el campo del ste. El campo de lo simbólico es el registro que engaña.

 

Real: Se opone al sentido, no tiene ste. No tiene imagen, por eso la relación del sujeto y lo real, es una relación no mediada por el ste. En relación al trauma, ese real se anuda, en la medida en que es ese encuentro que no puede ser mediado por el ppio. De placer, por el proceso primario.

 

Lo real es imposible, es un encuentro fallido que inmediatamente se hace evanescente.

 

El sueño es una cadena, que si lo tomo en dirección del sentido, no deja de fabricar fantasmas, pero también se puede llegar a un ste. Que no tiene compañero, que queda reducido a su estupida literalidad, no quiere decir nada, y eso es lo que busca Lacan, el encuentro con lo real es el instante que despierta, pero apenas, pero apenas despertamos agregamos nuevos fantasmas, nuevas significaciones a eso que soñamos. 

 

 

Encuentro con lo real en la Psicosis:

 

La alucinación es un ste. En lo real, es una voz, una frase, una sensación, un síntoma en el cuerpo, que no se encadena con otro ste.

 

En lo real, también encontramos al ste. Fuera de la cadena

 

No solo los psicoticos presentan un ste. En lo real, también los neuróticos tenemos estos fenómenos, de repente a uno le viene una frase. Si se pone a asociar, podría significarse esa frase, pero hay ciertos automatismos metales que no se pueden pensar más que como los stes. En lo real.  Una cosa es estar pensando en esa idea, fabricándola y otra cosa es cuando esa frase nos sorprende, nos interrumpe, cuando no estamos a su escucha, cuando esta fuera de nuestro campo y adquiere todo su valor sorprendidos como estamos por esa formulación que nos llega como un murmullo del exterior.

 

Lacan da tres definiciones de lo real:

 

El síntoma es lo que viene de lo real

Lo real es lo que retorna siempre al mismo lugar.

Lo real como imposible.

 

 

El síntoma es lo que viene de lo real, como mensaje dirigido al Otro. El síntoma es lo que retorna de lo real, se articula con lo que vuelve siempre al mismo lugar como repetición, el síntoma se mantiene siempre en el mismo lugar en la dimensión de suplir una satisfacción imposible.

 

Dos formulaciones de Lacan:

 

Lo real es estructurado por lo simbólico, cuando queda atrapado por este. Porque la simbolización mortifica, vacía la plenitud de lo real del cuerpo. Hay algo del goce que es evacuado, el cuerpo es entonces, un cuerpo vaciado de goce. No hay referencia del cuerpo, lo único que queda como operación de lo simbólico, son ciertos lugares como reservas naturales de goce, que son las zonas erógenas. De allí que los retornos de goce en el cuerpo aparecen como modos de sintomatización. El cuerpo implica una falla de lo simbólico, el retorno del goce en el cuerpo. (Ej.: histeria, psicosis).

Lo real es producto de lo simbólico. Luego de la operación de lo simbólico sobre lo real, quedan ciertos restos, objetos a, llamados PLUS DE GOCE. Son objetos que recuperan ese goce perdido. PRIMERO EL NUCLEO DE LO REAL ES EL GOCE, EL GOCE ES LA BASE SOBRE LA QUE ACTÚA LA SIMBOLIZACIÓN, PERO LUEGO ES EL RESTO, SON ESOS OBJETOS QUE INTENTAN RECUPERAR EL GOCE PERDIDO.

El encuentro con lo real implica una plenitud, nada puede faltar en lo real. Cuando hay falta, es introducida por lo simbólico. Lo simbólico introduce la falta, en lo real no falta nada.

 

Pero también lo real es un agujero, una falta en torno a la cual lo simbólico se estructura. En la vía de lo traumático, lo real aparece como un choque, el tropiezo contra algo, con que se encuentra lo simbólico.

 

Solo con posterioridad puede lo traumático ser significado. 

 

 

 

¿Quién habla? El sujeto no es el yo

 

¿A quién? (posición del analista)

 

 

El sujeto: En clínica psicoa. Se opera con un sujeto dividido, esto implica saber que hay un saber que esta excluido de la cc, hay un saber no sabido. La estructura del lenguaje funciona como un mecanismo, es un par ste S1 S2, en ese entre stes hay un intervalo donde se ubica el $ (esto hace que el mecanismo sea impredictible),

 

El inc. Puntualizado por Lacan, es el inc. Aislado mediante la función de lo simbólico, caracterizado por la noción de ste.

 

Se apunta a una falta, no al yo del sujeto, la clínica psicoa. Se va a preguntar por lo que el sujeto dice que tiene, con “tiene” nos referimos a la falta porque en gral. Los pacientes van a venir a hablar de lo que les falta, de lo que quisieran tener y no tienen, igualmente lo importante es lo que el paciente dice. Lo que tiene o no tiene, es un modo de objetivar su posición. El psicoanálisis se dirige al plano subjetivo, no al yo. Esto implica producir una inversión de lo imaginario sobre lo simbólico. Lo imaginario es el discurso común, la dimensión del plano del yo, la relación a a’.

 

 

 

Regla fundamental: Asociación libre

 

Dos leyes:

 

No omisión: Decir todo lo que a uno le pasa por la cabeza. Lacan confronta la atención entre decir lo importante, lo relevante vs... Decir lo cotidiano, lo ordinario.

No sistematización: Acompaña la regla de abstinencia, atención flotante… Uno debe liberar todas las cadenas del relato, hablar de lo cotidiano, de lo ordinario, también eso tiene una significación según el orden que ocupe en esa sucesión.

 

 

Del lado del ANALISTA:

 

La atención flotante: Apartamiento del juicio cc, quiebre de la dimensión imaginaria. El yo del analista queda por fuera del dispositivo analítico, no hay una dimensión intersubjetiva. Hay ruptura de la comprensión porque el sentido es imaginario, se evitará el abrochamiento de sentido.

 

La atención flotante habilita el discurso, no es una conversación, va en contra y ruptura de la comprensión, todo lo que se escucha se podría significar a posteriori.

 

Lo que dice un paciente, alguien que asocia libremente, puede no tener ningún sentido, pero lo que le dice encubre un sentido. La Asociación libre como tal determina la situación de la transferencia, un decir vinculado a la Transf... Vinculado al otro.

 

Lacan dice: el oyente la experimenta en el momento de responder, al suspender su respuesta, comprende el sentido del discurso. Al no responder el que sería el oyente, se comprende el sentido de ese decirle, al caer el valor de pura significación que podría tener ese decir y darle lugar al decirle , esta intención empieza a revelar una cuestión transferencial, que aparece en relación a ciertas demandas, deseos, reclamos, ciertas agresividades dirigidas al otro.

 

El analista paga con su persona, todo lo que constituye su lazo con los otros, debe ser cancelado. La posición del analista es hacer un semblante de objeto. 

 

 

PACIENTE –

 

Asociación libre.

Ruptura dimensión imaginaria.

Uso del diván (no excluyente)

 

 

ANALISTA –

 

Atención flotante.

Apartamiento del juicio cc.

Quiebre de la dimensión imaginaria, (al no escuchar bajo el modo de selección).

Tipo de escucha analítica es artificial.

Neutralidad: alude a la función de analista, el que da las interpretaciones y soporta la Transf... deberá ser neutral, no intervenir como individualidad psicosocial.

El analista debe abstenerse de todo consejo, ser neutral con respecto a las manifestaciones Transf.

 

 

En psicoanálisis opera la hipótesis del inc. Desde aquí la temporalidad es pensada como un fuera de tiempo, un tiempo desligado, el inc. Es atemporal y esto tiene consecuencias en la posición del analista, que guiará la cura con una lógica de fuera de tiempo, de discontinuidad. El analista no constata el discurso desde la cc. Y esto hace que surjan efectos en el analizante. El analista  debe comportarse de manera tan atemporal como el inc.

 

El analista ofrece a quien consulta la posibilidad de hablar de su sufrimiento. Su acto está en juego desde el momento en que da al sujeto la palabra y coloca el saber de su lado. 

 

 

Entrevistas preliminares:

 

Es de suma importancia ubicar las condiciones de una entrada en análisis, para pensar desde allí  los efectos y las posibilidades del trabajo analítico. Si hay en el lugar del oyente un practicante del análisis, un analizado, podrá situarse de tal manera que se produzcan efectos de carácter analítico, aun en el marco de dichas entrevistas y aun cuando no se hayan producido todavía las condiciones de una entrada en análisis. En esta perspectiva, el encuentro con un analista puede constituirse en el acontecimiento que abra el camino a posibles modificaciones subjetivas y que ponga en juego, aun en la brevedad del encuentro, lo real en juego para cada sujeto. Freud propone un tratamiento de ensayo destinado a tomar conocimiento del caso y decidir si es apto para el psicoanálisis. “Este ensayo previo es ya el comienzo del análisis y debe obedecer a sus reglas”. Las entrevistas preliminares son análisis en tanto ponen en juego una doble articulación:

 

El valor dado a la palabra del sujeto, a la suposición de una verdad en juego en ella, a la suposición de un saber que le otorga a esa palabra un valor que no se encuentra ni en la psiquiatría ni en otras vertientes terapéuticas. El analista sostiene allí lo que Lacan llamó “sumisión absoluta a las posiciones subjetivas del enfermo”.

2- Son también análisis, en tanto hay un oyente que no es cualquiera. Es un analizado, alguien que ha pasado por la experiencia del inc. Y de la castración, es alguien entrenado para escuchar en los dichos, el decir, para localizar al sujeto de la enunciación y no quedar atrapado en los enunciados, en el yo. Es alguien que ha sido entrenado para interrogar la demanda y con sus intervenciones producir una modificación en la posición del sujeto respecto de sus dichos, respecto de su síntoma, respecto de su realidad, alguien que puede orientar sus intervenciones al encuentro con lo real. Un oyente que puede convertir esa palabra en algo diferente al discurso del yo, dando lugar a la producción del sujeto y haciendo posible, por vía de la interpretación, una transmutación subjetiva, algo que puede marcar para el sujeto un antes y un después. Es la presencia del analista, del analizado lo que permitirá hacer de las entrevistas preliminares o no, algo diferente a una simple recopilación de datos o a un mero trabajo de sugestión.

No se trata de estar todo el tiempo esperando provocar la rectificación subjetiva, sino de aprovechar la oportunidad para ello cuando algo de la localización del sujeto en dirección al inc. Pueda aparecer.

 

Tal vez lo esencial de la posición del analista es su versatilidad para situarse como objeto en la transferencia. El analista debe saber tomar para cualquier sujeto, el lugar desde el cual poder actuar. Su lugar de oyente le permite estar atento al momento en que una intervención pueda abrir la posibilidad de un movimiento subjetivo.

 

Lo que ocurre durante la experiencia analítica depende tanto de las coordenadas subjetivas del paciente y de su posición como de la posición del oyente. No es lo mismo un oyente atento que otro para quien jamás será posible salir del plano de la comprensión o de la sugestión. La posibilidad de estar atento a la oportunidad de escuchar en el enunciado, la enunciación, de interrogar el deseo, de situar un impasse, sólo es posible si hay un analista allí, que ocupe ese lugar.

 

El analista no se va a situar en nombre del bien general, de la salud, o de lo que debe ser. Conociendo las condiciones de la estructura podrá apuntar en cada momento, en sus intervenciones, a lo real, haciendo caer los embrollos en que lo imaginario sumerge al sujeto. Sólo un analista podrá dar lugar a una entrada en análisis o a la rectificación subjetiva o a la sorpresa de un lapsus que dé lugar a la emergencia del inc.

 

En el marco de las entrevistas preliminares es posible efectuar un diagnostico diferencial, conservan la dimensión diagnostica del tratamiento de prueba Freudiano, este “tratamiento de ensayo”, esta fundamentado en la necesidad de establecer un período de prueba, decidir si un paciente es apto o no para el psicoanálisis. “En primer lugar tenemos el problema diagnostico, cuando se somete a un paciente que sufre de lo que se describe como perturbaciones nerviosas, es deseable, previamente, tener la certeza, (hasta donde pueda alcanzarse esa certeza), que él se presta a ese tipo de tratamiento, y de que se lo puede ayudar empleando ese método. Esto se da, sólo en el caso de que él tenga una neurosis”.

 

Para Freud los objetivos del ensayo previo son: conocer el caso y decidir si le es aplicable o no el psicoanálisis. Es un medio de prueba, un período de prueba de algunas semanas que tiene una motivación diagnostica. Freud dice que tampoco puede afirmarse que tal ensayo facilite siempre un diagnostico seguro, pero que es una precaución más. Quedan excluidas del método analítico patologías como: histerias como anorexias, melancolías, psicosis. Para Freud el ensayo previo se diferencia del análisis en que se deja hablar al paciente y no se le suministra mas explicaciones que las indispensables para la continuación de su relato, pero este ensayo previo es ya el comienzo del análisis y debe obedecer a sus reglas ( Asociación Libre – Atención flotante – apartamiento del juicio cc.

 

Quiebre de la dimensión imaginaria neutralidad).  Lacan retoma lo que freud llamó ensayo previo, diciendo que para actuar en un psicoanálisis se debe proceder con numerosas entrevistas preliminares, dichas entrevistas pueden durar poco o mucho tiempo y con ellos se posibilita un diagnostico preliminar que se dirige al sujeto y fundamentalmente la entrada en análisis. El tiempo de las entrevistas preliminares, no es otro que el tiempo de la transferencia, tiempo imposible de predecir a priori, ni de estandarizar, ya que será del orden del uno por uno y se tratará de un tiempo lógico no cronológico.

 

No hay entrada posible en  análisis sin entrevistas preliminares. Las entrevistas intentan provocar un cambio en la posición de quien consulta a través de lo que dice. Es responsabilidad del analista introducirlo en el saber inc. Iniciando así una rectificación subjetiva.

 

No hay entrada posible en análisis sin entrevistas preliminares, decía Lacan en 1971. Las entrevistas preliminares constituyen la modalidad técnica que responde a: “en el comienzo del psicoanálisis está la transferencia”. Un psicoanálisis es el trabajo de la transferencia y en las entrevistas preliminares lo que está en juego es poner a trabajar la transferencia.

 

Lacan decía, “se trata de hacerlos entrar por la puerta, que el análisis sea un umbral, que haya para ellos una verdadera demanda”. En esa demanda algo debe forzarlos a hacer un esfuerzo, “es preciso que algo empuje”. Sólo el sujeto supuesto al saber, como pivote de la transferencia, permite situar aquello que hace del síntoma una “demanda verdadera”. El síntoma se vuelve analizable, solo a condición de incluirse en la transferencia.

 

Es un hecho de experiencia, que el síntoma no conduce al análisis sino cuando cuestiona, cuando el analizante capta ese incomprensible cuerpo extraño como propio y portador de un sentido oscuro que lo representa como sujeto desconocido para si mismo. En este sentido, el síntoma es cuestionamiento del sujeto o más bien representante del sujeto barrado. Por la transferencia, el síntoma es puesto en forma de pregunta, pregunta del sujeto. La transferencia asi planteada es previa al análisis. Esta ahí desde que el síntoma es sólo pensado como analizable. El momento de la demanda de análisis es aquel donde un particular, analista cualquiera, se substituye al psicoanálisis en general.

 

Es preciso que ese analista venga a sostener para el analizante la función de sujeto supuesto al saber.

 

La transferencia fijada al analista es una transferencia primariamente demandante: demanda al Otro que responda. El análisis supone aún que de esa transferencia demandante, se haga una transferencia productora por el sesgo de la llamada asociación libre. El analizante está en el análisis, en el lugar de aquel que trabaja, para que se elabore el saber que responda a la pregunta del sujeto, mientras que la operación del analista consiste en causar ese trabajo.

 

El acto analítico está en juego desde esas entrevistas, se ubica ahí en el lugar de la causa y su efecto es el empuje-al-trabajo de la transferencia. La justa inserción del paciente en la transferencia no es del orden de la aptitud. Depende de la posición del sujeto en su relación con el Otro.

 

En la iniciación del tratamiento, Freud evoca una técnica que le es nueva, “el tratamiento de ensayo”, acentúa la idea de las condiciones previas. Hay dos precisiones que realiza:

 

Concierne a lo que debe esperarse del paciente: que se apegue a su analista.

Apunta a la posición del analista mismo, Freud dijo que durante el tratamiento de ensayo no comentará los decires del paciente “mas que lo indispensable para la continuación del relato”.

En primer lugar, Freud ubica las condiciones de entrada en la cura en relación a la cuestión de la transferencia. En segundo lugar, podemos reconocer distinguidas, la necesidad de la fijación de la transferencia (apego al analista), y la puesta a prueba del trabajo de transferencia (aplicación de la regla). A lo que se agrega una indicación técnica notable: Freud da su lugar a cierto silencio del analista. Si la regla implica el saber analizante, el hecho de suspender las revelaciones del analista ubica el saber de éste en una posición particular. Es un saber que ni se expone ni se manifiesta, que permanece sólo en reserva, supuesto…

 

Para Lacan una dirección de la cura se ordena según un proceso que va de la rectificación de las relaciones del sujeto con lo real, hasta el desarrollo de la transferencia y luego a la interpretación. Ósea que recomienda seguir este orden:

 

Rectificación subjetiva

Transferencia

Interpretación

Lacan apunta a la transferencia simbólica y pone de relieve que la Transf. Es un efecto del acto analítico.

 

Entonces, la dirección de la cura consiste en 1º lugar en aplicar la regla analítica “la asociación libre”, el sujeto es invitado a hablar, esto es lo que ofrece el analista. La 1º meta, en relación al síntoma, es la de transformar la relación del sujeto con su síntoma, y esto sólo es posible si hay una verdadera demanda de análisis, esta se gesta en las entrevistas preliminares al análisis. Las entrevistas intentan provocar un cambio en la posición de quien consulta a través de lo que dice. Es responsabilidad del analista introducirlo en el saber inc. Iniciando así una rectificación subjetiva.

 

Rectificación subjetiva: Es una intervención 1º que se dirige a producir la división del sujeto, (que aparezca un sujeto barrado va a permitir un deslizamiento ste). Es la 1º ubicación del sujeto que apunta a confrontarlo con su decir, es un acto en dirección del analista. Es poner a punto al sujeto para entrar en análisis, es cambiar algo. La R.S produce ruptura de sentido, produce un efecto que es una incógnita, es la suspensión del sentido, también tiene que ver con redituarse respecto de la realidad (lo imaginario). En la medida en que el analista no le responde con un objeto, lo que esta en juego es el deseo, hay una circulación de la nada. La implicación del sujeto depende del acto del analista, ya que dirige al paciente al cuestionamiento de su deseo. La rectificación no es algo que el analista vaya a buscar, sino que es un efecto de una intervención, puede aparecer de diferentes maneras, puede ser efecto de una interrogación de las verdades fantasmaticas de una persona. La posición del analista produce efectos, el encuentro con algo de la verdad del sujeto es por efecto del encuentro entre analista y paciente.

