miércoles, 12 de junio de 2013

Filmaciones mudas de Freud





Resumen de S. Freud Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto (Parte A: los límites de la interpretabilidad) (1925).



El problema de si cada uno de los productos que nos ofrece la vida onírica puede ser traducido completa e inequívocamente a la modalidad expresiva de la vida diurna (interpretación) no ha de ser tratado en forma abstracta, sino refiriéndolo a las condiciones en las cuales se lleva a efecto la interpretación de los sueños.
Nuestras actividades mentales tienden a un fin útil, o bien a un inmediato beneficio placentero. En el primer caso se trata de decisiones intelectuales, de preparativos para la acción o de comunicaciones a otras personas; en el segundo, las denominamos «juegos» o «fantasías». El soñar es una actividad perteneciente al segundo orden, que filogenéticamente es en realidad el más primitivo. El sueño tiene una sola función: la de evitar la interrupción del dormir. El sueño puede ser calificado como un trozo de fantasía puesto al servicio de la conservación del reposo.
De ello se desprende que en el fondo al yo durmiente no le importa qué sueña durante la noche, siempre que el sueño cumpla la tarea que le concierne; además, puede deducirse que aquellos sueños de los cuales nada se recuerda al despertar son los que mejor han cumplido su función. Si con tal frecuencia sucede de otro modo, si recordamos los sueños, ello comporta cada vez una irrupción de lo inconsciente reprimido al yo normal. En tales casos, lo reprimido no se ha mostrado dispuesto a colaborar en la eliminación del amenazante trastorno del reposo, a menos que se le concediera esa compensación. Sabemos que el sueño deriva precisamente de esta irrupción la importancia que tiene para la psicopatología. Cuando podemos revelar su motivo impulsor, obtenemos una insospechada información sobre las tendencias reprimidas en el inconsciente; por otra parte, cuando anulamos sus deformaciones tenemos oportunidad de vislumbrar el pensamiento preconciente en un estado tal de concentración interior que durante la vida diurna jamás se habría atraído la atención de la conciencia.
La interpretación onírica siempre será una parte de la labor analítica, en ella dirigimos nuestro interés, según sea necesario, al contenido onírico preconciente, o a la participación inconsciente en la génesis onírica, y muchas veces descuidamos uno de estos elementos en favor del otro. Por otra parte, de nada serviría que alguien se propusiera deliberadamente interpretar sueños fuera del análisis; y si se dedicara a elaborar sus propios sueños, no haría sino emprender su propio autoanálisis.
Al practicar la interpretación de los sueños de acuerdo con el único procedimiento técnico que puede justificarse, pronto se advierte que el éxito depende enteramente de la tensión que la resistencia crea entre el yo despierto y lo inconsciente reprimido. Bajo «alta presión de resistencia» de las producciones oníricas del paciente sólo se llega a utilizar y a interpretar una pequeña parte, y aún ésta, por lo general, tan sólo incompletamente.
En algunos sueños aislados la interpretación demuestra que tienen sentido; en otros no se puede saber si lo tienen. Pero justamente el hecho de que el éxito de la interpretación esté subordinado a la resistencia permite al analista superar tal modestia forzosa. En efecto, se puede hacer la experiencia de que un sueño, incomprensible al principio, se torne transparente aun en la misma sesión, una vez que se haya logrado eliminar una resistencia del paciente mediante su feliz discusión. Sucede entonces que al paciente se le ocurre de pronto un trozo olvidado del sueño, que ofrece la clave de la interpretación, o bien surge una nueva asociación, con cuya ayuda se iluminan las sombras. También puede suceder que, luego de meses o años de esfuerzos analíticos, se retorne a un sueño que al comenzar el tratamiento parecía carente de sentido e incomprensible, y que ahora se presenta con plena claridad, a través de los conocimientos adquiridos en el ínterin. En general el sueño es una formación psíquica interpretable, pese a que las circunstancias no siempre permitan alcanzar la interpretación.
Una vez hallada la interpretación de un sueño, no siempre es fácil decidir si es «completa». En tal caso, debe considerarse demostrado aquel de los sentidos que esté abonado por las asociaciones del soñante, sin que por ello siempre sea lícito rechazar el otro sentido probable. Además, también en la vida diurna y fuera de las circunstancias de la interpretación onírica se da el caso de que subsista nuestra duda con respecto a si una expresión oída o una información obtenida aceptan tal o cual interpretación, o si, además de su sentido evidente y manifiesto, no significan quizá alguna otra cosa.
Naturalmente, la elaboración onírica tropieza con dificultades al tratar de hallar medios de representación para las ideas abstractas.