 

El síntoma está articulado al fantasma y el fantasma es el mundo de ese sujeto. La rectificación apunta al cambio de posición del paciente en cuanto a lo que dice, como pasa a posicionarse ese paciente en relación a sus propios dichos.

 

La R.S será la que va a enlazar al síntoma, a la transferencia y a la demanda. La R.S consiste en hacerle percibir al paciente su responsabilidad, hacerle percibir que ocupa el lugar de agente en su propia vida. Supone la implicación del sujeto con su síntoma, la formalización de la demanda de análisis. La implicación del sujeto depende del acto del analista, ya que conduce a que el paciente se cuestione sobre su deseo.

 

El síntoma pasa a ser síntoma de análisis, si se articula en una verdadera demanda de análisis, en el momento en que se conecta con el saber, en el momento en que se expresa en una demanda, pero se trata de la demanda “de verdad” de buscar la verdad. Un paciente puede acudir a la consulta, traer su sufrimiento y eso no significa una demanda de análisis, el paciente puede ir a la consulta con una demanda de saber, pero lo que hay en esa demanda es ¿Qué hago?, lo que aparece de entrada responde a la inmediatez, de “dame la respuesta”, “dame la solución”, es una demanda en el plano de la necesidad.

 

La demanda se desdobla en dos:

 

demanda en el plano de la necesidad.

Demanda de amor, demanda de ser alguien para alguien.

El deseo se encuentra entre los dos niveles de la demanda, lo que no alcanza a ser significantizado es lo que va a producir el deseo.

 

El síntoma solo puede volverse analizable, a condición de incluirse en la transferencia. Alguien demanda confiar su sufrimiento al analista, “confiar a otro un padecimiento”. La formalización de una demanda de análisis, será con la respuesta del analista, el analista intenta implicar al sujeto con sus dichos.

 

Transferencia: La transferencia es la que permite poner en marcha la regla fundamental, y que el paciente pueda asociar libremente. La Transf. Se manifiesta en el inicio del tratamiento y no hemos de ocuparnos de ella, hasta que aparezca como resistencia que no permita continuar el análisis. La Transf. Es situada como error, error en la persona, error en el sentido negativo, de que hay una falsa conexión y además esto induce positivamente a la idea de que hay una sustitución. Cuando lo que no puede decirse, se traslada a la persona del analista, esa persona del analista se ha puesto al servicio de hacer actuales los impulsos eróticos y olvidados del paciente. Algo se actualiza en la persona del analista. La Transf. Convoca al analista, no sólo como ste. Sino también como objeto.

 

Freud decía: “El paciente repite en vez de recordar”, en la repetición se recuerda sin saber que se recuerda, vía el acto transferencial. El analista tiene que poder saber hacer, desviar esas pulsiones que se intentan descargar hacia lo motor y darle un nuevo uso en el trabajo analítico. El recurso para doblegar la compulsión a la repetición es el manejo de la Transf. Se trata de admitirla, tolerarla en el ámbito del tratamiento.

 

Lacan se pregunta si el analista aceptará aprovecharse de ese error en la persona, si se aprovechará de ese lugar en que lo ubica la Transf.

 

Es desde la Transf. Que el analista responde, el analista debe maniobrar para salirse del lugar donde fue ubicado por el paciente o incluir ese lugar eventualmente. Lacan plantea que las interpretaciones serán recibidas por el sujeto desde el lugar que está ubicado el analista en Transf. La maniobra del analista consistirá en correrse de esos lugares donde lo ha ubicado el paciente en transferencia.

 

La Transf. no es una relación dual, Lacan ubica una disparidad analítica, donde el analista se ofrece para representar a todos los stes. Del paciente. El analista es al menos dos, el lugar del analista deberá ser un lugar de falta en ser, para poder alojar a los Otros del sujeto. El analista debe reconocer ese lugar que ocupa para el paciente y evitar intervenir, responder desde ese lugar. (Caso Little). El amor en Transf.. se produce automáticamente (automaton), se produce el amor que tiene que devenir en amor al saber, siempre el saber despierta el amor, se ama el saber, no hay manera de que un análisis transcurra sin que esté el amor al saber. No hay que pensar a la Transf. siempre como repetición, porque también hay un rasgo particular y nuevo, hay algo nuevo que se añade que puede emerger por ejemplo, a nivel del rasgo, que ha llevado al paciente a  elegir ese analista, hay algo de lo particular, lo novedoso.

 

En el seminario 11 (del sujeto al que se supone saber…) Lacan dice:

 

El psicoanalista, no puede pretender representar un saber absoluto, su formación exige que sepa en el proceso donde conduce a su paciente, en torno de que gira el movimiento. Tiene que conocer en torno a que gira el asunto. Este punto Lacan lo designa con el nombre de deseo del analista.

 

La transferencia es un fenómeno que incluye juntos al sujeto y al analista. Es un fenómeno esencial, ligado al deseo como nodal del ser humano. En cuanto hay, en algún lugar, el sujeto que se supone saber: hay transferencia.

 

¿En que lugar se ubica cada sujeto, para dirigirse al sujeto al que se supone saber? Para el paciente esta función ya está encarnada por alguien determinado (en una figura asequible a el), para quien se encargue de su análisis, surgirá una dificultad para hacer obrar la Transf. el analista se da cuenta de esto, lo reconoce y dirige al analizado hacia lo que sigue siendo para él el sujeto al que se supone saber.  El analista ocupa ese lugar en la medida en que es objeto de la Transf. El psicoanálisis muestra que sobre todo en la fase inicial, lo que mas coarta la confidencia del paciente, el que se entregue a la regla analítica, es el peligro de que el psicoa. Se deje engañar por él.

 

Transferencia como amor al saber, es posibilitado por la posición del analista, se le supone un saber al analista, este saber hay que ubicarlo del lado inc. Hay algo en la escucha que no sanciona, que produce un quiebre porque habilita otra dimensión, quiebra el sentido. Esa dimensión que queda habilitada hace que se signifique de otra manera o que no se encuentre significación. La manera de escuchar del analista rompe con la dimensión imaginaria. Lacan apunta a la transferencia simbólica.

 

Dentro de los 3 niveles de la acción analítica, Lacan ubica la estrategia de la transferencia, diciendo que “en cuanto al manejo de la Transf. mi libertad se encuentra enajenada por el desdoblamiento que sufre allí mi persona”. El secreto del análisis está en la Transf. Lacan realiza una critica a los pos-freudianos en cuanto a que la Transf. no es una relación entre dos, sino que siempre implica una disparidad, ubica una disparidad analítica donde nunca hay dos elementos, nunca está el yo del analizante y el yo del analista, sino que hay 3 elementos, el analista es, al menos dos, en tanto se ofrece para representar a los stes. Del paciente.

 

El analista ocupa el lugar del muerto en cuanto a sus prejuicios, Lacan va a proponer que el analista es el que interpreta aprovechando la Transf. El analista paga con su persona, hay algo que tiene que ver con el yo, todo lo que constituye su lazo con los otros que debe ser cancelado. Hay un semblante, no es que el analista es un objeto, la posición del analista es hacer un semblante de objeto. Poner en acto este apartamiento de su persona.

 

El dispositivo analítico está sostenido en el desplazamiento del eje imaginario al simbólico, da la posibilidad que algo del sin sentido aparezca, es en el efecto del sin sentido donde aparece el sujeto del inc. Lacan introduce la terceridad (eje simbólico), en el seminario 1 hace una critica a Balint “psicología de los 2 cuerpos” y dice que en el psicoanálisis no hay, hay 3, introduce el 3º elemento que es la palabra (simbólico), ese 3º es el Otro del sujeto, aquello que en el discurso preexiste al sujeto, que lo determina incluso antes de su nacimiento, (todo lo que tiene que ver con las representaciones, las inscripciones, en relación a lo simbólico, las formaciones del inc. Se pueden pensar como esa terceridad). La dimensión imaginaria (la significación, el sentido), es necesaria para sostener la palabra.

 

En ¿qué se espera del psicoanálisis y del psicoanalista?, Colette Soler, dice que la transferencia introduce al paciente en una cierta ilusión, en una cierta espera, no se trata de la eficacia de la transferencia, sino de la Transf.. en tanto que ella introduce al paciente, generalmente al principio, a la idea de ser cuidado, de ser tomado en cuenta, dice que quizá la mejor manera de cuidar a un sujeto sea tomarlo en cuenta, al principio solo basta escuchar a alguien, escuchar y no dialogar. Basta esto para que el sujeto se perciba cuidado.

 

Freud decía que hay una razón estructural que nos permite entender el enamoramiento de la entrada en análisis. Hay un enamoramiento de entrada porque el sujeto tiene la idea de que el analista le da un espacio que no se encuentra en ninguna parte en la vida. El encuadre del discurso capitalista es bien evidente que en nuestro tiempo nadie escucha a nadie. Además incluso en el caso de que se escuche, esto no implica que haya dialogo. En el encuadre de la relación amorosa se intenta desarrollar una cierta circulación de palabra, pero sabemos bien que cada uno habla su idioma, un idioma sin traducción, un idioma del fantasma de cada uno.

 

Sólo en el dispositivo analítico se da el espacio a un sujeto para que desarrolle su palabra, no va más allá, porque el amor de Transf. del principio disimula el hecho de que en el análisis más que en otra parte, el que escucha no escucha lo que el sujeto quiere decir. El que escucha, el analista, escucha con la perspectiva de interpretación. Una perspectiva que intenta captar, cernir, lo que el sujeto mismo no sabe que dice, no sabe que significa y que quizá no quiere significar tampoco. En finales de análisis Colette Soler, hablando de la transferencia dice que: El manejo de la transferencia por el analista consiste en insatisfacer el fantasma, angustia, si se da el caso.

 

Lombardi: La dificultad de ser analista reside en que, para soportar la transferencia, el analista debe ubicarse en una posición que no es subjetiva, que no es de sujeto, en tanto la Transf. Es un lazo social esencialmente no intersubjetivo, está en ella en juego un solo sujeto. Y eso no es ya una regla técnica, sino ética, ya que define el fundamento de una práctica.

 

Interpretación:       Otro de los niveles de la acción analítica es la táctica de la interpretación, Lacan dice que a nivel de la interpretación el analista es libre, libre de intervenir cuantas veces quiera en cuanto a calidad, cantidad, si le da forma de pregunta, de cita, de enigma o si realiza una interpretación mas de tipo simbólica. La interpretación es algo que por un momento se vale de las grietas que hay en el muro del lenguaje, aprovecha las grietas, los equívocos. Lacan dice que a nivel de la interpretación “es el único dueño del barco”, el analista decide la cantidad de intervenciones. Esta libertad no significa que pueda controlar todos los efectos, siempre va a ser apres coup, si generó efectos o no. ¿Cuál es el lugar de la interpretación? La interpretación debe producir un ste nuevo, en oposición a la idea de que haya código fijo, va  contra la idea de código fijo. La interpretación intenta recuperar el ste elidido, el ste reprimido.

 

La formula interpretativa de los años 50: A esta altura hay una prevalencia de lo simbólico

 

 

Puntuación

Corte de sesión

Desciframiento

Alusión

Lacan habla “del dedo levantado de san Juan de Leonardo” para referir metafóricamente a esta formula interpretativa, es la interpretación que designa, que muestra sin nombrar, que consiste en hacer escuchar al analizante, sin hacerlo pasar por el dicho. Esta idea de señalar, de mostrar sin hacerlo pasar por el dicho, es un llamado al silenciamiento de los analistas pos freudianos, no apunta ni al S1 ni al S2, apunta al intervalo entre los stes. Una cosa es una formula interpretativa silenciosa, que está en la orientación de diga mas, quiero escuchar mas de usted, que el analista mudo. El analista mudo, puede activar el fantasma habitual de muchos sujetos de “el otro me rechaza”. Otra cosa es cuando ya se está en análisis, el silencio funciona con el imperativo de “a ver algo mas”. 

 

 

Puntuación: Hay algo del “tu lo has dicho”, tiene que ver con puntuar el discurso del sujeto, retroactivamente da otra significación. 

 

 

Corte de sesión: El análisis va en contra del goce fantasmatico, se trata de recortar al sujeto de ese goce, con la función de corte, se trata de recortar goce. El corte de sesión debe operar como recorte del objeto, el corte que alivie al sujeto de su relación con el goce.

 

 

Desciframiento: Es la interpretación metafórica, freudiana, es tocar un ste que permita aparecer el ste reprimido, el ste que estaba bajo la barra. A lo largo de una cura, el paciente repite determinados stes determinados por su fantasma, la sincronía de la combinatoria entre stes, va a producir que al introducir este ste que viene del Otro, hace posible la traducción. Intenta recuperar el ste elidido, el ste reprimido. 

 

 

Alusión: Interpretación que designa, que muestra sin nombrar, consiste en hacer escuchar al analizante sin hacerlo pasar por el dicho.

 

 

A la altura de los años 60: A esta altura pone el mismo grado de importancia a lo I, S, R: Aparece de alguna manera reformulable el inc. Estructurado como un lenguaje, diciendo que el inc. Está y desaparece, que el inc. Se hurta, que está en el intervalo entre S1 y S2. (El inc. Vursatil). Ya no es la idea de que el inc. Está en las palabras, sino que se aloja en los intervalos. La interpretación a esta altura apuntaría a ir  contra la significación. Apunta al sin sentido, va contra el sentido, (altura del seminario 11).

 

En el seminario 11 aparecen 2 formulas interpretativas:

 

La cita

El enigma

Estas dos formulas no reemplazan a las anteriores, lacan sostuvo el corte, la puntuación, la alusión, etc. A lo largo de todos los años, no es que viene una en lugar de la otra.

 

 

 

La cita: la define como extraer un enunciado del texto, que el sujeto se confronte de alguna manera con lo dicho, es parecida a la puntuación.  Es extraer de todo el párrafo del analizante un recorte de determinada frase, que esta desalojada de esos stes que la acompañaban. Extraer cierto enunciado del texto del analizante, consiste de alguna manera en poner “comillas” a determinada frase, y hasta de alguna manera la saca de contexto en el que fue enunciada.

 

 

El enigma: Es un ste fuera de sentido, es un enunciado sin mensaje, lo que va a romper el enigma es cualquier respuesta que venga a traer el analizante respecto al enigma. 

 

 

A la altura de los años 70: A esta altura de lo que se trata es del goce  La interpretación va a apuntar a tocar el goce del inc.

 

(Referencia el atolondradicho, donde Lacan se va a ocupar de las intervenciones que apunten al final de análisis).

 

Lacan dice que la interpretación debe ser equivoca, la interpretación analítica no está hecha para ser entendida, no debe ser sugestiva, sino equivoca.

 

Cuando Lacan habla del equivoco, va a ubicar 3 tipos de equivoco:

 

Equivoco gramatical

Equivoco semántica

Equivoco homofonito

 

 

Si la interpretación pretendemos unilateralizarla del lado del analista, como su intervención, su acto, su dicho, su decir, entramos en un callejón sin salida. Es el analista que hace alusión, cita, enigma, revela. Si esto es asi, es porque quien hace eso mejor que el analista, es el inc. Mismo. “El Inc. interpreta y el analista, si intepreta, interpreta a continuación suyo”

 

La dirección de la interpretación apunta a la secuencia de stes articulados. Con la interpretación se trata de acceder a esa secuencia ste donde la pulsión juega su destino. Las interpretaciones que efectuamos los analistas, solo serán interpretaciones si producen ese efecto.

 

 

 

Política del ser: Es otro de los niveles de la acción analítica que ubica Lacan. La política del ser, (la falta en ser), que mas tarde llamará “la política del acto”. El ser se refiere al verbo, a la acción, al actuar, cómo el ste entra en el ser hablante. El analista puede ubicarse desde cierto lugar, en un cierto lugar, en una posición de modo que haga alivio en el síntoma.

 

En la política es donde el analista menos libertad tiene, la política se refiere a tener en la mira el horizonte de la cura, si se tiene claro a donde apunta el análisis, hacia donde apunta el tratamiento, se puede disponer de las intervenciones libremente. La libertad es total a condición de que se sepa hacia donde apunta la dirección de la cura, la política tiene que ver con la brújula de esa cura.

 

La política tiene que ver con ese sujeto que deviene hacia final de análisis. El analista ha devenido analista en tanto ha atravesado el mismo por el análisis y ha arrivado a su fin de análisis.

 

El analista, que desde su deseo de analista, desde su dote de ignorancia, desde un saber en tanto que es enseñado y se deja sorprender por la lógica del analizante y no tiene un juicio previo acerca de que será mejor. Se va construyendo a medida que se va trabajando el caso, son decisiones que va tomando el analista sin que medie una idea previa. 

 

 

Hay 4 discursos desde la perspectiva del psicoanálisis, son 4 variantes, 4 modalidades de lazo social de los cuerpos hablantes:

 

El discurso del Amo

El discurso Universitario

El discurso Histérico

El discurso Analítico

 

 

        El discurso del Amo: existen los Amos y los Otros, que implican al esclavo, la mujer y el hijo. El Amo tiene que saber mandar, dar órdenes, esto producía la ordenación respecto a lo que ocurría a nivel del otro. El Amo se identifica al S1, a la orden. El otro, (el esclavo), debe saber ejecutar, debe saber hacer lo que el Amo debe saber ordenar.

 

 

Discurso Universitario: Surge en el siglo XIII, alguien cree poder hablar desde una posición de saber, tiene que encarnar ese semblante, esa posición de saber para dirigirse a quines vienen a aproximarse al saber en la universidad. 

 

 

Discurso Histérico: Discurso de un sujeto dividido, partido. El histérico en relación a las órdenes, es alguien que se ubica en una posición intermedia, no obedecerlas, ni identificarse totalmente con ellas, la histeria cuestiona la orden. 

 

 

Discurso Analítico: favorece una interrogación del discurso del paciente. El discurso analítico funciona si es un discurso entre otros, si el sujeto puede entrar y salir por ejemplo del discurso histérico.

 

En este discurso el síntoma es el que habla, el que interpela al otro.

 

Hasta se podría pensar que el lazo social analítico es algo que implica un ida y vuelta respecto del discurso histérico.                        

 

 

La dirección de la cura: cap1 apartado 2: El psicoanalista dirige la cura. El 1º principio de esta cura es que no debe dirigir al paciente. La dirección de la conciencia, en el sentido de guía moral queda excluida. La dirección de la cura consiste en 1º lugar en aplicar la regla analítica. Inicialmente la regla analítica está planteada bajo la forma de consignas que servirán de vehículo.

 

Cap 5 apartado 18: ¿A dónde va la dirección de la cura?:

 

La palabra tiene en la cura todos los poderes.

Estamos bien lejos, por la regla fundamental de dirigir al sujeto hacia la palabra plena, ni hacia el discurso coherente, pero lo dejamos libre de intentarlo.

Esa libertad es lo que mas le cuesta tolerar.

La demanda es la que se pone entre paréntesis en el análisis, está excluido que el analista satisfaga ninguna de ellas.

No se pone ningún obstáculo a la confesión del deseo, es hacia eso donde el sujeto es dirigido, incluso canalizado.

La resistencia consiste en la incompatibilidad del deseo con la palabra.

Cap 2 apartado 8: Una dirección de la cura se ordena según un proceso que va de la Rectificación de las relaciones del sujeto con lo real, hasta el desarrollo de la transferencia y luego a la interpretación. ¿Es por invertir este orden que hemos perdido el horizonte? (Lacan se refiere a la dirección de la cura que Freud realizó con el hombre de las ratas y también puede referirse a como abordan la cura los pos Freudianos).

 

De la manera en que el analista dirija la cura dependerá que se trate de un psicoanálisis o no. La experiencia Freudiana parte de suponer un saber al analizante. La dirección del proceso analítico apunta a una falta, no al yo del sujeto. Son bien distintos los planos del yo y el plano de la división subjetiva.

 

El psicoanalista no se dirige al plano del yo, sino al subjetivo, esto implica producir una inversión de lo imaginario sobre lo simbólico, al predominio de lo simbólico sobre lo imaginario. Lo imaginario con el discurso común, la dimensión del plano del yo, la relación a a’. El paciente va a dirigir la demanda al analista y muchas veces va a exigir la respuesta a esa demanda. Ese lugar vacío que debe ocupar el analista es porque no hay la respuesta a esa demanda. Lo que frustra, es el lenguaje mismo, la respuesta que el analista no da es porque no hay la respuesta, porque hay falta en el origen mismo de la constitución del sujeto. Responder sería caer en el engaño, sería hacerle creer al sujeto que es posible encontrar ese objeto perdido. El error es ir al lugar donde el analista es demandado, responder a la demanda es caer en la trampa neurótica. En el seminario 10 Lacan dice: “todas las trampas en que ha caído la dialéctica analítica, se deben al hecho de que se ha desconocido la profunda parte de falsedad que hay en la demanda del neurótico. La existencia de la angustia está ligada a la circunstancia de que toda demanda siempre tiene algo engañoso. La angustia surge del colmamiento total de cierto vacío a preservar… los pos Freudianos cayeron en esa trampa”. Cuando alguien quiere algo poco tiene que ver con lo que efectivamente desea y a veces es su opuesto. El sujeto mismo debe encontrar la respuesta. No tiene sentido responder a la demanda porque es siempre demanda de otra cosa. 

 

 

Cap 4, apartado 7: El analista es el hombre a quien se habla libremente. Está ahí para eso, el sujeto invitado a hablar en el análisis, no muestra en lo que dice una gran libertad.

 

Es mas allá del discurso donde se acomoda nuestra acción de escuchar, tomo en ello el camino de oír y no de auscultar (termino médico, escuchar sonidos y ruidos internos del organismo para realizar un diagnostico). Lo que escucho es de entendimiento, el entendimiento no me obliga a comprender.

 

A lo que oigo sin duda, no tengo nada que replicar, si no comprendo nada de ello o si comprendiendo algo, estoy seguro de equivocarme. Me callo. Todo el mundo está de acuerdo en que frustro al hablante y también a mi mismo. Si lo frustro, es que me pide algo, que le responda. Pero él sabe bien que no serían más que palabras. Me pide, por el hecho de que habla, su demanda es intransitiva, no supone ningún objeto. Por supuesto que su petición se despliega en el campo de una demanda implícita, aquella por la cual esta ahí: la de curarlo, revelarlo a si mismo, hacerle conocer el psicoa, hacerlo calificar como analista. Pero esa demanda puede esperar. Su demanda presente no tiene nada que ver con eso, incluso no es la suya, porque después de todo soy yo quien le ha ofrecido hablar: con oferta, he creado demanda.

 

 

Momentos en la cura de Frieda que Lacan ubica en el seminario 10. ¿Por qué son intervenciones eficaces para Little y por qué  para Lacan?: Lacan ubica en el seminario 10, dos momentos, dos intervenciones, que efectúa la analista, donde algo decisivo se moviliza en la relación transferencial que esta en juego, donde hubo una ruptura en la línea de sentido con la que Little y su paciente venían trabajando.

 

  momento: Lacan lo ubica cuando, ante la insistencia de la paciente en relatar discusiones que ha tenido con su madre, por cuestiones de dinero, la analista interviene diciendo: “Escuche, termine con eso, porque literalmente no puedo seguir escuchando, hace que me duerma”.

 

  momento: Cuando la paciente insiste de forma agresiva en relatar sus opiniones, comentarios y consejos con respecto a la decoración del consultorio. A lo que Little interviene diciendo: “Oiga, me da exactamente igual lo que usted pueda pensar al respecto”.

 

Estas intervenciones son ligadas a una intervención posterior realizada por Little, cuando Frieda llega conmovida por la muerte de una amiga de sus padres, a la que no veía desde hace mucho tiempo. La analista le confiesa que ya no entiende nada, que verla así le da pena, sentía pena con ella y por ella.

 

Para Little estas son intervenciones eficaces porque muestran lo vivo del sentimiento del analista, esta implicación (sentía pena por ella), es lo que configura la “respuesta total”, es el elemento clave. La confesión de parte del analista de los sentimiento realmente mostrados o expresados, nombra un compromiso y una implicación del analista, necesarios para el éxito del análisis. Para Little el haber expresado sus sentimientos con respecto a la muerte de ilse y el haberlos ligado con los sentimientos expresados en las dos intervenciones anteriores, habían logrado por primera vez que la paciente ubique a la analista como una persona real y muy diferente a su madre, ya que anterior a esto, cada intervención era escuchada por Frieda por vía materna, lo cual significaba “eres una persona horrible”.

 

Para Lacan si “la interpretación” da en el blanco, no es como sentimiento positivo, sino que es porque introduce, por una vía involuntaria la función del corte. El corte es para Lacan “el modo mas eficaz de la intervención y de la interpretación analítica”.

 

Estas intervenciones son eficaces a partir de los efectos que producen en la cura, para Frieda lo que se pone de manifiesto es que “había una persona para quien ella podía ser una falta”. Con la función del corte se introduce el lugar de la falta, lugar de la castración simbólica, que permitiría acceder al saber de que hay algo perdido, el objeto eternamente faltante, un hueco, un vacío, el objeto a.

 

El objeto a aparece allí donde surge la angustia, “la intervención le había hecho percibir a la paciente que había en la analista lo que se llama angustia, algo que designa en el análisis el lugar de la falta”. Esto abre una dimensión que permite a Frieda captarse como una falta, mientras que no pudo hacerlo durante toda su relación con sus padres.

 

Lacan destaca en estas intervenciones los efectos de función de corte y señala la introducción de un punto de falta del lado del analista, que hace posible prestarse a la encarnación del fantasma fundamental del analizante, representando el ste que falta en el Otro. Este sería un modo de interpretación analítica.

 

Las intervenciones de Little venían siendo escuchadas por la paciente por vía materna, lo cual significaba “eres una persona horrible” aquí la analista había sido ubicada en lugar materno y desde allí las interpretaciones van a ser recibidas por la paciente como provenientes de la persona que la transferencia supone que es. Little logra correrse de ese lugar mediante una serie de intervenciones donde se puede señalar un punto de falta del lado del analista, estas intervenciones producen efectos de función de corte y hace posible su caída del lugar del Otro completo. El analista debe reconocer ese lugar que ocupa para el analizante y evitar intervenir responder desde ese lugar. 

 

 

Crítica de Lacan al pos freudiano: La crítica principal es en relación al uso que estos le dieron a la contratransferencia introduciendo los sentimientos del analista y orientando las interpretaciones desde ellos, lo cual reduce la posición del analista a una posición dual, de persona a persona, situada en el registro imaginario. Lo grave seria que el analista crea que su obligación como analista sea buscar las razones de la actitudes de los pacientes en lo que contratransferencial// sienten con respecto a sus pacientes.

 

Bajo el nombre del psicoanálisis, muchos se dedican a una reeducación emocional del paciente, esto ocurre cuando la interpretación es unilateral, del lado del analista, obedeciendo a un discurso Amo que responde a un deseo único “el deseo de curar” que conduce sus intervenciones. El inc. Es el que interpreta, y el analista si interpreta, interpreta a continuación suyo. “Lo que importa no es tanto lo que el analista dice o hace, como lo que es “.

 

Lo que plantea Lacan con respecto a la posición del analista corresponde al desdoblamiento que sufre su persona, entre la persona del analista y el A del paciente. Que el analista pueda hacer valer la regla de abstinencia de su propio pensar subjetivo, es lo que posibilita que pueda jugar el papel del muerto como en el juego del bridge, la abstinencia no es un refugio en la pasividad, porque la escucha que se ofrece, es una escucha activa, pronta a producir el acto analítico.

 

En la dirección de la cura se trata de que el analista se comprometa a conducir a su analizante siguiendo el rumbo que marca la dimensión del deseo.

 

El caso de kris “Los sesos frescos”

 

Kris se atribuye el merito de retomar el caso de Melitta Schmideberg, según una interpretación mas metódica, la cual procede de la superficie a la profundidad, según kris. Para Kris la dirección de la cura apunta a:

 

1º ubicar las actitudes del paciente (patterns de conducta)

 

2º sitúa estas actitudes en relación al pasado actual (recuerdos).

 

3º va a buscar las identificaciones (sueño con el padre).

 

 

Kris llamó a esta secuencia interpretar de la superficie a la profundidad. La táctica que utiliza es estandarizada y consiste en interpretar de la superficie a la profundidad.

 

En cuanto a la estrategia, (transferencia), la psicología del yo toma a las conductas típicas del paciente entendidas como puras actividades defensivas del yo, como el lugar donde el analista puede establecer una alianza, esta seria una zona de cooperación entre analista y paciente.

 

En cuanto a la política, la interpretación de Kris de que el paciente “no es plagiario” se refiere a una política donde Kris no se deja sorprender por la lógica del analizante. Excluye el deseo del sujeto, dirigiéndolo.

 

La dificultad se plantea en que el paciente quiere hacer una publicación científica, pero se ve frenado porque dice que hay otro trabajo, de otro colega, que tiene la misma coincidencia de ideas, el se ve plagiando a otros colegas y no puede publicar su trabajo.

 

Kris toma el trabajo del colega de su paciente y lo compara con el de este, llegando a la conclusión de que no son trabajos coincidentes “Usted no está plagiando, puede publicar tranquilamente porque no hay plagio alguno en lo que ha escrito”. Según Kris, sus intervenciones fueron aceptadas por el paciente. Habiéndose asegurado que su paciente no es plagiario, cuando cree serlo, pretende demostrarle que quiere serlo para impedirse a si mismo serlo de veras, esto es lo que llaman analizar la defensa antes de la pulsión, que aquí se manifiesta en la atracción hacia las ideas de otros. Esta intervención puede presumirse errónea por el solo hecho de que supone que defensa y pulsión son concéntricos, y están moldeados la una sobre la otra.

 

El paciente, soñando un instante le replica que desde hace algún tiempo, al salir de la sesión, ronda por una calle que abunda en restaurant atractivos, para atisbar en los menús el anuncio de su plato favorito: “sesos frescos”.

 

Para Kris esta acción del paciente tiene que ver con lo acertado de sus intervenciones.

 

La intervención de Kris en la realidad y en los hechos, es el punto donde va a volcar toda su crítica Lacan.

 

Lacan toma este caso para dar el ejemplo de una interpretación que en vez de operar a partir de lo que dice el paciente, de considerar que la verdad del sujeto esta mas allá de lo que el dice. El analista Kris, va a ver en la realidad si es V o F va a confirmar que es lo que le está diciendo. Este paciente produce una respuesta que tiene el valor de corregir al analista, vemos la puesta en acto de una escena, la mostración, lo que llamamos el acting out que esta considerado por Lacan como una forma de decirle al analista erró en el blanco.

 

El analista realizó una interpretación en términos de la realidad, la realidad en el sentido de borrar el deseo del sujeto. Si se le hubiera dado lugar al deseo, el deseo es la interpretación, y la interpretación con Lacan hubiera consistido en escuchar que este paciente se quejaba de robar nada.

 

El paciente robaba o sacaba sus objetos del campo del Otro, (dulces, libros, peces, ideas, sesos…), Lacan dice “Nada”, se trata de ese objeto intercambiable, de la apropiación de ese objeto que figura en ese Otro con el que está dialogando sobre el fondo de una escena de goce.

 

Es un hombre que en verdad quiere nada.

 

La confesión del paciente parece tener el valor correctivo del acting out, se trata de un síntoma transitorio que advierte al analista que erró en el blanco. No es que su paciente no robe lo que importa aquí. Es que no, quitemos el “no”, “es que roba nada”. No es una defensa contra la idea de robar, lo que le hace creer que roba. Es que pueda tener una idea propia de lo que no tiene ni la menor idea. La dirección de la cura en Kris, apunta a corroborar en la realidad si lo que dice el paciente ocurre realmente.

 

El acting out es correctivo de la posición del analista, la posición de analista que critica Lacan es la de cotejar la realidad de las cosas que el paciente “no era plagiario”.

 

Entonces la interpretación siguiendo a Lacan hubiera consistido en escuchar que el paciente se quejaba de robar nada, la nada era objeto de su preocupación.

 

El acting out, es una entidad clínica que sirve para mostrar cómo se advierte en los análisis que hay algo que no funciona, por eso tiene valor correctivo. El paciente, en transferencia sostiene que el plagia, se queja de eso, y el analista, en lugar de aludir en su interpretación a lo que puede causar ese deseo, intenta reducirlo afirmando que es una fantasía, que ese es un fantasma arcaico y que debe ser reconducido por las conductas actuales. Sólo el analista (Kris), está en condiciones objetivas, en tanto poseedor de un yo fuerte y sano, provisto con criterio de realidad adecuada de decidir si allí hay o no plagio.

 

Lo que para Kris es un éxito de la psicología del yo, para Lacan es la producción, en análisis, de un acting out. Se trata de una emergencia pulsional, pero que se produce fuera del análisis, justo después de terminar la sesión.

 

Un acting es cierto tipo de acción inmotivada para el analizante, quien no puede dar cuenta de eso, porque es una acción que no obedece a los patterns de conducta (actitudes del paciente), establecidas por la demanda del Otro.

 

Si se le preguntara al paciente de Kris porqué lo hace, no podría explicarlo. El sólo dice: “Todos los días al medio día, al salir de sesión, voy a la calle x a mirar los menús donde encuentro mi plato favorito: “sesos frescos”. Ni siquiera dice que come, sino que va allí a mirar los menús. Es además una acción repetida: lo hace cada vez que sale de sesión. Además esa acción es relatada al analista.

 

En casi todos los casos de acting out encontramos esas coordenadas:

 

Una acción inmotivada, enmarcada en cierta escenificación.

Relatada como situación repetida, que se comete antes o después de sesión.

El acting es una acción dirigida al analista, le es relatada. Si se produce el acting out, es porque el fantasma en su función de sostén neurótico del deseo a fracasado.

 

El espacio del deseo, que es sostenido en la neurosis por el fantasma, ha sido colapsado por la reducción de la transferencia a un uso sugestivo de la demanda. El fantasma no ha bastado para evitar el colapso. El acting es esa acción por la que el sujeto restaura el intervalo cuando el fantasma ha fracasado en esa función y también tiene que haber caído el acto del analista.

 

La ética del análisis implica que sea el analista quien sostenga el espacio del deseo en la medida en que el fantasma vacila o es atravesado. Cuando el analista cae de su lugar es cuando el acting se produce.

 

El acting out aísla un objeto, un objeto que no es tan importante por lo que tiene de ste ni lo que tiene de imaginario, como por lo que tiene de real. Este objeto es aislado. Sólo el análisis mal conducido lo vuelve usual en este caso. El acting aísla un objeto, lo aísla para indicar que hay otro objeto que es el que está en juego en la Transf... Lo que el acting out aísla es el objeto a, ese objeto del que, por el fantasma, el sujeto no aparece separado. El análisis va en contra del goce fantasmatico, en la medida en que se trata de recortar al sujeto de ese objeto, de separarlo. En la medida en que el sujeto lo acepte, como realmente está, como objeto perdido, ese objeto, esa perdida, bastará para causar el deseo.

 

Lacan denomina al acting out como “la acción del hombre” (en direcc/ de la cura) Lacan habla del acting out en su valor de Hint, de pequeño indicio, de señal dirigida al analista, que puede tener un valor correctivo para el analista, como señal de que hay algo que no esta escuchando, que esta operando demasiado por el lado de la sugestión, produciendo un efecto de asfixia del deseo, esta confundiendo la transferencia con la sugestión. Está usando el poder que le da la Transf. en el sentido de la sugestión y por lo tanto esta dilapidando ese poder. El acting out tiene ese valor correctivo q se encuentra en el ejemplo del caso de Kris.

 

El acting out no solo debe pensarse desde la consideración de su valor correctivo. Es también algo que tiene que ver con el deseo y con el acto, expresa algo relativo al deseo y participa de la dimensión del acto. A pesar de tener otra estructura, también podría decirse esto mismo del pasaje al acto, es ante todo, acto, el suicidio por ejemplo, es un acto.

 

El sujeto responsable del acto no es tanto el que lo comete (siempre hay algo del “yo no sabia” antes del acto), como el sujeto que resulta de ese acto.

 

El sujeto, en el acto, atraviesa su fantasma que le dice cómo hay que portarse, cómo hay que estar bien vestido, cómo hay que disfrutar de las cosas.

 

En el seminario de “La lógica del fantasma” Lacan define por 1º vez el acto, establece 3 puntos en su definición:

 

El acto es un ste

El acto es un ste que se repite

Como efecto del acto el sujeto queda marcado por una denegación, un desconocimiento.

En el instante en que se comete un acto, las referencias del saber cambian y sobre todo en lo que tienen de fantasmaticas.

 

El acto opera por una suspensión de la relación del ste S1 en juego, del ste que se repite, con los otros stes.

 

¿Cuándo se produce ese estado de certidumbre? Se produce cuando salimos del registro engañoso de lo simbólico.

 

Hay varias formas clínicas de entrar en contacto con ese ste autorreferente:

 

El fenómeno elemental en la psicosis, acompañado del estado de certeza.

La angustia, donde emerge algo que no engaña.

El acto, ste que vuelve sobre sí que no remite a otra cosa. El acto arranca de la angustia su certidumbre.

 

 

Lacan en el seminario 10, para trabajar esta modalidad del acto, hace un cuadro tomando: la inhibición, el síntoma y la angustia.

 

I, S y A son dificultades en torno a la realización del deseo.

 

En cuanto a la realización del deseo:

 

Hay dificultad: inhibición

 

+ dificultad: síntoma

 

++ dificultad: angustia

 

 

INHIBIC – IMPED – EMBARZ

 

EMOC      SINT       P. ACTO

 

EMOI      ACTING   

 

 

Lacan coloca al lado de la inhibición el impedimento que quiere decir estar en relación a la trampa, es de alguna manera caer en la trampa, la trampa fundamental del deseo es el narcisismo. Impide la realización del deseo por la imagen de si. (“quería invitarla a salir, pero iba a quedar como un pelotudo”). Caer en la trampa, impidió la realización el acercamiento al objeto de deseo.