¿Qué es una mujer?

 

 

¿Qué es una mujer? Es un síntoma. Es un síntoma y eso se ve, eso se ve por la estructura, ahí, que estoy por explicarles. Está claro que, si no hay goce del Otro como tal, es decir, si no hay garante encontrable en el goce del cuerpo del Otro que haga que, gozar del Otro como tal, eso exista, aquí está el ejemplo más manifiesto del agujero de lo que no se soporta más que del objeto a minúscula mismo; pero por error, por confusión, una mujer, no más que el hombre, no es un objeto a; ella tiene los suyos, que he dicho recién, de los que se ocupa; eso no tiene nada que ver con aquel del que ella se soporta en un deseo cualquiera. Hacerla síntoma, a esta una mujer, es de todos modos situarla en esta articulación en el punto en que el goce fálico como tal es también su asunto. Contrariamente a lo que se cuenta, la mujer no tiene que sufrir ni más ni menos castración que el hombre. Ella está, respecto de eso de lo que se trata en su función de síntoma, completamente en el mismo punto que su hombre. Simplemente hay que decir cómo para ella esta ex-sistencia, esta ex-sistencia de Real que es mi falo de recién, aquel sobre el cual los he dejado con la lengua afuera, se trata de saber lo que de eso corresponde para ella. ¡No se imaginen que es el cosito del que habla Freud! No tiene nada que ver con eso. Esos puntos suspensivos del síntoma de hecho son unos puntos, si puedo decir, de interrogación en la no-relación. A pesar de todo quisiera, para desbrozar lo que ahí introduzco, mostrarles por qué sesgo se justifica esta definición del síntoma. Lo que hay de sorprendente en el síntoma, en ese algo que, como ahí, se besuquea con el Inconsciente, es que uno allí cree (on y croit)....una mujer en la vida del hombre, es algo en lo cual él cree (à cuoi il croi). El cree que hay una, algunas veces 2 o 3; y esprecisamente ahí además que está lo interesante: es que él no puede creer sólo en una.

 

Jacques Lacan Seminario 22 R.S.I - pág.48

jueves, 6 de junio de 2013

Un dibujo de Dalí, hecho al carbón: “Retrato de Freud”



Según cuenta Dalí en su libro Diario de un genio (Memorias, 1952-1964), el escritor Stefan Zweig –quien habría de ser, con Ernst Jones, uno de los dos únicos oradores en el funeral de Freud– fue quien posibilitó al pintor la visita anhelada a Sigmund Freud.

Parece que Salvador Dalí se esforzó enormemente por impresionar al gran psicoanalista vienés, hablándole con pasión sobre sus propios escritos e invitándolo a leerlos. Freud, sin inmutarse, lo observaba en silencio. Al despedirse, Sigmund Freud pronunció una sola frase que quedó grabada para siempre en la mente de Dalí:

“Nunca había conocido a tan perfecto prototipo de español. Qué fanático”.

Esa visita tuvo como producto un dibujo de Dalí, hecho al carbón: “Retrato de Freud”. Dalí cuenta que la cabeza de Freud le evocaba la forma de un caracol de Borgoña, y así intentó manifestarlo en su retrato.

Cuenta Dalí que se sintió muy ansioso por conocer la reacción y la opinión de Freud sobre el dibujo de su rostro. Parece que Dalí insistió ante Stefan Zweig para que le transmitiera algún comentario de Freud cuando viera su retrato. Sólo cuatro meses después, al encontrarse con Zweig en Nueva York, recibió una respuesta escueta, casi evasiva: “Le gustó mucho”, sin abundar en mayores detalles y pasando en seguida a otro tema.