 

Hay que estar un poco mas allá  del narcisismo para acercarse al objeto del deseo, está en estado de impedimento frente al deseo, por el resguardo de la imagen de si, por el cuidado extremo al narcisismo (por no quedar como el pelotudo de América). “Esto es sostenido por ciertos ideales y estupideces que nos atraviesan en la vida cotidiana”.

 

¿Dónde va a parar el deseo cuando el sujeto queda en estado de impedimento? El deseo cae bajo represión.

 

Pasamos al Embarazo, la situación embarazosa, el bochorno, por ejemplo fue mas allá de la imagen de sí, atravesó el impedimento pero al precio de que “se puso violeta”, pagando el precio del narcisismo, de alguna manera se está embarazado cuando se esta debajo de la barra. Hacia el camino de la realización del deseo podemos ir mas allá de la imagen de sí, no caemos en la trampa de la inhibición, no caemos en la trampa del impedimento, pero si caemos en la trampa de la división subjetiva. Pagué con el precio de la división pero me pude acercar un poco a la realización del deseo. La dificultad de lazo social actual tiene que ver en no caer debajo de la barra “que no se note que lo necesito”, “que no se llegue a percibir que me importa”. Caer a causa del deseo es un momento de vergüenza, lo que importa rescatar de la vergüenza es que se fue mas allá de la imagen de sí.

 

 

Diferencias del acting out y pasaje al acto como modalidades del acto:

 

 

Acting out: es montar la escena, el espectáculo, una característica es el no registro. Es una mostración para que haya tal mostración tiene que haber una direccionalidad tiene que estar la mirada del Otro, hacia donde dirigir esa mostración. El acting out siempre es en transferencia, por eso ubicamos siempre la presencia de otro, también hay Transf. por fuera del dispositivo analítico. El acting out no hay que entenderlo como fuera del análisis porque de alguna manera tampoco hay un fuera del análisis cuando se esta en análisis.

 

El acting es fuera de las esferas del recuerdo, fuera de la esfera de lo que se dice.

 

Hay que pensarlo como lo pulsional que se impone sin pasar por el decir. Se puede pensar el acting como una manifestación salvaje del inc. Del acting el sujeto no se queja. No hay una pregunta por su sentido. No hay una implicación del sujeto con el acting, pasa a ser una implicación cuando le da estatuto de síntoma. Si bien esta en juego la verdad, tanto en el síntoma como en el acting, lo que los diferencia es el lugar en el cual esta el sujeto, en el síntoma y en el acting.

 

El síntoma tiene estructura de metáfora y el acting no.

 

El acting out es lo que Freud llamaba Agieren que aparece en Freud cuando el sujeto actúa en lugar de recordar. Aparece el agieren en el caso Dora cuando freud hace referencia a la huida de Dora del tratamiento dice: “Actúo conmigo lo que debería haber hecho con el padre”, “actúo lo que debería haber hecho con el Sr. k” donde Dora actúo en lugar de recordar, lo paso por el acto sin saber. También aparece el agieren en el caso de la joven homosexual, Freud subraya y advierte la demasiada publicidad de la joven homosexual como tenía esta gran mostración al Otro. Lacan encuentra que esta joven se topa con el padre a quien le estaba dirigiendo esta mostración y dice la joven: “Mi padre me arrojó una mirada colérica y dio vuelta la cara” esto la precipita a ella a las vías del tren: pasaje al acto: ella se dejo caer, no hay un para quien, es una mostración para nadie.

 

En recuerdo, repetición y elaboración, Freud teoriza mas el agieren diciendo que: No todo puede pasar por los dichos, por el ste. Dice que hay un límite al imperativo del decir. Hay algo del actuar de la estructura misma del sujeto, porque hay un límite a la memoria un límite al imperativo de decirlo todo porque hay un límite al recuerdo por estructura. Entonces también aparece el acting como limite propio de la estructura, la única posibilidad para el sujeto no es el recuerdo, también esta el actuar. Todo no puede decirse.

 

Para los psicoanalistas del yo hay tres técnicas para el tratamiento del acting:

 

La prohibición

La interpretación. Limitada a pacientes que poseen egos bien integrados.

Fortalecer el yo.

Lacan dice al respecto de estas técnicas: Prohibir el acting, en los análisis se prohíbe demasiado, como seria prohibir el acting? Interpretarlo, no se puede interpretar porque no hay una pregunta de parte del sujeto acerca de ese acting. Para ser interpretado se necesita la transferencia, la introducción del Otro. Y fortalecer al yo no es algo que lacan comparta.

 

El acting esta hecho para ser interpretado y por lo tanto interpretarlo lleva al analista a caer en la obviedad.

 

Ese objeto extraño que aísla el acting es la verdad que se dice sobre lo reprimido profundamente, lo primordial de lo reprimido, y cuando emerge algo de eso emerge con una inmensa angustia o de una manera que comporta extrañeza para el sujeto, que no se reconoce en esa verdad revelada. En el acting lo que se dice es verdad pero no sujeto.

 

La intervención del analista no debe remitir a lo obvio, a interpretaciones ya sabidas, ni a interpretaciones que se hicieron previamente, ni a interpretaciones que remiten a un código conocido por todo el mundo. El analista debe buscar con la interpretación un efecto de sorpresa, de confrontación, porque la sorpresa es el efecto que produce sobre el sujeto la revelación de lo inc.

 

¿Qué puede hacer un analista ante una situación de acting? Tener en cuenta ese resto, que es bien real, resto que nos lleva a preguntarnos qué hacen allí los sesos frescos, que tienen que ver. El analista ubicándose en su posición de analista, para lo cual debe abandonar esa otra posición que es la del que insiste en la demanda, la del que sugiere, la del que le recrimina al analizante que no se da cuenta de que lo que dice no es mas que resistencia, etc. Desde su lugar de analista con una verdadera interpretación, la que va del decir del paciente al decir del paciente que la verifica, puede conducir al sujeto por la vía del análisis, que es una vía de subjetivación de un lazo de separación con el objeto. Solo sobre la base de la aceptación de que está perdido podemos armarlo auténticamente.

 

Si hay algo que falta en el acting es el motivo, la motivación está ausente del acting, conviene preguntar cuál es el motor del acting, cuál es la causa del acting.

 

Ni Freud ni Lacan hablan de motivación, porque el psicoanálisis no es una psicología, sino una ciencia de la causa. Freud define el psicoanálisis como una terapia causal. El objeto del psicoanálisis para Lacan es el objeto a, es decir el objeto que escapa a toda motivación determinable por los test psicológicos.

 

¿Por qué Lacan dice que el acting puede tener valor correctivo? Porque aísla el objeto que debiera ser aislado en el análisis cuando esto no ocurre.

 

(Ejemplo del caso de Ruth Lebovici: en el momento en que la analista se propone como madre falica, el paciente sale de sesión y va como a constatar la castración, (baño del cine), ese análisis va en el sentido del goce, y el acting en el sentido del deseo, el acting de este paciente: ir a baños del cine espiar x un agujero a las mujeres mientras hacen pis y el se masturba. Este acting es la manifestación de una perversión, transitoria, pero perversión. Aquí hay que tomar la perversión no tanto por lado del goce (la perversión tiene que ver con el goce), sino por el lado de lo que en la perversión es, para el sujeto, protesta. El sujeto resiste las interpretaciones de su analista, no las quiere, le resultan insoportables.

 

Lacan dice que el acting out es como una suerte de brusca explosión que abre el espacio al deseo. En ese momento del análisis el acting es lo único que vuelve tolerable el encuentro con la analista que ya era insoportable porque iba exactamente en el sentido del goce, vale decir de un achatamiento del espacio del deseo. El acting out es llamado a la presencia del analista, cuando esta presencia se ha desvanecido.

 

Este hecho o relato no entra en una secuencia asociativa, no produce asociaciones significantes, se presenta con carácter de acción, en una escena visual que tiende a una mostración desafiante, provocativa que aparece con toda la fuerza del signo.

El acting out no es del orden del significante sino del orden del signo.

 

Significante: representa a un sujeto para otro significante

Signo: representa algo para alguien.

 

 

Muestra algo para alguien y es una escena dirigida hacia el Otro (A) con mayúscula. Pero un A (Otro) que desfallece en su función de soporte de la transferencia lugar y función sujeto supuesto saber.

 

Será como un pedido al Otro de que ocupe su lugar de interpretante, de semblante de a. De ahí  que algo deba producir el analista para que en un segundo tiempo la acción realizada por fuera reaparezca en el relato para que el acting out retome su discurso. Maniobra que tenderá a sintomatizar, a volver a la estructura de la cadena significante volver a la transferencia para que después pueda devenir material de análisis y de interpretación.

 

Se tratará e intentará hacer pasar el acting out a la dimensión del síntoma, trama que nos muestra cuando un significante que no logra ser articulado a la dimensión simbólica es arrojado a lo real. Podemos decir que el acting tiene que volver a sintomatizarse, volver a la estructura de la cadena significante, volver a la transferencia para que después pueda devenir material de análisis y de interpretación. Para que el acting out retome el discurso, con un adecuado manejo de la dirección de la cura se produce una maniobra de inserción de ese eslabón que quedó fuera de la cadena para que se restablezca, es decir que se sintomatice. A diferencia del síntoma que es interpretable, el acting out no es interpretable porque se juega por fuera del registro de lo simbólico.

 

  

 

 

  Pasaje al acto: Es salirse de la escena, caerse de la escena. El sujeto queda ahí identificado a ese objeto de resto y se deja caer. El pasaje al acto hay que entenderlo como un no referido al Otro, hay que entenderlo como la separación del Otro verdaderamente lograda (x ejemplo el suicidio), El pasaje al acto es lo que no se quiere decir, lo que se rechaza decir pasa al acto, es rechazo de saber, se opone al trabajo analizante, se opone al trabajo del ste.

 

Este dejar caer, es el correlato esencial del pasaje al acto. El dejar caer es visto del lado del sujeto. El pasaje al acto está del lado del sujeto, en tanto que éste aparece borrado al máximo por la barra. El momento del pasaje al acto es el del mayor embarazo del sujeto, con el añadido comportamental de la emoción como desorden del movimiento. Es desde allí donde se encuentra, se precipita y bascula fuera de la escena. Esta es la estructura del pasaje al acto.

 

El sujeto se mueve en dirección a evadirse de la escena. Es lo que nos permite reconocer el pasaje al acto en su valor propio, y distinguirlo del acting.

 

Ejemplos: En el caso de la joven homosexual, la tentativa de suicidio es un pasaje al acto, mientras que toda la aventura con la dama de dudosa reputación es un acting out. La bofetada que da Dora al Sr. k es un pasaje al acto, todo su comportamiento paradójico con la pareja k es un acting out.

 

Se nos presenta también como una escena hecha o relatada, pero es una escena que consiste fundamentalmente en la ruptura de la escena. El ejemplo mas clásico es el suicidio.

 

El sujeto se identifica al objeto a, convirtiéndose en lo que a es en tanto resto o deshecho. En las distintas dimensiones teóricas que convergen para situar al objeto a, objeto causa de deseo, objeto deshecho, resto. Se presentifica el anudamiento del sujeto al objeto. El sujeto se identifica con ese objeto desecho, y se arroja de la escena. Salto al vacío. De una escena en lo real se pasa a un real sin escena.

 

En el pasaje al acto el Otro (A) esta ahí, esta demasiado presente en forma absoluta pero el sujeto no espera ya nada de el. Se ofrece al Otro (A) en esta posición de resto, de desecho. Se arroja en forma sacrificial sin ninguna esperanza ya de hacerse escuchar. El sujeto y el objeto caen así; podemos concluir que tanto en el acting out como en el pasaje al acto, la clínica nos muestra la relación entrañable de un sujeto con el objeto a. En el pasaje al acto el sujeto se identifica con el objeto a y la escena cesa.

En ambos casos se trata de un significante forcluido, de un significante expulsado a lo real acting out y pasaje al acto cuestiones ambas que nos provocan a redoblar nuestra apuesta en la clínica en función y posición de analistas re-interrogando y cuestionando nuestra praxis y abriendo quizás nuevas perspectivas y modalidades diferentes de asistencia.

 

 

Los impasses de la identificación del sujeto: Lombardi

 

Decir que el sujeto es lo representado por un ste para otro ste, podría llevar a suponer que hay un ste que representa bien al sujeto, que habría una buena identificación del sujeto del inc. Una representación adecuada y esto no es así. Cualquier trazo unario que ustedes encuentren en un síntoma, es una manera de identificar al sujeto. Algunas son muy obvias (ejemplo del tartamudo en la fiesta).

 

El neurótico testimonia en el análisis que las identificaciones le caen mal, le producen malestar. Las identificaciones son el resultado de un mandato a gozar de cierto modo y en algún momento puede pasar que el sujeto no quiera eso, que quiera otra cosa, que quiera liberarse de ese ste que lo identifica. En la neurosis se trata de eso de que un sujeto padece de ideales, de stes amo que los molestan y quiere desembarazarse de eso. A nivel de los stes del goce.

 

Ningún sujeto se siente, durante mucho tiempo plenamente confortado por su identificación a un ideal. Llega un momento en que eso asfixia.

 

Logró eso por lo que tanto había luchado y resulta que ahora que lo tiene, ahora que es reconocido como tal, como psicólogo por ejemplo, eso no soluciona los problemas que tenía sino que a lo mejor le crea otros suplementarios. No sabe que hacer, pero ¿No sabe que hacer con qué? Allí surge toda la problemática del deseo, que se moviliza cuando el sujeto sale de la universidad-madre.

 

Cualquier ste que representa al sujeto retorna sobre él diciéndole: “eres esto”. Ese significante, por mas ideal que sea (hermoso, genio, o cualquier otro), toma forma de mandamiento, de insulto se podría decir. Hay algo insultante en el ste, en cada ste. El sujeto necesita para poder vivir que en alguna parte él no sea eso. Hay algo que resiste a ser significantizado en el sujeto y que las formaciones del Inc. no hacen sino producir. Es decisivo no creerse demasiado los halagos, o los títulos, porque en cualquier momento muestran su otra faz de insulto.

 

Lo que rescata al sujeto de la identificación ideal es ese objeto, ese efecto de pérdida de identidad en que consiste el producto del trabajo del Inc., el objeto a. Ese objeto asegura al sujeto su existencia en otro lugar, en otro lugar fuera de esos stes que lo mortifican. “Un sujeto que fuera sujeto puramente del ste sería un sujeto muerto”, esta muerto, pero es inmortal al mismo tiempo.

 

Esa producción del Inc., el a, que viene a funcionar como causa del deseo del sujeto, es lo que detiene el efecto mortificante del ste, lo que hace que el sujeto quiera algo.

 

De esa manera se alivia de la carga insoportable de sostener ideales en el grado en que lo hace un melancólico, y en cierto sentido, sin renunciar a ellos. Un melancólico rechaza su deseo con tal de no desprenderse de sus identificaciones ideales. Entonces los reproches, por ejemplo, que son el retorno de cierto tipo de objeto a que es la voz, le vuelven desde lo real. Como él no quiere saber nada con el objeto como causa del deseo, le retorna desde lo real.

 

Estos reproches, esta voz que le retorna de lo real al melancólico, es un objeto a, pero en el cual el sujeto no reconoce la causa de su deseo, él no quiere saber nada con su deseo.

 

El neurótico tampoco parece querer saber nada con la causa de su deseo, porque le teme. Le teme a su deseo, lo angustia, porque si lo sigue éste lo lleva por vías que implican una pérdida de identidad, una pérdida de referencias simbólicas, de las referencias ideales que trae consigo desde la infancia. Eso no le gusta, prefiere evitarlo, prefiere disfrazar la causa de su deseo en su fantasía.

 

El fundamento, el motor del acto, causa de la acción del hombre, es ese objeto que causa el deseo. Pero para ponerlo en juego hay que dejar de lado ciertas identificaciones, ciertos “yo soy esto”, porque la experiencia del acto transforma al sujeto en algo que ya no es eso que él creía que era.

 

¿Cómo disfraza la causa del deseo el neurótico en su fantasear? Escondiéndola en el Otro, al que lo hace portador del objeto oral, anal, la mirada, la voz. Transfiere al Otro de su fantasma la causa del deseo.

 

 

 

El objeto a como causa del deseo y como condición de goce:

 

El objeto a es el núcleo elaborable de los goces. No hay goce que no lo implique de algún modo. El sujeto se excita pensando en tal o cual imagen del fantasma, pero la fuerza libidinal viene de la mirada oculta que organiza la escena. El a en el fantasma es condición de goce, condición necesaria, pero no suficiente. Lo que debe producirse para que haya goce fantasmatico en el estilo de la neurosis es que el objeto a sostenga la presencia del falo. No hay otro falo que el que puede producirse detrás del velo, cuando la mirada se deja engañar. Porque la mirada puede por el contrario, fuera del uso en el fantasma neurótico, hacer valer la castración en lugar del falo.

 

Ese mismo objeto a es capaz de funcionar, en cambio, como causa del deseo, por su condición de objeto perdido, perdido e irrecuperable, pero presente, no falta. Decir que algo falta es diferente a decir que está perdido, lo que falta es representable, lo que está perdido no. El falo, por mas que falte, por mas que sea objeto del deseo, no es causa del deseo, porque es esencialmente ausencia, una ausencia representable, pero ausencia.

 

Cuando el objeto se despega de toda representación falica, cuando se quitan los velos, cuando la castración del Otro es una evidencia, el objeto se retira de toda manifestación, de todo fenómeno perceptible, la demanda es llamada a silencio, la voz calla, la mirada se ciega, el deseo surge con toda su fuerza, tanta que a veces fuerza al acto.

 

 

En la dinámica efectiva del análisis no tiene mucho sentido hablar de estructuras clínicas. Es mejor hablar de tipos clínicos que se definen por la estructura del síntoma, del síntoma analítico.

 

Si el análisis funciona, la estructura obsesiva en determinado momento se quiebra y surge eso que Freud llamó el núcleo de histeria que existe en toda neurosis obsesiva. Entonces, ¿Cambia el tipo clínico? En cierto sentido sí. Puede ser que una histérica al poco tiempo del análisis ya no tenga síntomas conversivos. ¿Entonces porqué llamarla histérica? Porque habla en discurso histérico, pero también el obsesivo habla, a partir de cierto momento del análisis, en discurso histérico.

 

La fijeza del síntoma es mucho mayor de lo que puede parecer. La terapia analítica lleva muchas veces a hacer otra cosa con su síntoma (con su síntoma que no cesa de venir de lo real a pesar del análisis), no deja de ser obsesivo, pero hace algo con su pensamiento, algo distinto de la paja mental con que antes se atormentaba. También hay casos en que el síntoma desaparece, desplazado por la actividad del sujeto, del sujeto destituido. Allí hay un cambio en el tipo clínico. 