Cuenta Dalí que sólo tiempo después, cuando Stefan Zweig se suicidó en Brasil, y al leer el final de su obra póstuma que el pintor nombra como “El mundo del mañana” (pero el libro de Zweig se llama en realidad El mundo del ayer), pudo comprender lo ocurrido con el retrato. Freud jamás había llegado a verlo. Stefan Zweig había mentido en Nueva York. Según Dalí relata, Stefan Zweig nunca se atrevió a mostrarle el retrato a Freud por temor a sobresaltarlo, por comprender que ese dibujo “presagiaba de manera clara la inminente muerte de Freud”. Según dice Dalí en su diario íntimo, “sin darme cuenta dibujé la muerte terrestre de Freud, en ese retrato al carbón que hice un año antes de que muriera”.




miércoles, 5 de junio de 2013






¿Qué quiere el hombre?


Que él quiere un objeto cuyo valor de plus-de-goce compensa el menos de goce de la castración.

Entre paréntesis  notemos que esa falta es justamente lo que abre a la mujer la posibilidad de ser objeto.

lunes, 3 de junio de 2013

"Algunas referencias de Lacan"





Ferdinand de Saussure
Filólogo suizo nacido en Ginebra en 1857, fallecido en el castillo de Vufflens en 1913 considerado el fundador de la lingüística, en sus investigaciones enunció la dicotomía lengua | habla, que se considera el punto de partida del estructuralismo por concebir la lengua como un sistema de elementos y reglas de combinación entre ellos aceptables por la comunidad de hablantes que la utilizan para comunicarse. Se le debe también la definición del signo lingüístico como combinación de 1 significante con 1 significado de carácter discreto, segmentable o aislable, como las 2 caras inseparables de 1 folio, tienen valor en un sistema de combinaciones, igual que las piezas de ajedrez de los juegos, no importa si de cristal o de marfil, valen por el valor o valores que se les asignan en el juego, así como la distinción entre sincronía | diacronía de la lengua. Su obra principal, el Curso de lingüística general, fue publicada en 1916 por sus discípulos y alumnos Charles Bally y Albert Sechehaye.







Gottlob Frege 
Nacido el 8 de noviembre 1848, Wismar, Mecklenburg-Sch Werin murió el 26 de julio de 1925 Bad Kleinen, Alemania. 
Gottlob Frege lógico matemático alemán, fundador de la lógica matemática moderna. Trabajo en la frontera entre la filosofía y las matemáticas-a saber.
En la filosofía de las matemáticas y la lógica matemática (en el que no existían precedentes intelectual) Frege descubrió, por su cuenta, las ideas fundamentales que han hecho posible todo el desarrollo moderno de la lógica y de ese modo inventado toda una disciplina.







Claude Lévi-Strauss (Francia, 1908-2009)
Antropólogo francés y principal defensor del enfoque estructuralista en la antropología social. Nació en Bruselas, pero se educó en Francia, donde estudió filosofía y derecho en la Sorbona de París. En 1934 viaja a Brasil como profesor de sociología en la Universidad de São Paulo, donde realizó durante tres años trabajos de campo sobre las comunidades indígenas del Mato Grosso y la Amazonia. En 1942 se traslada a Estados Unidos como profesor visitante en la New School for Social Research de Nueva York; fue nombrado director asociado del Musée de l'Homme en París en 1949 y más tarde director de estudios en la Escuela Práctica de Altos Estudios de la Sorbona (1950-1974). En 1959 Lévi-Strauss trabajó como catedrático de antropología social en el Collège de France y dirigió al mismo tiempo el Laboratorio de Antropología Social. Miembro de la Academia Francesa, fue condecorado con la Legión de Honor. Lévi-Strauss gozó de un lugar preeminente entre los investigadores que afirmaron que las diferentes culturas de los seres humanos, sus conductas, esquemas lingüísticos y mitos revelan la existencia de patrones comunes a toda la vida humana. Entre sus libros cabe citar: Estructuras elementales del parentesco (1949), Raza e historia (1952), un famoso ensayo-manifiesto que escribió por encargo de la UNESCO para contribuir al programa de lucha contra el racismo; su autobiografía Antropología estructural (1958), Tristes trópicos (1955) y El pensamiento salvaje (1962). En 1964 publicó el primer volumen de Mitológicas, que comprende: Lo crudo y lo cocido (1964), De la miel a las cenizas (1966), El origen de las maneras en la mesa (1968) y El hombre desnudo (1971).







De Clérambault







Martin Heidegger

Filósofo alemán. Fundador de la denominada fenomenología existencial, está considerado uno de los pensadores más originales del siglo XX. Martin Heidegger nació el 26 de septiembre de 1889 en Messkirch (Baden, actual estado de Baden-Württemberg). Cursó estudios superiores de teología y de filosofía en la Universidad de Friburgo, centro por el que se doctoró en 1914 y donde fue alumno de Heinrich Rickert y de Edmund Husserl, el fundador de la fenomenología. En 1916 comenzó su carrera docente en la propia Universidad de Friburgo. Posteriormente pasó, en calidad de profesor titular, a la Universidad de Marburgo, en la que permaneció hasta 1928. Ese año se convirtió, igualmente, en profesor titular de filosofía en la Universidad de Friburgo. Tras el ascenso al poder en Alemania de Adolf Hitler en 1933, Heidegger (que, posiblemente bajo presiones, había mostrado su adhesión al partido nacionalsocialista) fue nombrado ese mismo año rector de la universidad. No obstante, el progresivo deterioro de sus relaciones con las autoridades alemanas (se negó a que en el recinto universitario se realizara propaganda antisemita) culminó con su dimisión al frente del rectorado en 1934. Pudo continuar sus enseñanzas, aunque éstas fueron en parte censuradas, hasta 1944. En 1945, tras finalizar la II Guerra Mundial, Heidegger tuvo que hacer frente a la actitud de relativa afinidad con el nacionalsocialismo que manifestara en 1933. Por ello, hasta 1951 no fue restablecido en su puesto docente, en el que permaneció hasta 1958. Falleció el 26 de mayo de 1976 en Messkirch.



Ningún otro cuerpo como el tuyo



Ningún otro cuerpo como el tuyo
vino a salir sobre la tierra, 
porque él es tú. Domingo diario, 
simposio y lecho y mesa puesta
para los sentidos no platónicos. 

Sin verte ni oírte, voy formándole
el molde de un instante tuyo; 
el estuche justo, tu morada. 
Espacio puro, impenetrable, 
donde guardarlo aprisionado.

Siguiendo los innumerables
peldaños infinitesimales
de tu olor, bajando y ascendiendo,
las superficies reconozco, 
maravilladas, de tu cuerpo.

Hueles a escollo soleado,
a huertas en la sombra, a tienda
de perfumes; a desierto hueles,
tierra grávida, a llovizna; 
a carne de nardo macerada, 
a impulsos de ansias animales.

Y cada aroma halla respuesta
en un sabor que lo sostiene, 
y el regusto de la sal, el agrio
del fruto en agraz; dulcísimo,
el del fruto maduro y pleno, 
el amargor donde floreces, 
mezclándose, ardiendo, disolviéndose,
hacen de ti un sabor; el único
sabor, el que te vuelve en suya.

Y con él completo la armadura
del perfecto espacio: tu recinto
inequívoco, el sitio de ti misma.

"Rubén Bonifaz Nuño"








Lacan para principiantes en PDF.







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domingo, 2 de junio de 2013

Jacques Lacan, entrevistado.

Las claves del Psicoanálisis

Esta entrevista fue hecha por Madeleine Chapsal y se publicó el día 31 de Mayo de 1957 en L’Express


Todo el mundo conoce el nombre de Freud, pues afectó más o menos a todo el conocimiento y a sus prácticas en el hombre, y éste no ha podido hablar de sí mismo como antes y después de Freud. Su pensamiento se ofrece a la reflexión y a la enseñanza de los recursos que se asemejan a una noticia recién descubierta. Hallazgo que bien supo trabajar más tarde el Dr. Lacan junto a sus otros colegas en París, fundando la “Sociedad Francesa de Psicoanálisis”, el profesor Daniel Lagache, la profesora Juliette Favez-Boutonnier y Francaise Dolto.