 

 

Seminario 12: problemas cruciales para el psicoanálisis:

 

Cuales son las condiciones requeridas para que alguien pueda decirse: “yo soy psicoanalista”

 

Es del psicoanalista del que se espera saber

 

Lugar del analista: sujeto se caracteriza como siendo del orden de la falta.

 

El análisis esta para enseñarnos que la astucia está en la razón porque el deseo está determinado por el juego ste, el deseo es lo que surge de la marca del ste sobre el ser viviente y lo que se trata para nosotros de articular es: ¿qué es lo que pueda querer decir las vías que trazamos del retorno del deseo a su origen ste? ¿Qué quiere decir que haya hombres que se llaman psicoanalistas? Es evidente que en ese registro el psicoanalista se introduce en 1º lugar como sujeto supuesto saber, es él mismo quien soporta el estatuto del síntoma. El psicoanalista es llamado al lugar del sujeto supuesto saber.

 

El síntoma sería necesario definirlo como algo que señala. Como un sujeto que sabe que eso le concierne, pero que no sabe lo que es.

 

Es de lo real y de su estatuto de lo que se trata en la operación analítica.

 

En el síntoma hay una indicación del saber al que el síntoma mismo alude, que esa indicación sea o no tenida en cuenta permite distinguir entre la clínica Freudiana y todas las demás. Es evidente, de distintas maneras en cada uno de los tipos clínicos. En la neurosis porque lo inc. Que se expresa transpuesto, desfigurado, deformado en el síntoma o en otras formaciones del inc. Tiende a organizarse como un saber a partir de la presencia de alguien que escucha.

 

¿Dónde ubicar ese saber? ¿En el Inc.? ¿En el clínico? Es una experiencia común para quienes han pasado por un análisis, que las raíces inc. Del síntoma condescienden a manifestarse con menos rodeos en la medida en que media una suposición de saber en quien escucha.

 

El analista debe estar advertido de esto, que sepa manejar los resortes que mueven ese saber.

 

Un lapsus, un ste de esos que se repiten ya a lo largo de una primera entrevista, muestran muchas veces muy rápidamente, por la insistencia repetitiva misma, que hay un goce al que el sujeto ha quedado fijado y que inmoviliza su deseo. Esos stes que se repiten pueden ser entendidos por el clínico como manifestaciones de algo que incita al sujeto a gozar.

 

¿Qué puede querer decir saber en ese contexto? Un saber es lo que Freud llama Complejo inconciente, es decir, una articulación de stes. Que encierra a clave de un goce afectado por la represión. El saber, en psicoanálisis, es una articulación de stes que funciona como medio de producción de goce.

 

El síntoma, dice Lacan, es el modo peculiar a cada sujeto de gozar del inc.

 

El ste del síntoma, el ste que se repite, busca hacerse reconocer a nivel del que escucha. Es eso lo que en primera instancia encarna el clínico: el Otro que por escuchar debe recibir ese saber, debe incluso transformarse en la sede de ese saber.

 

¿No les parece sorprendente el hecho de la Transf. pensado en términos de saber? ¿No les parece curioso que el saber Inc. pueda suponerse en el analista?

 

El psicoanálisis cambia el estatuto del síntoma, que pasa a ser claramente un síntoma “para”, para el analista, aliviando su incidencia sobre el cuerpo. El analista queda incluido en la estructura del síntoma.

 

Hay un trabajo que se hace en el primer tiempo de un análisis, un trabajo de formalización del síntoma que implica su articulación con el Otro.

 

En el caso de una neurosis, se trata de un síntoma que ya en las entrevistas deja entrever una estructura de sustitución, presenta un ste que sustituye a otros según la forma de la metáfora, y es ese ste el que comanda cierto goce para el sujeto, cierto goce que es ya una interpretación sicoanalítica del sufrimiento del síntoma. Con el neurótico, suele suceder, que nos quedamos en la suposición. Podemos suponer en efecto que tal síntoma que tiene el paciente es un síntoma de análisis pero nada de lo que sucede después nos lo verifica.

 

Es muy común que lo que parece un síntoma analizable no tenga nada que ver con el orden causal del psicoanálisis. (ejemplo del paciente que temía tener sida, y luego tiene sida y no fue mas a la terapia).

 

Otra eventualidad en la que algo que parece un síntoma neurótico no es verificado como tal por el análisis, es cuando el sujeto no reconoce a su síntoma como tal, atribuyéndolo a su carácter, a la herencia, a una causa

 

Orgánica  o la mala suerte. De ninguna manera cree que eso pueda ser un síntoma, con el que él tenga algo que ver como sujeto del deseo.

 

 

Fases del síntoma analítico:

 

 

Se puede definir como momento 0 (cero) del síntoma, el de la represión bien constituida.

 

 

Primer momento: momento en el cual el sujeto no lo reconoce como tal. Se caracteriza por la egosintonía (Freud), el sujeto no reconoce al síntoma como sufrimiento, no advierte que padece de el porque obtiene de el un doble beneficio porque hay acomodación del yo al síntoma.

Segundo momento: sucede en las entrevistas preliminares, el sujeto advierte algo que es nuevo para él, que eso que a él le pasa es un síntoma en el que tiene algo que ver él como sujeto del deseo. Aunque lo entrevea muy difusamente, la angustia surge en ese momento, delatando una vacilación fantasmatica. Eso angustia y deja entrever cierta causa de la cual el síntoma es el resultado que tiene una relación estrecha con lo mas real del síntoma, el goce sexual. Aca surge algo que tiene más que ver con un real inmiscuido en el síntoma y que revela que el síntoma puede ser una “cobertura” “envoltura” formal del goce, pero todavía no es un síntoma en sentido analítico.

Tercer momento: reconocido el síntoma como algo causado por una cierta relación con el goce, hace falta que el sujeto quiera desembarazarse de eso, que quiera hacer otra cosa con eso que padecerlo y para eso entonces lo incluya en una demanda dirigida al analista, un pedido de ser liberado de ese malestar, en este momento se puede decir que es un síntoma de análisis.

 

 

 

¿Qué es el saber?

 

El saber puede ser una suposición, es decir, nada real. Puede ser un semblante, encarnado por ejemplo por un profesor universitario que no se califica tanto por lo que sepa sino por su función tiene que mostrar un semblante de saber, al menos hasta que gana el concurso.

 

O puede ser un saber que tiene algo más que ver con lo real, que atrapa algo de lo real.

 

El sujeto supuesto saber es una instancia, efecto del dispositivo analítico, que no se confunde con el analista, tanto el psicotico como el sujeto neurótico cree que se sabe en alguna parte, pero no precisamente en la cabeza de su analista. El analista hace semblante de causa del deseo, no de saber. El psicoanálisis tiene como objetivo ético interrogar, cuestionar radicalmente toda suposición de saber.

 

Freud llamo complejo inc. Es una articulación de stes que tienen la capacidad de apresar cierto real que es goce, tenerlo como guardado y listo para ser usado, si se activa ese grupo S2 de stes pueden surgir síntomas.

 

Tenemos por un lado la palabra que activa el complejo y por otro tenemos el complejo que es una articulación inc. De stes que implican cierto saber sobre como gozar, de modo masoquista, anal, etc.

 

Además del ste que activa esta la articulación el vínculo entre ambos, esa articulación se zambulle en la panza del saber, no hace más que engordar el S2. También eso es S1, es decir la articulación del ste S1 con el saber S2. La única forma de extraer el S1 de allí es plantear el vínculo con el saber como imposible.

 

El S1 es efecto de que hay uno de que hay lo simbólico, lo simbólico como agujero, lo simbólico que nombra, produciendo agujeros en lo real.

 

Lombardi: Mis libros son mi semblante auxiliar de saber, si el ste 1 es lo que representa al sujeto para otro ste, este “escritorio” me representa para el S2 del saber que yo debo aparentar. Por eso decimos que es un escritorio, porque sostiene al profesor. El ste del síntoma es del orden del uno, este escritorio, aquí es mi síntoma.

 

La transferencia es consecuencia, no de que hay uno, sino de que hay Otro.

 

Porque hay Otro hay articulación de stes y se producen este tipo de cuestiones, porque hay otro se produce algo del orden de un saber.

 

Para el sujeto en alguna parte se sabe (S2) que quiere decir eso que le concierne, aún si él no puede situar donde.

 

 

El síntoma: Es una manera de gozar. En el momento en que se conecta con el saber el síntoma pasa a ser síntoma de análisis. En el momento en que se expresa en una demanda. Hay que tener en cuenta que la demanda puede ser demanda de otra cosa, demanda de algo distinto que la satisfacción que aparentemente pide. La demanda que se descifra, la demanda oculta, en el análisis es demanda de amor: todo lo que dice el analizante, veladamente es una demanda de amor. Una demanda de reconocimiento del ser. (Reconocer el ser tampoco es dar gran cosa)

 

Se es en el ste, que se es un falso ser, pero sólo en la medida en que se logra cierta inscripción que se “socializa” a nivel del s2.

 

El síntoma es la particularidad, es aquello que nos hace a cada uno un signo diferente de la relación que tenemos en tanto que hablantes- seres con lo real. Esto es indispensable saberlo en la admisión de alguien, es a lo que nosotros nos comprometemos: es el síntoma lo que está en el centro de la regla fundamental.

 

Conferencia en Yale: Un síntoma es curable, la religión es un síntoma. Todo el mundo es religioso, hasta los ateos. Ellos creen suficientemente en Dios, para creer que Dios no está para nada allí cuando están enfermos. El ateismo es la enfermedad de la creencia en Dios, creencia de que Dios no interviene en el mundo.

 

Ser desembarazados de un síntoma, yo no les prometo nada (dice Lacan), pone el acento en la demanda, es necesario que algo puje.

 

 

Conferencia en Ginebra sobre el síntoma: El hombre está capturado por la imagen de su cuerpo. Esto explica el privilegio que tiene dicha imagen para él. ¿Cómo sobreviene un cuerpo? Ese cuerpo adquiere su peso por la vía de la mirada. La mayoría de lo que piensa el hombre se arraiga allí. Sabemos la importancia que para un sujeto tuvo la manera en que fue deseado, (en análisis es importante), los padres modelan al sujeto en esa función simbólica. La manera en que le ha sido dado un modo de hablar, lleva la marca del modo bajo el cual lo aceptaron los padres. El hombre piensa con ayuda de las palabras y es en el encuentro entre esas palabras y su cuerpo donde algo se esboza.

 

 

La mujer: Se define por el no toda y surge de ellas mismas. Ellas mismas son no todas, no se prestan a la generalización falocentrica.

 

 

El ser humano es un ser hablante, ser que también debe poder escuchar, escuchar forma parte de la palabra.

 

Como el nombre lo indica, los autistas se escuchan a ellos mismos. Escuchan muchas cosas, esto desemboca incluso en la alucinación que siempre tiene un carácter más o menos vocal. Todos los autistas no escuchan voces, pero articulan muchas cosas y se trata de ver donde escucharon lo que articulan.

 

Lo que hace que no escuchemos flautista es justamente que ellos no nos escuchan, pero sin duda hay algo para decirles.

 

¿Lo simbólico se aprende?, ¿existe algo en nosotros desde el nacimiento que hace que estemos preparados para lo simbólico, para recibir el mensaje simbólico, para integrarlo? Se trata de saber porque hay algo en el autista o en el esquizofrénico que se congela.

 

Sordomudos: Son capaces de un tipo de gesto muy diferente al gesto expresivo en cuanto tal. El caso de los sordomudos es demostrativo del hecho de que hay una predisposición al lenguaje, incluso en aquellos que están afectados por dicha invalidez. El lenguaje con los dedos no se concibe sin una predisposición a adquirir el ste. Cualquiera sea la invalidez corporal.

 

Psicosomáticos: Todo sucede como si algo estuviese escrito en el cuerpo, algo que nos es dado como un enigma. Un enfermo psicosomático se asemeja más a un jeroglífico que a un grito.

 

Goce del psicosomático: goce congelado. Hay una fijación en un goce especifico, esperamos darle el sentido de aquello de lo que trata. Lo psicosomático está en su fundamento arraigado en lo imaginario.

 

 

Seminario 8 clase 17: El símbolo phi

 

El phi designa el falo imaginario, allí donde el neurótico lo vive de un modo que representa su forma particular de operar y de maniobrar. El símbolo phi mayúscula, es el símbolo del lugar donde se produce la falta de ste.

 

¿Qué quiere decir que un ste falta?

 

El hombre todo lo puede, si no puede hacer algo, lo deja.

 

Ser subjetivado es tener lugar en un sujeto como válido para otro sujeto. Todo lo que para nosotros significa sucede siempre en el lugar del Otro.

 

Para que algo signifique es preciso que sea traducible en el lugar del otro.

 

¿En que momento empieza a aparecer, posiblemente, la falta de significante? En aquella dimensión que es subjetiva y que se llama pregunta.

 

El niño tan pronto sabe afanarse y desenvolverse con el ste se introduce en aquella dimensión que hace que les plantee a sus padres las preguntas más inoportunas: ¿Qué es correr? ¿Qué es un imbecil? Cuando el sujeto se encuentre en el ¿Qué soy? Estará mucho menos avanzado (salvo si esta analizado), pero si no lo está cuando se pone en cuestión mediante un ¿Qué soy? Se vela a sí mismo, preguntarse qué soy es franquear la etapa de la duda por el ser, porque al plantear de este modo la pregunta da de lleno en la metáfora, sólo que no se da cuenta. Para nosotros, analistas, lo mínimo es tenerlo presente, para evitar renovar este antiguo error, siempre amenazante en su inocencia bajo todas sus formas, e impedirle que se responda, por ejemplo, incluso con nuestra autoridad, soy un niño. Lo que esta en juego en toda pregunta formulada no se encuentra en el plano del ¿Qué soy yo? Sino en el plano del otro, en la forma que la experiencia analítica nos permite desvelar del ¿Qué quieres? Se trata se saber que deseamos al plantear la pregunta. Y ahí es donde interviene la falta de ste que esta en juego en la phi del falo. El analista ha descubierto que con lo que el sujeto se enfrenta es con el objeto del fantasma. El objeto verdadero, autentico, del que se trata cuando hablamos de objeto, no es de ningún modo aprehendido, transmisible, intercambiable. ¿Cuál es la relación del sujeto con el ste? En el plano de la cadena inc. Sólo tenemos signos. Es una cadena de signos. Este ste esta siempre escondido, velado. La relación innombrable (indecible), del sujeto con el ste puro del deseo se proyecta en el órgano localizable, situable en alguna parte corporal. Es alrededor de este punto imaginario donde se elaboran los efectos sintomáticos del complejo de castración.

 

¿Qué hace la histérica? ¿UE SOY YO? TIENE PARA ELLA UN SENTIDO. Dora recurre a todas las formas de sustituto que puede dar de este signo phi mayúscula. Sr. k le dijo “mi mujer no es nada para mí”, a saber, no me la pone tiesa, si ella no te la pone tiesa, entonces ¿para que sirves? Porque para Dora la cuestión, como para toda histérica, es ser procuradora de este signo en su forma imaginaria.

 

Prefiere que su deseo este insatisfecho a lo siguiente, que el Otro conserve la clave de su misterio.

 

El obsesivo también se enfrenta al misterio de la falta del ste falico, y también él trata de convertirlo en manejable. Lo que en la obsesión llamamos agresividad, se presenta siempre como una agresión contra esta forma de aparición del Otro, el Otro en tanto puede presentarse como falo.

 

 

Seminario 8 clase 13: la crítica de la contratransferencia:

 

 

La noción de contratransferencia siempre ha estado presente en el análisis, desde el comienzo de la elaboración de la noción de Transf. todo lo que en el analista representa su inc. En cuanto no analizado, ha sido considerado nocivo para su función y su operar como analista.

 

Si se descuidara cierto rincón del inc. Del analista, de ello resultaría verdaderas manchas ciegas. De ello resultaría en la práctica ciertos hechos más o menos graves o molestos, (no reconocimiento, intervención fallida, inoportunidad de alguna otra intervención, incluso error). Toda experiencia del inc. Se lleva a cabo en 1º lugar como inc. Del Otro. Fue en 1º lugar en sus enfermos donde Freud se encontró con el inc. Y para cada uno de nosotros, la idea de que un aparato semejante pueda existir se abre en primer lugar como Inc. del Otro, aunque este elidido. Una vez admitida la función del Otro, todavía es preciso que encontremos allí el mismo obstáculo que encontramos en nosotros mismos en nuestro análisis, cuando se trata del inc.

 

En cuanto al reconocimiento del inc. No tenemos forma de plantear que por si mismo deje ala analista fuera del alcance de las pasiones. Esto sería suponer que es siempre del Inc. de donde proviene el efecto total, global, toda la eficacia de un objeto sexual o de algún otro objeto capaz de producir una aversión cualquiera, física.

 

¿Porqué un analista con el pretexto de que está bien analizado, sería insensible al surgimiento de cierto pensamiento hostil que puede percibir en una presencia que se encuentra ahí?

 

 

 

Del fantasma al acto: El neurótico depende de la demanda para sostener su deseo, está en dependencia de que estos dos usos de la demanda se mantengan diferenciados, si estos dos usos de la demanda se juntan lo que se produce es un achatamiento del espacio del deseo. Ernest Jones decía que hay algo que teme mas el neurótico que su castración, es el desvanecimiento del deseo.

 

Si en general esto no sucede es porque hay algo que sostiene estos dos usos de la demanda como diferentes para el neurótico, que es el fantasma. La fantasía detiene, no permite que se peguen estas dos líneas.

 

También tiene esa función la modalidad histérica de la identificación ya que tiene un parentesco estrecho con la estructura de la fantasía y sirve de soporte del espacio del deseo.

 

La sugestión, a la histérica le llega permanentemente, consulte a quien consulte siempre algo le sugieren, siempre de alguna manera interpretan su deseo en términos de una demanda. ¿De qué manera se protege contra eso la histérica o el histérico? Reforzando la duplicidad de su demanda por medio de la fantasía, o de los sueños, que sostienen, reproducen fantasías.

 

El neurótico suele ser alguien muy atareado, pero que posterga lo que sería el acto con el que realizaría su deseo. Sostener el deseo a partir del fantasma, y no del acto, es el modo neurótico de sostener el deseo. No es el único, sino el análisis no tendría ninguna finalidad. Al neurótico obsesivo su tarea le disgusta, lo fatiga, esta siempre mas o menos cansado, es que él hace su tarea como si lo obligaran a hacerlo, sosteniendo su deseo de un fantasma fundamental por el que parece que lo que regula su vida es la demanda, o el deseo del Otro. Al suyo, no lo pone en juego, o no lo reconoce como suyo.

 

El análisis apunta a que el sujeto sostenga su deseo sin el recurso del fantasma.

 

Se supone que al termino de un análisis el sujeto puede sostener su deseo sin el recurso del fantasma.

 

En el acto el sujeto prescinde, no necesita de esa duplicidad de la demanda. El acto es lo que termina con la indeterminación del sujeto, en el acto el sujeto encuentra su certidumbre, en el acto se juega algo del orden de un rechazo del inc.