-[Madeleine Chapsal]: Un psicoanalista es muy intimidante. Se tiene el sentimiento de que él podría maniobrarlo a usted a su antojo…, que él sabe más que usted mismo sobre el motivo de sus actos.

-[Jaques Lacan] : Usted no exagera. ¿Cree usted que este efecto es particular al psicoanálisis? Un economista, para muchos, es tan misterioso como un analista. En nuestro tiempo, es el personaje del experto quien intimida.

Para la Psicología, aunque ella fuera una ciencia, cada uno creía tener su entrada en ella por el interior.

Pero he aquí que con el psicoanálisis se tiene el sentimiento de perder ese privilegio, el analista sería capaz de ver alguna cosa más secreta en lo que, a usted, le parece lo más claro. Ahí está usted desnudo, al descubierto, bajo un ojo advertido, y sin saber bien lo que usted le muestra.

El otro sujeto

- [Madeleine Chapsal] Hay aquí una especie de terrorismo, uno se siente violentamente arrancado de sí mismo…

- [Jaques Lacan] El psicoanálisis, en el orden del hombre, tiene en efecto todos los caracteres de subversión y de escándalo que pudo tener, en el orden cósmico, el descubrimiento copernicano del mundo: ¡la tierra, lugar de habitación del hombre, no es más el centro del mundo!

¡Y bien! El psicoanálisis le anuncia que usted no es más el centro de usted mismo, ya que había allí un otro sujeto, el inconsciente.

Es una novedad que no ha sido de entrada bien aceptada. ¡Ese supuesto irracionalismo del cual se ha pretendido disfrazar a Freud!

Pero es exactamente lo contrario: no solamente Freud racionalizó lo que hasta entonces había resistido a la racionalización, sino que incluso él mostró en acción una razón razonante como tal, quiero decir en acto de razonar y de funcionar como lógica, sin que el sujeto lo sepa; esto en el campo mismo clásicamente reservado a la sin-razón, digamos el campo de la pasión.

Es esto lo que no se le perdonó. Se habría admitido aún que introdujera la noción de fuerzas sexuales que se apoderan bruscamente del sujeto sin prevenir y fuera de toda lógica; pero que la sexualidad sea el lugar de una palabra, que la neurosis sea una enfermedad que hable, he aquí una cosa bizarra y hasta algunos discípulos prefieren que se hable de otra cosa.

No hay que ver en el analista un “ingeniero de las almas”; no es un físico, no procede estableciendo relaciones de causa a efecto: su ciencia es una lectura, una lectura del sentido.

Sin duda es por ello que, sin saber bien lo que se oculta detrás de las puertas de su consultorio, se tiene la tendencia a tomarlo por un brujo, y aún un poco más grande que los otros.

- [Madeleine Chapsal] Y quién ha descubierto esos secretos terribles…

- [Jaques Lacan] Conviene precisar todavía, de qué orden son esos secretos. No son los secretos de la naturaleza tales como las ciencias físicas o biológicas los han podido descubrir. Si el psicoanálisis aclara los hechos de la sexualidad, no es atacándolos en su realidad ni en la experiencia biológica.

Articulado y descifrable

- [Madeleine Chapsal] Pero Freud ha descubierto, a la manera en que se descubre un continente desconocido, un nuevo dominio del psiquismo, que se llama “inconsciente”, ¿no es cierto? ¡Freud es Cristóbal Colón!

- [Jaques Lacan] Saber que hay toda una parte de las funciones que no está al alcance de la conciencia ¡no se esperó a Freud para eso!

Si usted insiste en una comparación, Freud sería más bien ¡Champollion! La experiencia freudiana no es del nivel de la organización de los instintos o de las fuerzas vitales. Esa experiencia no los descubre sino ejerciéndose, si puedo decirlo, a una segunda potencia.