 

En el acto el sujeto toma sin pedir, pone en juego el silencio de la pulsión.

 

El acto es del orden de   “¡quiero esto!”.

 

Acerca del proyecto de investigación: “la causalidad subjetiva en una situación de urgencia social. El proceso diagnostico y los efectos terapéuticos específicos del psicoanálisis”

 

El objeto de estudio es la práctica analítica, y no solo las vicisitudes de la población atendida. Esto es coherente con nuestra concepción del diagnostico en psicoanálisis: no se plantea como calcificación del síntoma a partir de un saber exterior, sino que se basa en la perspectiva del sujeto, y en su participación en la producción del síntoma.

 

En función de la pasividad de la demanda y de las características desubjetivadas en que se presentan los síntomas, se suele recurrir a instrumentos diagnósticos mediante recursos ajenos al procedimiento Freudiano, por ejemplo del DSM-IV y administración de test de Rorschach u otro test proyectivo.

 

La ventaja mayor del diagnostico psicoanalítico es que permite ubicar la participación inc. Del sujeto en la creación y sostén de su síntoma. Esa participación es distinta en la neurosis, en las perversiones, y en las psicosis.

 

El diagnostico en psicoa. No consiste en una mera ubicación clasificatoria, sino en un proceso en el que el paciente cambia su actitud ante el padecer.

 

La introducción del tratamiento conlleva, que el enfermo cambie su actitud conciente frente a la enfermedad “por lo común se ha conformado con lamentarse de ella, despreciarla como algo sin sentido, menospreciarla en su valor, pero en lo demás ha prolongado frente a sus exteriorizaciones la conducta represora, la política del avestruz.

 

Es usual escuchar que el psicoanálisis es un tratamiento inadecuado para padecimientos de causalidad subjetiva en situaciones de urgencia subjetiva o de urgencia social. Tales afirmaciones son incorrectas.

 

¿Qué es el sujeto?: Llamamos sujeto al efecto de división que el lenguaje produce en el ser hablante, entre la determinación inc. Que hace de él una marioneta alienada en un saber que desconoce, y la respuesta que lo separa y le permite responsabilizarse de su posición de sujeto. Entendemos por “causalidad subjetiva”, la participación del sujeto en la producción y el sostén de su neurosis o de su psicosis.

 

¿Cuál es el efecto del proceso diagnostico en los pacientes? Aún en situación de urgencia social, la entrevista analítica posibilita la entrada en tratamiento psicoanalítico. Esa entrada conlleva un pasaje del pánico colectivo y las formas extraviadas de la angustia, a una angustia más personalizada, en la que el adulto tiene alguna chance de responder con las referencias estructurales y recursos de que dispone.

 

Las variables principales, además de las variables poblacionales clásicas como sexo, edad, nivel de escolaridad, etc. Son el diagnostico según DSM-IV, el proceso diagnostico psicoanalítico, la implicación causal del sujeto y los efectos terapéuticos característicos del psicoa.

 

El diagnostico según DSM-IV es definida según el manual correspondiente.

 

El proceso diagnostico psicoa. Consiste en el trabajo por el que el analista se ubica en el campo transferencial del paciente, para hacer posible allí una manifestación más nítida del síntoma en tanto expresión de un saber inc. Que concierne y divide al sujeto que lo padece. El resultado del proceso, no es solamente una etiqueta o código diagnostico, sino una puesta en forma del síntoma en un vínculo transferencial que supone al menos una experiencia del inc.

 

Definimos como implicación causal del sujeto al momento y la operación en que el sujeto advierte que hay una causa cuyo resultado es el síntoma y que esa causa le concierne, vislumbrando esa participación en la producción de ese resultado que es el síntoma. Es un momento marcado por la angustia y toma formas diversas en los distintos tipos clínicos. En la neurosis facilita un cambio en la posición del sujeto respecto del síntoma. En las psicosis evidencia la negativa radical del sujeto a corregir su posición respecto del síntoma, al menos mientras no haya un cambio en el Otro (lo que es descripto por Lacan como el rechazo o forclusión que está en la base de la posición y de los sintomas psicótico).

 

Definimos como efecto terapéutico característico del tratamiento psicoa. A la transformación por la que el sujeto que se presenta como paciente comienza a responsabilizarse de su situación y de la división que, por falta o exceso de satisfacción encuentra en su síntoma.

 

Esto supone que hay más de un modo de satisfacer lo que en el ser hablante viene al lugar del instinto: la demanda en tanto exigencia ste, pulsional en los términos de Freud. Hay distintas formas de posicionarse respecto de esa demanda: se la puede padecer, se la puede repetir, se la puede transferir, se la puede actuar, y también llevar al plano donde se juega el acto humano por excelencia.

 

El efecto terapéutico del psicoa. Puede no ser mera catarsis, sino experiencia del inc. Que se añade al inc. Que subyace a los síntomas solo como hipótesis teórica.

 

La duración del tratamiento es pautada por un año y a veces se producen deserciones. El criterio de inclusión consistirá en que el paciente concurra a por lo menos 4 entrevistas en el servicio.

 

Los instrumentos de recolección de datos serán: las entrevistas libres, las historias clinicas,la base de datos informatizada conformada por algunos datos de las historias clínicas y viñetas clínicas, las supervisiones, y las reuniones clínicas semanales.

 

Supervisiones: Consisten en control de la practica de los analistas pertenecientes al servicio y será llevada a cabo por los profesionales de mayor trayectoria y experiencia en la profesión que integran el equipo de esta investigación. Se trata de una actividad regular en la cual un practicante busca testimoniar y asegurarse de su propio acto a través de la mediación del material obtenido en las consultas de su paciente.

 

Las reuniones clínicas semanales consisten en presentaciones de casos por parte de los profesionales. Tienen por propósito transmitir las consecuencias de la práctica en dicho servicio e intentan construir un saber para el psicoa. Sobre la singularidad de cada caso.

 

Plan de actividades: Atención clínica que constituyen entrevistas libres de frecuencia semanal con cada paciente de la muestra a lo largo de un año o lo que dure el tratamiento en el caso de que se produzcan deserciones, actualización permanente de las historias clínicas y de la base de datos informatizada, supervisiones mensuales. Cada seis meses se realizará un informe general de los datos obtenidos. Se realizarán informes anuales con los datos estudiados en los informes semestrales, a la luz de las hipótesis planteadas.

 

Resultados preliminares: Los pacientes que consultan forman parte de una población en situación de urgencia social, residen en una zona afectada por la pauperización económica que aflige al país y por la desorientación cultural de una clase media debilitada en su inserción social. Los índices de desocupación, de consumos nocivos, de delincuencia y otras formas de violencia social son elevados. La derivación, los motivos de consulta y las formas sintomáticas que toman los padecimientos subjetivos resultan de muy variada índole, pero en general, entramados en la situación descripta.

 

Equipo terapéutico: Esta compuesto por 15 psicólogos, con formación psicoanalítica y un médico especialista en psiquiatría que administra psicofármacos en los casos en que resulta conveniente. Los pacientes son recibidos y atendidos individualmente y luego cada caso es supervisado o debatido en reuniones semanales de discusión clínica.

 

En el grupo de 110 pacientes adultos esos factores contribuyen fuertemente al malestar subjetivo. El procedimiento de entrevista libre que empleamos desde el primer encuentro suele llevar al paciente en muchos casos a considerar su participación personal en la producción de la situación de la que se queja.

 

Hemos adoptado un formato de historia clínica en el que solicitamos al terapeuta que anote lo antes posible el diagnostico según DSM-IV y también un diagnostico presuntivo desde la perspectiva psicoanalítica basada en la depuración del síntoma que se logra cuando se lo enfoca desde la realidad y las certezas del sujeto. Eso hizo posible constatar un segundo hecho, que aún entre psicoanalistas con una dilatada formación, resultaba mas fácil encontrar el diagnostico que sigue los criterios del DSM-IV que el que toma en cuenta los criterios nosograficos del psicoa.

 

El diagnostico promovido por el psicoanalista: es mas dificultoso por basarse en coordenadas que sólo se pueden ubicar “desde el interior” de cada caso, una vez que la transferencia se ha desplegado. Dicho proceso diagnostico tiende a producir distintos efectos: catárticos, sugestivos, el sentimiento a veces muy novedoso para el paciente de ser invitado a tomar la palabra y ser escuchado, y sobre todo que la causalidad sobre la que el procedimiento pone el acento es la subjetiva.

 

El servicio de clínica de adultos, ha cambiado, desde una perspectiva asistencialista providencial en el que se ayuda “desde afuera” a una propuesta terapéutica genuinamente psicoa. Que se basa en las coordenadas internas del caso, aún en las condiciones de gratuidad y de limitación temporal en que se desarrolla esa experiencia. Desde la primera entrevista propone al sujeto considerar qué parte le toca en la elaboración causal del padecimiento del que se queja, le abre la posibilidad de recuperar su dignidad de sujeto de un deseo reprimido, no activado sino por la  vía de retorno que es el síntoma, pero articulable de otro modo a partir de que el sujeto advierte que hay una causa para eso y que esa causa no es colectiva sino que concierne le concierne particularmente.

 

El diagnostico psicoa. Aunque mas laboriosos es mas acertado que el DSM-IV porque revela la participación del sujeto. 

 

 

El método freudiano: Caracterizado por la Asociación libre, para que haya psicoanálisis tiene que existir la regla fundamental. La regla fundamental está asociada a otro concepto el cual define si hay psicoa. O no que es la posición del analista. No puede estar la regla fundamental de parte del paciente si no hay otro que escucha de una posición del analista con cierta concepción de la cura. Se habla del método Freudiano y aparecen varios textos de transferencia, porque si no hay transferencia, no puede haber asociación libre, ósea no se puede aplicar la regla fundamental si 1º no esta instalada una transferencia.

 

Hablar de clínica psicoa. Es hablar de la regla fundamental y si el método de l asociación libre podríamos decir que es posible es porque partimos de una suposición básica que es la existencia del inc. Esta suposición era que hablando se va a develar un saber no sabido. La suposición Freudiana del inc. Implica que es necesario la palabra que es necesario hablar para develar el saber, no es poca cosa, son los pilares que rige un análisis, para que eso se devele, no es solamente el sujeto que tiene que hablar, sino que hay otro que escucha que sitúa ese decir.

 

El termino asociación libre es un poco engañoso porque en realidad lo 1º que confrontamos es que no es tan libre que esta determinada por una insistencia del inc. Es en aquello donde aparece cierto obstáculo en el decir que se va a develar algo del orden de la verdad, (verdad que se muestra, pero que hay que saber leerla), tiene que haber un analista que puntúe determinadas cuestiones en el discurso del paciente. Formaciones del Inc., la insistencia ste, y otro engaño es creer que por medio de la asociación libre se puede decir todo, en algún punto esta regla “diga todo”, le estamos diciendo algo que es imposible, decir todo rápidamente, lleva a una detención, hay algo que se obstaculiza, algo se hace real, Lacan lo va a llamar la dimensión real de la transferencia por medio de la presentificación de un objeto, que se pone en juego.

 

Tenemos en el análisis un doble carril: lo que puede ser dicho, lo que puede ser recordado, las cadenas asociativas que va produciendo el sujeto, pero en esas mismas cadenas se va a articular algo que no  tiene palabra, podríamos llamarlo desde freud algo del orden de lo pulsional, que en Lacan estaría remitido al objeto a, a lo real, al goce.

 

Cuando uno escucha a un sujeto, no solamente hay que escuchar la repetición ste, que es importante, (stes que abren puertas a todo lo que es el trabajo del Inc.), también en esa repetición ste, lo que se va escuchando es una posición fantasmatica, ósea aquello que nos va a ir abriendo la puerta a la dimensión de lo real, de lo que vuelve siempre al mismo lugar, una de las definiciones de lo real.

 

Por ejemplo en el hombre de las ratas: el ste Raten demanda goce, están condensados toda una serie de stes: matrimonio, deudas, dinero, etc. En un material clínico, por ahí uno rápidamente puede empezar a recortar esa cadena ste. Uno va a puntuar esos stes, va a hacer el trabajo que el paciente asocie, trabaje y despliegue esa cadena ste. Esos stes condensadores de goce, el sujeto no puede dejar de usarlos, son propios. Al mismo tiempo hay que estar atentos a aquello que no aparece en la cadena ste que tiene que ver con esta dimensión del objeto, de lo pulsional. En la repetición ste, uno va a ir aislando los stes que comandan goce, stes privilegiados, van a ver que Lacan los denomina stes de la transferencia, que son los stes propios de cada sujeto, cuando uno se encuentra con un nuevo paciente, uno no sabe cuales van a ser esos stes que representan su modalidad de goce. El ste aparece en el orden de algo que se repite sin que el paciente se dé cuenta, rápidamente, a veces se puede ir recortando ese ste.

 

Iniciación al tratamiento: Forma parte de los escritos técnicos de Freud, lo que Freud hace es mera recomendación técnica, de lo que debe hacer un analista, del procedimiento, esta diciendo lo que es propio de una cura, introduce la regla fundamental, la asociación libre desde el inicio, desde que conoce a la paciente, Freud explicita la regla fundamental, Freud habla de un período de prueba, donde no lo diferencia demasiado con la iniciación al tratamiento porque ahí ya hay una iniciación al tratamiento y desde el vamos le anuncia al paciente la regla fundamental, “diga todo lo que se le ocurre, no omita nada, aunque le parezca desagradable, aunque le parezca que no tenga importancia”.

 

En la clínica no enunciamos la regla fundamental a cada paciente, pero si bien no esta explicita, esta implícita, en el sentido que si le otorgamos la palabra, si dejamos que comience a hablar lo mas libremente posible, no le marcamos ningún tema, es muy interesante por donde comienza un paciente en el encuentro con un analista y esto es el caso por caso.

 

Por donde empieza el paciente, ya esta hablando de cierta posición, de cierto padecimiento, es un gran error que el analista se precipite y le marque el rumbo.

 

En iniciación al tratamiento, Freud decía que es imposible que alguien que venga a la 1º entrevista no tenga tema, esa ya es una resistencia.

 

Freud pronuncia la regla fundamental desde el vamos, acá hay una diferencia con las entrevistas preliminares de Lacan. Lacan hace una diferencia importante entre las entrevistas preliminares y la iniciación al tratamiento.

 

Lacan le da un marco propio a las entrevistas preliminares que se desarrollan durante un tiempo que puede llegar a ser prolongado, mientras que para Freud es un tiempo bastante abreviado, es una serie de entrevistas, no muchas, en las cuales ya se ha iniciado el tratamiento.

 

En las entrevistas preliminares hay mucho trabajo que se hace pero la iniciación al tratamiento, la entrada en análisis está determinada por toda una secuencia de cuestiones, en las cuales la enunciación de la regla fundamental muchas veces coincide con la entrada en análisis, con el pasaje al diván si es el caso de un consultorio.

 

Freud decía que es un mal pronóstico si el paciente se reserva muchas cuestiones en una 1º entrevista, cuando un paciente de entrada no quiere hablar, o que no se le ocurre nada, vamos a tener mayor trabajo para convertir a ese paciente en un analizante.

 

Freud en 1923, “psicoanálisis y teoría de la libido” retoma la regla fundamental y va a decir que es en aquellas ocurrencias que provocan objeciones aquellas que el paciente rechaza porque le parece que no es importante decirla, son las que entrañan un singular.

 

En iniciación al tratamiento Freud habla de la regla fundamental y de su correlato la atención flotante.

 

La atención flotante es un concepto que los lacanianos tienen algunas objeciones, en relación a que fue un concepto muy tomado por los post freudianos y deformado porque habilitó a todo el concepto de la contratransferencia. Lo que Freud decía con respecto a la atención flotante es que el analista debe abandonarse a su propia agilidad inc. Evitar toda reflexión conciente, no fijar en su memoria algo de lo oído y aprehender de este modo con su propio Inc. lo Inc. del analizante. En la atención flotante, el Inc. del analista debe dirigirse al Inc. del analizante. ¿El analista trabaja con su Inc.? Esto habilitó a los psicoa a que aquello que percibían tenía que ver con algo que tenia que ver con el paciente, lo que percibíamos, sentíamos, lo que estaba pasando casi a nivel subjetivo, tenían que ver con cosas del paciente, no dichas, transferidas sobre el analista, entonces si uno entraba en una sesión en un profundo sopor casi se dormía, esto era interpretado que el paciente se estaba resistiendo y estaba produciendo en el analista aburrimiento, entonces el analista se autorizaba a interpretar esto como resistencia. El analista no esta como sujeto en el mejor de los casos, no actúa con su Inc. porque si actúa con su Inc. es un sujeto dividido, la posición del analista tiene que ver mas con la de semblante de a, más de objeto que como sujeto.

 

El analista puntúa, recorta, tiene que ver mas con la escucha activa del analista.

 

Lo que Freud quiso transmitir con esto de Inc. a Inc. es que la posición del analista tiene que ver con no intervenir desde su yo, ósea de sacarlo del dialogo convencional. Cuando se puntúa algo, se recorta algo, no es desde la convención no es desde lo imaginario, tampoco es desde el inc. Sino que en esa escucha analítica se empieza a escuchar S1 S2, algo de lo pulsional, del objeto a.

 

La posición del analista no está  como la de un sujeto que dialoga con el otro, no mete lo que el piensa como persona. El analista tiene sus ideales, sus conceptos sobre el bien y el mal, sus afectos, todo esto tiene que quedar afuera del consultorio. Cuando el analista mas haya atravesado su propio fantasma, más haya atravesado su propia cura de un análisis, más este advertido de sus prejuicios, más este advertido de cómo sus ideales empañan las asociaciones, mas cómodo va a estar en el lugar de semblante de a. Si uno logra la posición de semblante de a, no está como sujeto, entonces no queda afectado, no queda dividido. Cuando el analista sale cansado del consultorio, con dolor de cabeza, tenemos la obligación ética de preguntarnos ¿Qué pasó? Algo a quedado registrado en el cuerpo, es importante registrar que pasó. En general semblante de a no es una posición incomoda, porque uno descansa de sus fantasmas, de sus ideales. Cuando el analista no puede sostener la posición de semblante de a hay algo de su propia resistencia, de sus propios puntos ciegos. Freud decía: 2Ningún análisis va a llegar mas allá del punto ciego del analista”. Cuando uno elige su analista, esta eligiendo adonde va a llegar su propio análisis.

 

En la medida en que nosotros trabajamos sobre nosotros mismos, nos es más fácil escuchar. Cuando estamos advertidos de nuestro fantasma que no quiere decir que tengamos que haber llegado al atravesamiento del fantasma que está mas del lado del fin de análisis, sino nadie podría analizar hasta haber llegado a su final de análisis. En la medida en que uno este advertido de su fantasma podrá escuchar más el fantasma del otro.

 

En la medida en que el fantasma no este trabajado, lo vamos a actuar, o vamos a intervenir como sujetos.

 

En la medida en que tratamos de comprender mucho lo que le pasa a ese paciente, empezamos a estar mas como otro semejante y si lo comprendemos mucho empezamos a sufrir por el paciente a padecer con él a conmovernos.

 

El Inc. que se devela, no es el del analista y hay un solo sujeto en juego.

 

La transferencia es una consecuencia lógica de la enunciación de la regla fundamental.

 

La transferencia es la que nos permite poner en marcha la regla fundamental y el paciente puede asociar libremente.

 

 

Freud habla de dos tipos de transferencia:

 

La transferencia como obstáculo (Conf. 27)

La transferencia como motor

 

 

La transferencia como obstáculo, en ciertos pacientes la regla fundamental no se cumple, todo aquello que se presentó por el lado de la resistencia esta al servicio de detener la regla fundamental, define a la resistencia como todo aquello que hace obstáculo al análisis y a la asociación libre.

 

La transferencia se manifiesta desde el inicio del tratamiento y no hemos de ocuparnos de ella hasta que no aparezca como resistencia, no nos ocupamos de ella mientras sea favorable al análisis, pero si hay que prestarle atención cuando se transforma en resistencia.

 

La intervención del analista es muy puntual, no es en cualquier momento. Nuestra clínica es bajo Transf.. Sabemos que estamos siendo tomados como objeto transferencial, pero es lo que permite el análisis. En algún momento el analista pensará: Estoy siendo escuchado como una figura paterna y sabemos que nuestra intervención quizá vaya a parar a ese lugar, pero no le diremos “ud. Me trata como si yo fuera su papá”. Si hay algo ahí que aparece como resistencia nos detendremos y veremos cual será la intervención en relación a la Transf.. mientras el análisis vaya por su caudal, no nos metemos con la transferencia.

 

En un psicótico puede aparecer una Transf.. erotomaníaca, pero en un neurótico no es común, puede aparecer en fantasías, como algo a ser trabajado no como obstáculo.

 

Si el analista esta en posición de objeto, el analizante en determinado momento se olvida si el que esta ahí es hombre, mujer, alto, flaco..etc.

 

 

La transferencia como motor, es la que permite la asociación libre. Es la Transf. Sublimada, positiva, implica cierta condición de amor, del acto, que tiene que darse inevitablemente para que alguien vaya a contarle su vida a otro, el lazo libidinal con el analista, esto hace abrir el trabajo asociativo. Este lazo libidinal tiene que ver con algo imaginario. Si no hay un lazo libidinal que se produzca es difícil que la asociación libre se produzca.

 

En iniciación al tratamiento Freud decía que lo que le interesaba ver era si el paciente es plausible de una neurosis de Transf., ósea que alguien tenga una Transf. Que le permita dirigirse al analista y cumplir con la regla fundamental, esto nos lleva a otro tema ¿los psicoticos no tienen Transf.? El psicótico si tiene Transf., fuertisimas, totalizantes, el psicótico no cumple con la regla fundamental, cumple con otro tipo de asociación y también lo importante es que el analista lo deja hablar al psicótico, le da la palabra, le cree lo que dice, igual que al neurótico, pero el trabajo que se va a ir haciendo con eso que dice es diferente. 

 

 

Apertura de la sección clínica: Freud no creyó nunca que cualquiera le diga la verdad. Es suficiente leer la traumdeutung para apercibirse que no cree que la verdad pueda alcanzarla jamás. La verdad no es que no tenga relación con lo que llamé lo real, pero es una relación débil. La manera mas clara en que se manifiesta la verdad, es la mentira, no hay un analizante que no mienta continuamente. Es bien por lo cual la clínica psicoa. Consiste en reinterrogar todo lo que Freud dijo.

 

El real es difícilmente enumerable ¿Cómo la clínica puede ser el objeto de una transmisión? Hay un campo que designé con el nombre del goce de Otro que hay que representar por lo que es como inexistente, lo que haría falta es dar cuerpo a este goce del Otro ausente y hacer un pequeño esquema en donde lo imaginario estaría en continuidad con lo real. Lo imaginario forma parte de lo real, el hecho que hay cuerpos forma parte de lo real, ( el ADN y su doble hélice, es a partir de ahí que es concebible que hay cuerpos que se reproducen). Los cuerpos forman parte de lo real. En relación a esta realidad del cuerpo que sueña y que no sabe hacer mas que eso, en relación a esta realidad, a su continuidad con lo real, lo simbólico es la única cosa que a este asunto da su nudo, que de todo esto, hace un nudo borromeo.

 

¿Las psicoterapias, no valen la pena? No vale la pena terapiar lo psíquico, freud también pensaba eso, que no era necesario apurarse para curar. No se trata de sugerir, ni de convencer, la clínica psicoa. Debe consistir no solamente en interrogar al análisis, sino en interrogar a los analistas, a fin de que den cuenta de lo que su práctica tiene de azarosa. 

 

 

El método Freudiano II: Las restricciones a la libertad asociativa 

 

 

Recuerdo, repetición y elaboración (1914) En la fase de catarsis de Breuer, atendíamos a la génesis de los sintomas y orientábamos toda nuestra labor hacia la reproducción de los procesos psíquicos de aquella situación inicial, para conseguir su derivación por medio de la actividad conciente. El recuerdo y la derivación eran los fines a los que tendíamos con ayuda del estado hipnótico.

 

Cuando renunciamos a la hipnosis, se nos planteó la labor de deducir de las ocurrencias espontáneas del analizado aquello que no conseguía recordar. La resistencia había de ser burlada por la interpretación y la comunicación de sus resultados al enfermo. El olvido de impresiones, escenas y sucesos se reduce casi siempre a una “retención” de los mismos. La amnesia infantil, tan importante para nuestra teoría, es compensada por los recuerdos encubridores, en éstos no se conserva únicamente una parte de nuestra vida infantil, sino todo lo que es ella tuvo importancia esencial. Trátese tan solo de saberlo extraer de ellas por medio del análisis.

 

Podemos decir que el analizante no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo, no lo reproduce como recuerdo, sino como acto, lo repite sin saber que lo repite.

 

Mientras el sujeto permanece sometido al tratamiento no se libera de esta compulsión de repetir y comprendemos que este fenómeno constituye su manera especial de recordar.

 

Nos interesará la relación de esta repetición con la transferencia y la resistencia, la transferencia es una repetición no solo sobre el medico sino sobre todos los demás sectores de la situación presente.

 

Cuando la cura comienza bajo una transferencia positiva, nos permite penetrar en los recuerdos, pero cuando la transferencia se hace hostil, el recuerdo queda sustituido en el acto por la repetición y a partir de ese momento las resistencias van marcando la sucesión de las repeticiones.

 

El enfermo extrae del arsenal del pasado las armas con las cuales se defiende contra la continuación de la cura y de las cuales hemos de ir despojándole poco a poco.

 

El analizante repite en lugar de recordar y lo hace bajo las condiciones de la resistencia. Repite todo lo que se ha incorporado ya a su ser partiendo de las fuentes de lo reprimido: sus inhibiciones, sus tendencias inutilizadas y sus rasgos de carácter patológico.

 

Preparamos desde un principio la reconciliación del sujeto con lo reprimido que se manifiesta en sus sintomas, pero por otro lado, concedemos a la enfermedad un cierto margen de tolerancia. Si esta nueva relación con la enfermedad agudiza algunos conflictos y hace pasar a primera línea sintomas que hasta entonces eran poco precisos, podemos consolar al enfermo observándole que se trata de agravaciones necesarias, pero pasajeras y que en definitiva, no es posible vencer a un enemigo que se mantiene ausente o no está suficientemente próximo.

 

El analista se dispondrá a iniciar con el paciente una continua lucha por mantener en el terreno psíquico todos los impulsos que aquel quisiera derivar hacia la motilidad y considera como un gran triunfo de la cura conseguir derivar por medio del recuerdo algo que el sujeto tendía a derivar por medio de un acto.

 

La mejor manera de refrenar la compulsión repetidora del enfermo y convertirla en un motivo de recordar, la tenemos en el manejo de la transferencia. Cuando el paciente nos presta la mínima cooperación consistente en respetar las condiciones de existencia del tratamiento, conseguimos siempre dar a todos los sintomas de la enfermedad una nueva significación, basada en la transferencia y sustituir su neurosis vulgar por una neurosis de transferencia de la cual puede ser curado.

 

De las reacciones de la repetición que surgen en la transferencia, parten los caminos para la evocación de los recuerdos, los cuales surgen sin esfuerzo una vez vencidas las resistencias. La revelación de la resistencia, no puede tener por consecuencia inmediata su desaparición.

 

Hay que dejarle tiempo al enfermo para ahondar en la resistencia, hasta entonces desconocida por él, elaborarla y dominarla, continuando a su pesar el tratamiento conforme a la regla analítica fundamental. Sólo al culminar esto, llegamos a descubrir en colaboración con el analizante, las pulsiones reprimidas que alimentaban la resistencia. El analista no tiene que hacer mas que esperar y dejar desarrollarse un proceso que no puede ser eludido ni tampoco apresurado.

 

Esta elaboración de las resistencias constituye parte de la labor que ejerce sobre el paciente mayor acción modificadora y la que diferencia al tratamiento analítico de toda sugestión.

 

La transferencia es una pieza de repetición y la repetición es la transferencia del pasado olvidado. Mientras mayor sea la resistencia tanto mas será sustituido el recordar por el actuar.

 

Las resistencias comandan la secuencia de lo que se repetirá. El paciente extrae del arsenal del pasado las armas con que se defiende de la continuación de la cura.

 

Con respecto a los sintomas neuróticos, freud va a decir que los efectos del trauma son de índole doble: positivos y negativos.

 

Positivos: Son empeños por recordar la vivencia traumática, por vivenciar nuevamente la situación aunque sea repetir el vinculo con otro persona.

 

Negativos: Tienen un carácter defensivo, su expresión común son las evitaciones que si se acrecientan podemos entrar dentro de las inhibiciones y las fobias. Y esto también va a contribuir a la formación del carácter. Tanto  los sintomas, como las alteraciones del yo, como las alteraciones del carácter tienen naturaleza compulsiva. Las impresiones tempranísimas de la 1º infancia recibidas en una época en la que el niño apenas tiene acceso al lenguaje exteriorizan en algún momento un carácter compulsivo.

 

 

Comentario del texto de A. Albert sobre el placer y la regla fundamental: En puntualizaciones sobre el amor de transferencia, Freud, hablando del principio de abstinencia, asigna al psicoanalista este deber: “enseñar a su paciente a vencer el principio de placer”, sobre las diversiones agradables que intervienen en la cura luego de una 1º desaparición de los sintomas que impiden el avance.

 

¿Qué relación existe entre los enunciados de la regla fundamental y este decir ético que nosotros le suponemos? El párrafo de la regla fundamental dice: “no excluir de la comunicación ocurrencia alguna por mas que: la sienta desagradable, no pueda menos que juzgarla disparatado, las considere demasiado nimias, piense que no viene al caso respecto de lo que busca”. Si lo desagradable para decir de lo cual habla  Freud es asimilable al displacer, aquel que no nace de simples procesos de pensamiento, sino de una palabra que se hace efectiva. El concepto de regla fundamental, concierne al decir del paciente. Decir lo displaciente y el riesgo inherente a toda comunicación del fantasma desagrada al decirlo.

 

En lo referente al displacer (señal o al displacer), nada es tan incierto y relativo como su definición. Podría no ser ningún displacer, todo lo contrario. El yo (moi), ignora que él solo se sostiene del ocultamiento del sujeto del inc.

 

Sentir el displacer, podría ser un aspecto de las funciones de desconocimiento del yo (moi).

 

En cuanto al displacer cuyo riesgo se corre con el movimiento mismo de la enunciación, sólo puede ser ignorado por el yo (moi).

 

Lo desagradable para decir, en tanto que escapa a toda determinación particular dentro del registro de los afectos, no se confunde con ninguno de los pretextos para no decir: “desagradable sentido, absurdo..”

 

No omitir nada, no es tampoco la orden de decirlo todo, lo cual no haría sino redoblar la exigencia 1º y someter aún mas al hablante al orden del placer y de sus preferencias.

 

La cláusula de NO OMISIÓN ordena decir algo mas, algo tan singular que no sabríamos reconocerlo en ninguna de sus particularidades: no excluir nada, no omitir un cierto nada. Lacan formula en el seminario Aún: “Decir cualquier cosa, sin vacilar ante las necedades que se puedan decir”.

 

La cláusula de NO OMISIÖN aparece como aquello que del decir de la regla, tiende a atraer la palabra que se somete a él hacia un mas allá del principio de placer, hacia una realización puntual de la inversión del displacer en goce, a la aproximación de la singularidad de una cosa que no es reductible a la serie de representaciones placientes o displacientes.

 

El principio de placer reduce la regla a una ley de agradar. Referido a la situación analítica, el ideal del yo, concebido como “ley de agradar”, rige efectivamente la relación con el analista del “sujeto”, en tanto que, este busca realizar allí la imagen narcisista de su yo (moi). La “ley de agradar” supone la existencia de la relación especular al otro a través del cual el yo fija esta forma agradable de él mismo, que la 2º frase de la formula designará como “yo ideal”. El “sujeto” sólo puede hablar apoyándose en el otro sometido a la ley de agradar. En sus esfuerzos por alcanzar el ideal, el yo no se gusta. Todo se pasa como si la complacencia con la ley no hiciera más que realzar la exigencia “súper yoica”. Inclinado sobre la vertiente del deber decir, desconoce los stes de su deseo. A una alienación tal de la palabra, responde el silencio del analista que tiene como tarea indicar esta traición misma. Este silencio significa algo mas que el fracaso del intento de agradar. No provoca un simple displacer, sino que retira al yo el apoyo. Le vuelve displaciente ante el ideal del yo. El sujeto es conducido a producir el ste del cual no existe significado, el ste en su dimensión de necedad en ejercicio.

 

Intervención de Lacan de la exposición de André Albert: El principio de placer, es el principio de taponar la estimulación. El principio de placer es no hacer nada, es hacer lo menos posible.

 

El síntoma es la particularidad, es aquello que nos hace a cada uno un signo diferente de la relación que tenemos en tanto hablante- seres con lo real.

 

Es el síntoma lo que está  en el centro de la regla fundamental. André Albert, señaló  que la única cosa que vale no es lo particular, sino lo singular. La regla fundamental quiere decir: “Vale la pena, hay que sudar la gota”. Cuando proponemos la regla fundamental, hacemos referencia a la particularidad, en tanto que ella incomoda el principio del placer. El principio de placer consiste en no tener nada de particular, es aquello a lo cual un sin número de personas aún se apega: a lo cortés a lo normal.

 

El análisis es algo que nos indica que solo existe el nudo del síntoma, hay que sudar en tal forma que uno puede hacerse de allí un nombre.

 

Nuestra intención consiste en incitarle a pasar por el buen agujero de aquello que le es ofrecido como singular.

 

 

Puntualizaciones sobre el amor de transferencia 1915

 

Los fundamentos de la teoría psicoa entrañan importantes enseñanzas para el médico como para el enfermo. Para el analista supone una indicación y una prevención contra una posible transferencia recíproca, pronta a surgir en él. Le demuestra que el enamoramiento del analizante depende exclusivamente de la situación psicoa y no puede ser atribuido en modo alguno a sus propios atractivos personales, por lo cual no tiene el menor derecho a atribuirse esa “conquista”. Para el paciente surge una alternativa o renuncia al tratamiento analítico o ha de aceptar, como algo inevitable, un amor pasajero por el medico que la trate.

 

La cura debe desarrollarse en la abstinencia debemos dejar subsistir en los enfermos la necesidad y el deseo como fuerzas que han de impulsarle hacia la labor analítica y hacia la modificación de su estado. Mientras no queden vencidas sus represiones su estado la incapacita para toda satisfacción real.

 

Debemos conservar la transferencia amorosa, pero la tratamos como algo irreal, como una situación por la que se ha de atravesar en la cura que ha de ser referida a sus orígenes Inc. y que ha de ayudarnos a llevar a la cc del paciente los elementos más ocultos de su vida erótica, sometiéndolos a su dominio cc.

 

Este amor no se compone ni de un solo rasgo nuevo nacido de la situación actual, sino que se compone en su totalidad de repeticiones y ecos de reacciones anteriores e incluso infantiles y nos comprometemos a demostrárselo al paciente.

 

La resistencia misma no crea este amor, sino que lo encuentra y se sirve de él.

 

Este enamoramiento se compone de nuevas ediciones de rasgos antiguos y repite reacciones infantiles, pero tal es el carácter esencial de todo enamoramiento. No hay ninguno que no repita modelos infantiles.

 

El enamoramiento que surge en el tratamiento analítico:

 

Es provocado por la situación analítica.

Queda intensificado por la resistencia dominante en tal situación.

Es menos prudente, más indiferente a sus consecuencias y mas ciego en la estimación de la persona amada que otro cualquier enamoramiento normal.

 

 

Sabiendo que el enamoramiento del paciente ha sido provocado por la iniciación del tratamiento analítico de la neurosis, tiene que considerarlo (el analista), como el resultado inevitable de una situación médica, análogo a la desnudez del enfermo durante un reconocimiento médico o a su confesión de un secreto importante.

 

Le estará vedado extraer de él provecho personal alguno. Los motivos éticos y técnicos coinciden para apartar al médico de corresponder al amor del paciente.

 

El enfermo debe aprender del analista, a dominar el principio del placer, y a renunciar a una satisfacción próxima pero socialmente ilícita, a favor de otra mas lejana e incluso incierta pero irreprochable tanto desde el punto de vista psicológico como desde el social.

 

Nuevos caminos- Inhibición síntoma y angustia – neurosis obsesiva –leer de resumen cuaderno. 

 

 

Efectos didácticos y terapéuticos del psicoa en el apunte 

 

 

La practica del psicoa en el hospital en apunte. 

 

 

Los caminos de formación del síntoma: (Freud Conf. 23)

 

De los sintomas neuróticos, sabemos que son efecto de un conflicto surgido en derredor de un nuevo modo de satisfacción de la libido. El síntoma es el resultado de una formación de compromiso entre dos fuerzas en conflicto, una de las dos fuerzas es la libido insatisfecha, alejada de la realidad y obligada a buscar nuevos modos de satisfacción. Entonces la formación de compromiso (síntoma) es entre las representaciones reprimidas y las representaciones represoras. La libido si sigue insatisfecha recurrirá en último término a la regresión y buscará su satisfacción en organizaciones anteriores y en objetos abandonados en el curso de su desarrollo. Lo que atrae a la libido por los caminos de la regresión son las fijaciones que fue dejando en sus diversos estadios evolutivos. Cuando las regresiones no despiertan ninguna oposición por parte del yo, no aparece la neurosis y la libido logra una satisfacción. Si la regresión no produce contradicción en el yo, no hay síntoma, por lo tanto no hay neurosis. La libido obtiene una satisfacción real, aunque anormal (PERVERSIÓN) La neurosis se produce cuando esta regresión genera conflicto en el yo. Cuando el yo no acepta estas regresiones, surge el conflicto. La libido encuentra cerrado el camino y se ve obligada a buscar otro camino  conforme a las exigencias del principio de placer. Deberá separarse del yo, y lo conseguirá apoyándose en las fijaciones que fue dejando a lo largo del camino de su desarrollo y contra las que el yo hubo de protegerse por medio de represiones.

 

Neurosis:

 

Frustración de la satisfacción de la libido

Regresión hacia los puntos de fijación de la libido (hasta aquí perversión)

Contradicción con el yo: síntoma

 

 

El síntoma repite esa modalidad de satisfacción, pero el sujeto la padece, no la reconoce. Lo que antes le generaba satisfacción, hoy le genera repudio.

 

 

¿Dónde encuentra la libido las fijaciones de que precisa para abrirse paso a través de las represiones? En las actividades y los sucesos de la sexualidad infantil, en las tendencias parciales abandonadas y en los primitivos objetos infantiles.

 

La fijación de la libido del adulto, puede descomponerse en dos nuevos factores:

 

La disposición hereditaria

La disposición adquirida en la 1º infancia.

 

 

Causa de la neurosis, dada por:

 

 

Predisposición, por fijación libidinal dada por:

Constitución sexual o disposición heredada (vivencias tempranas)

Predisposición adquirida en la 1º infancia o vivenciar infantil (seducción)

2- Vivenciar accidental traumático del adulto (gonorrea)

 

 

Estas dan como resultado una “serie complementaria”: entre la intensidad e importancia patógena de las vivencias infantiles y la de las vivencias del adulto existe una relación de complementariedad. En las neurosis puede haber predominancia de uno de los factores,

 

 

Fantasías primordiales:

 

 

amenaza de castración

Observación del coito

Seducción

 

 

Tales hechos son patrimonio de las neurosis, cuando no son aportados por la realidad, lo son por el fantaseo, por lo que hay entre realidad y fantasía una relación de complementariedad.

 

El niño llena las lagunas de su vivenciar real con el vivenciar prehistórico. Con la fantasía.

 

 

Importancia de la fantasía para la formación de síntoma:

 

Cuando hay frustración la libido emprende el camino regrediente e inviste las posiciones abandonadas. ¿Cómo encuentra la libido el camino hacia los puntos de fijación? Los encuentra por la fantasía. Los objetos y orientaciones de la libido no fueron resignados por completo, son retenidos en la fantasía. Por lo que la libido no tiene mas que volver a las fantasías para hallar la fijación reprimida. En la fantasía están contenidos los puntos de fijación, (por ejemplo en la fantasía de ser devorado por el lobo está contenida la fijación al estadio oral). Estas fantasías gozan de cierta tolerancia y no generan conflicto en el yo mientras la libido al investirlas, se mantenga en un cierto nivel (condición cuantitativa). La fantasía así investida exige una realización. Esto genera un conflicto con el yo y se reprime. Para que haya síntoma la fantasía investida regredientemente debe despertar un conflicto en el yo (sino hay perversión), por lo que se  reprime y hay satisfacción sustitutiva en el síntoma.

 

Si hay un exceso en la investidura,  la fantasía se reprime, se vuelve inc. Y desde allí la libido migra a los lugares de fijación y se produce el síntoma.   

 

 

Acerca de la causalidad psíquica – Lacan “la causalidad esencial de la locura” (escritos I) El fenómeno de la creencia delirante es el de desconocimiento. Porque desconocer supone un reconocimiento, el que hay que admitir que lo que se niega debe de ser de algún modo reconocido.

 

La alucinación es un error “amasado con la pasta de la personalidad del sujeto y hecho con su propia actividad”.

 

En los sentimientos de influencia y de automatismo el sujeto no reconoce sus propias producciones en su calidad de suyas.

 

La realidad que el sujeto confiere a tales fenómenos, todos, alucinaciones, interpretaciones, intuiciones y aunque el sujeto los viva con alguna extrañeza, son fenómenos que le incumben personalmente: lo desdoblan, le responden, le hacen eco, leen en él, así como él los identifica, los interroga, los provoca y los descifra, y cuando llega a no tener medio alguno de expresarlos, su perplejidad nos manifiesta asimismo en él una hiancia interrogativa: es decir que la locura es vivida en el registro del sentido.

 

El fenómeno de la locura no es separable del problema de la significación para el ser en general, del lenguaje para el hombre. El lenguaje del hombre, ese instrumento de su mentira, está atravesado de parte a parte por el problema de su verdad.

 

Las significaciones de la locura: las alusiones verbales cuya resonancia necesitamos oír en una palabra para detectar el delirio, esa transfiguración del término en la intención inefable, esa fijación de la idea en el semantema, que tiende a degradarse en signo. El neologismo, naufragio de la sintaxis, esa característica que marca, desde la unidad de un estilo hasta las estereotipias. Todo aquello por lo cual el alienado se comunica con nosotros a través del habla o de la pluma.

 

Lo ideogénico, no es otra cosa que la búsqueda de los limites de la significación, viene a desplegar ese magnifico abanico de estructuras que va desde los denominados “postulados” de los delirios pasionales hasta los fenómenos calificados de básales del automatismo mental.

 

“No se vuelve loco el que quiere”, pero tampoco no al que quiere alcanzan los riesgos que rodean la locura. No bastan un organismo débil, una imaginación alterada, conflictos que superen a las fuerzas. Puede ocurrir que un cuerpo de hierro, poderosas identificaciones y las complacencias del destino, inscritas en los astros, conduzcan con mayor seguridad a esa seducción del ser.

 

El medico, aquel que le opone al loco que lo que éste dice no es cierto, no divaga menos que el loco mismo.

 

 

Seminario 5, clase 23: el obsesivo y su deseo: Las estructuras neuróticas están condicionadas por las formaciones del inc.

 

El obsesivo ha de constituirse frente a su deseo evanescente. La razón de que su deseo es evanescente ha de buscarse en una dificultad en su relación con el Otro, en tanto que éste es el lugar donde el ste ordena el deseo.

 

En la obra de freud, el hombre siempre se experimenta en base al hecho de que se constituye como sujeto de la palabra. Su relación con la vida resulta estar simbolizada mediante aquel señuelo: el ste del falo.

 

El falo es el vértice, el punto de equilibrio, es el ste por excelencia de la relación del hombre con el significado.

 

La inserción del hombre en el deseo sexual, está condenada a una problemática especial, la dialéctica de la demanda, esta siempre pide algo más que la satisfacción a la que apela y va mas allá. De ahí el carácter problemático y ambiguo del lugar donde se sitúa el deseo. Este lugar siempre está mas allá de la demanda en tanto que la demanda apunta a la satisfacción de la necesidad y está más acá de la demanda en tanto que la demanda, por estar articulada en términos simbólicos, va mas allá de todas las satisfacciones a las que apela, es demanda de amor que apunta al ser del Otro. Que el Otro dé lo que está mas allá de toda satisfacción posible, su propio ser, a eso se apunta en el amor.

 

En el espacio virtual entre el requerimiento de la satisfacción y la demanda de amor es donde el deseo ha de ocupar su lugar y ha de organizarse.

 

En este intervalo es donde el deseo ha de ocupar su lugar y ha de articularse.

 

El Otro en cuanto lugar de la palabra, en tanto que es a él a quien se dirige la demanda, será el lugar donde se ha de descubrir el deseo, donde se ha de descubrir su formulación posible. Ahí se ejerce la contradicción, pues este Otro está poseído por un deseo, un deseo que, inauguralmente y fundamentalmente es ajeno al sujeto.

 

Las estructuras neuróticas, son distintas según se haga hincapié en la insatisfacción del deseo, y así es como la histérica aborda su campo y su necesidad, o en la dependencia respecto del Otro en el acceso al deseo y así es como este abordaje se le propone al obsesivo.

 

El deseo es para el histérico un punto enigmático. El deseo de la histérica no es deseo de un objeto sino deseo de un deseo. El histérico se identifica con un objeto: Dora se identifica con el Sr. k Elizabeth von R se identifica con diversos personajes de su flia. Y entorno. Ese alguien se convierte para el histérico en su otro yo.

 

En la medida en que el histérico reconoce en otro los índices de su deseo, ósea que ese otro se encuentra frente al mismo problema de deseo que el histérico, se produce la identificación, con todas las formas de contagio, de crisis, de epidemia, de manifestaciones sintomáticas, tan característico de la histeria.

 

Al obsesivo, el problema del deseo del Otro se le presenta de una forma distinta: El papel de los fantasmas en el caso de la neurosis obsesiva tiene algo de enigmático, pues el término de fantasma nunca se define.

 

La relación con la imagen i (a), se sitúa en una experiencia integrada en el circuito primitivo de la demanda, en el cual el sujeto se dirige en 1º lugar al Otro para la satisfacción de sus necesidades.

 

La relación de la imagen se encuentra en el nivel de las experiencias e incluso del tiempo en que el sujeto entra en el juego de la palabra, en el límite del paso del estado infans al estado hablante.

 

El fantasma lo definiremos como lo imaginario capturado en cierto uso de ste. Esto se manifiesta y se observa de forma característica, aunque sólo sea cuando hablamos de los fantasmas sádicos, que desempeñan un papel tan importante en la economía del obsesivo.este fantasma no es una imagen ciega del instinto de destrucción, es algo que el sujeto articula en una escenificación en la que se pone en juego él mismo.

 

Freud refería al fantasma de flagelación, que parecía desempeñar un papel muy particular en el psiquismo femenino. Dicho fantasma desempeña un papel particular en cierto hito del desarrollo de la sexualidad femenina, precisamente en tanto que en él interviene la función del ste falo. Esta función no desempeña un papel menor en la neurosis obsesiva y en todos los casos en lo que vemos surgir los fantasmas llamados sádicos.

 

El fantasma participa del orden imaginario, pero sólo adquiere su función en la economía por su función ste.

 

¿Qué es un fantasma Inc.?

 

Es la latencia de algo que es totalmente concebible como cadena ste. Hay en el Inc. cadenas stes que subsisten en cuanto tales, que desde ahí estructuran, actúan sobre el organismo, influyen en lo que surge en el exterior como síntoma.

 

El fantasma es un imaginario capturado en una determinada función ste.

 

Cuando vemos a un obsesivo en bruto o en estado de naturaleza, vemos a alguien que nos habla ante todo de toda clase de impedimentos, de inhibiciones, de obstáculos, de temores, de dudas, de prohibiciones. Sabemos de entrada que no será en ese momento cuando nos hable de su vida fantasmatica, sino gracias a nuestras intervenciones terapéuticas o sus tentativas autónomas de solución, de salida, de elaboración de su dificultad propiamente obsesiva. Entonces nos confiará la invasión de su vida psíquica por fantasmas.

 

El obsesivo siempre está  pidiendo permiso. Pedir permiso es tener como sujeto una determinada relación con la propia demanda de uno. La negativa y el permiso se implican.

 

Hay retorno a una de las etapas imaginarias de la infancia.

 

Lo que vemos es que durante la regresión, el sujeto articula su demanda actual en el análisis en términos que nos permiten reconocer una determinada relación respectivamente oral, anal, genital, con cierto objeto.

 

Cuando en el Inc. el sujeto articula su demanda en términos orales, articula su deseo en términos de absorción, se encuentra en una determinada relación, en una articulación ste virtual que es la del inc. Esto nos permitirá calificar de fijación en determinado algo que se presentará en un momento de la exploración analítica con su valor particular y podremos considerar interesante hacer regresar al sujeto a ese estadio para que pueda elucidarse algo esencial sobre el modo en que se presenta su organización subjetiva.

 

Interesa, porque en ese momento de su demanda fue cuando para él se plantearon los problemas de sus relaciones con el Otro, que luego resultaron determinantes para el establecimiento de su deseo.

 

Todo lo que obedece a la demanda en lo que ha vivido el sujeto es cosa pasada, de una vez para siempre. Las satisfacciones, las compensaciones que podamos darle nunca serán más que simbólicas y dárselas puede considerarse incluso un error, si no es imposible. Creo que es un error de orientación del análisis, porque deja sin verificar las cuentas, al final del análisis, de las relaciones con el Otro.

 

 

El obsesivo resuelve la cuestión de la evanescencia de su deseo produciendo un deseo prohibido. Se lo hace sostener al Otro, precisamente mediante la prohibición del Otro.

 

Esta forma de hacerle sostener el propio deseo al Otro es ambigua, porque un deseo prohibido no quiere decir un deseo extinguido. La prohibición esta ahí para sostener el deseo, pero para que se sostenga ha de presentarse.

 

La agresividad del obsesivo, toda emergencia de su deseo sería para él ocasión de aquella proyección o de aquel temor de venganza que inhibiría todas sus manifestaciones.

 

Toda tentativa de reducir el deseo a algo cuya satisfacción se demanda tropieza con una contradicción interna.

 

La ilusión, el propio fantasma que está  al alcance del obsesivo es que a fin de cuentas el Otro consienta su deseo.

 

Los procedimientos que encuentra por sí mismo el obsesivo, en los que busca la solución del problema de su deseo, son mas adecuados, porque al menos este problema se lee en ellos de una forma clara.

 

Entre las formas de solución, las hay por ejemplo que se sitúan en el plano de una relación efectiva con el otro. La forma en que el obsesivo se comporta con su semejante, cuando todavía es capaz de hacerlo, cuando no está sumergido por sus síntomas, es en si misma suficientemente indicativa.

 

Efecto del superyó: se infligen toda clase de tareas duras, agotadoras, y por otra parte lo consiguen, tanto mas fácilmente cuanto que es lo que desean hacer y lo consiguen muy muy brillantemente y por eso tendrían todo el derecho a unas pequeñas vacaciones. En el obsesivo, el trabajo es algo muy eficaz, está hecho para liberar el tiempo de partir a toda vela,

 

La hazaña: el sujeto domina, doma, incluso domestica una angustia fundamental.

 

Lo que el obsesivo quiere mantener ante todo, aunque no lo parezca, aparentando pretender otra cosa, es este Otro en el que las cosas se articulan en términos de ste.

 

Su objetivo esencial es el mantenimiento del Otro.

 

 

Función y campo de la palabra y del lenguaje: palabra vacía y palabra plena

 

 

La palabra del paciente, toda palabra llama a una respuesta. No hay palabra sin respuesta, incluso si no encuentra mas que el silencio, con tal de que tenga un oyente, y  éste es el meollo de su función en el análisis.

 

La palabra vacía muestra que es mucho mas frustrante que el silencio.

 

Lacan llamará al psicoanalista, practicante de la función simbólica, cuyas fuentes subjetivas se encuentran en una connotación vocálica de la presencia y de la ausencia.

 

  Este practicante es el que vuelve a traer la experiencia psicoanalítica a la palabra y al lenguaje para lograr una eficacia en la interpretación.   Se tratará  de restituir a la palabra su pleno valor de evocación pues la función del lenguaje no es informar, sino evocar. La acción analítica no tiene otro fin que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización por el sujeto de su historia en su relación con el futuro. Distingue también el registro del yo del registro del sujeto afirmando que no hay que confundir al yo del sujeto con la presencia que nos habla para distinguir, entonces, la palabra plena de la palabra vacía. En la medida en que el yo está también formado de palabras es necesario saber por quién y para quién el sujeto plantea su pregunta. “El arte del analista debe ser el de suspender las certidumbres del sujeto hasta que se consuman sus últimos espejismos. Y es en el discurso donde debe escandirse su resolución”.

 

La posición subjetiva del ser depende de una pregunta que la estructura. El orden de la pregunta pertenece al eje simbólico pero se encarna en el eje imaginario. Como dijimos al principio de nuestro texto, esa pregunta para la histeria será ¿soy hombre o mujer? dirigida a la otra mujer; para la obsesión será ¿estoy vivo o muerto? arrastrando “en la jaula de su narcisismo los objetos en que su pregunta repercute, en la coartada multiplicada de figuras mortales”. 

 

Hay que recordar que la neurosis obsesiva es una enfermedad moral donde el sujeto se reprocha su cobardía y tiene ideas mortificantes de culpa y deuda. Para poder ayudar a un obsesivo a salir de las aporías de su fantasma se necesita saber cuál es la problemática ética que está en juego en el deseo como imposible.

 

En la histeria la división del sujeto está más acentuada en su falta en ser o alienación al deseo del Otro. En la obsesión el sujeto puede llegar a resignar todo contacto con el otro en un aislamiento absoluto para defenderse del deseo, sumido en sus rumiaciones y denegando la división subjetiva que produce el inconsciente. Esto puede manifestarse en formaciones reactivas, como por ejemplo, frente a un impulso asesino la contrapartida de una exagerada compasión por los seres vivos.

 

En cuanto a la subjetivación forzada de la deuda o trance obsesivo, se hace necesario ubicarla en el orden simbólico porque allí está en juego el deseo y la ley, lo prohibido y lo permitido, el goce y su legitimación. La deuda simbólica, de la que el sujeto es responsable como sujeto de la palabra, es una hiancia imposible de colmar y sus efectos se observan en la subjetivación forzada con síntomas, inhibiciones y angustia. El deseo aparece como deseo ilegítimo o deseo de contrabando.

En el campo del Otro cada sujeto formula una reivindicación de su derecho al goce vinculada a la deuda. Lacan llegará a ubicar la posición masculina como cuenta deudora: tiene derecho al falo pero no sin contraer una deuda; y la posición femenina como de reivindicación fálica o de crédito impugnado.

 

El problema del goce tanto en la neurosis como en la perversión tiene dos ejes: el fálico y el pulsional. En la psicosis, por la forclusión del falo, el goce se hace presente como goce del Otro. En la histeria y en la obsesión la reivindicación del derecho al goce se sitúa con relación al falo porque es el significante del goce.

 

Lacan extrae de Hegel la fórmula del deseo como deseo del Otro. El deseo no es deseo de un objeto natural sino de reconocimiento. El sujeto trasciende del nivel animal al nivel humano como deseo, como falta y lo que falta es el reconocimiento del otro deseante. La duda y la procastinación, dos rasgos de carácter del obsesivo presentes en su fantasma imaginario, son explicados como consecuencia de la servidumbre del obsesivo al amo, colocándose a la vez como amo virtual, y de la dimensión de la espera de la muerte del Otro, único límite al goce que encuentra como defensa. Esta espera, ese suspenso, esa dificultad de elegir, la duda entre algo y su contrario son inherentes a la obsesión.

 

El analista, con un buen manejo de las sesiones breves, puede correr al obsesivo del trabajo forzado que se propone por sus resistencias, introduciendo así una mediación con la muerte. 

 

Tanto en la neurosis histérica como en la obsesión el fantasma es una respuesta. En la histeria con relación al sexo y en la obsesión con relación a la existencia; de aquí que se pueda pensar con relación al engaño fantasmático que en la histeria se intenta engañar al deseo y en la obsesión se intenta engañar a la muerte.

 

El analista deberá operar para no quedar enredado en la retórica de estos síntomas, con la finalidad de devolver al sujeto la responsabilidad sobre su goce: cuando no anda y cuando vuelve a andar.