No es de efectos instintivos a su primera potencia que trata Freud. Lo que es analizable lo es porque ya está articulado en lo que hace la singularidad de la historia del sujeto. Si el sujeto puede reconocerse allí, es en la medida en que el psicoanálisis permite la “transferencia” de esta articulación.

Dicho de otra manera, cuando el sujeto “reprime”, eso no quiere decir que rehúse tomar conciencia de algo que sería un instinto -pongamos por ejemplo un instinto sexual que quisiera manifestarse bajo forma homosexual- no, el sujeto no reprime su homosexualidad, reprime la palabra donde esta homosexualidad juega un papel de significante.

Usted ve, no es algo vago, confuso, lo que es reprimido; no es una especie de necesidad, de tendencia, que habría de ser articulada (y que no se articularía por estar reprimida), es un discurso ya articulado, ya formulado en un lenguaje. Todo está allí.

- [Madeleine Chapsal] Usted dice que el sujeto reprime un discurso articulado en un lenguaje. Sin embargo no es eso lo que se siente cuando uno se encuentra frente a una persona que tiene dificultades psicológicas, un tímido por ejemplo, o un obsesivo. Su conducta parece sobre todo absurda, incoherente; y si se adivina que en rigor ella puede significar algo, sería algo impreciso, bien por debajo del nivel del lenguaje. ¡Y uno mismo, en la medida en que se siente conducido por fuerzas oscuras, que se adivina “neuróticas”, ellas se manifiestan justamente por movimientos irracionales, acompañadas de confusión, de angustia!.

- [Jaques Lacan] Síntomas, cuando usted cree reconocerlos, no le parecen irracionales más que porque usted los toma aislados, y usted quiere interpretarlos directamente.

Vea los jeroglíficos egipcios: mientras se buscó cuál era el sentido directo de los buitres, de los pollos, de los hombres de pie, sentados, o moviéndose, la escritura permaneció indescifrable. Es que por sólo el pequeño signo “buitre” no quiere decir nada; él no encuentra su valor significante más que tomado en el conjunto del sistema al cual pertenece.

¡Y bien! los fenómenos con los que nos vemos en el análisis son de ese orden, son de un orden lenguajero.

El psicoanalista no es un explorador de continentes desconocidos o de grandes fondos, es un lingüista: él aprende a descifrar la escritura que está allí, bajo sus ojos, ofrecida a la mirada de todos. Pero que permanece indescifrable mientras que de ella no se conocen las leyes, la clave.

La represión de una verdad

- [Madeleine Chapsal] usted dice que esta escritura está “ofrecida a la mirada de todos”. Sin embargo, si Freud ha dicho algo nuevo, es que en el dominio psíquico se está enfermo porque se disimula, se esconde una parte de sí mismo, se “reprime”.

Pero los jeroglíficos no estaban reprimidos, estaban inscriptos sobre la piedra. ¿Su comparación no puede, por lo tanto, ser total?

- [Jaques Lacan] Al contrario, hay que tomarla literalmente: eso que, en el análisis del psiquismo, hay que descifrar, está todo el tiempo allí, presente desde el comienzo. usted habla de la represión olvidando una cosa, es que, para Freud, y tal como él lo formuló, la represión era inseparable de un fenómeno llamado “el retorno de lo reprimido”.

Allí donde eso ha sido reprimido, algo continúa funcionando, algo continúa hablando, gracias a lo cual el resto puede centrarse, designar el lugar de la represión y de la enfermedad, decir “está ahí”.

Esta noción es difícil de comprender porque cuando se habla de “represión” se imagina inmediatamente una presión – una presión vesical por ejemplo- es decir una masa vaga, indefinible, que apoya todo su peso contra una puerta que rehúsa abrirse.

Pero en psicoanálisis la represión no es la represión de una cosa, es la represión de una verdad.

¿Qué es lo que pasa cuando se quiere reprimir una verdad? Toda la historia de la tiranía está allí para daros la respuesta: ella se expresa en otra parte, en otro registro, en lenguaje cifrado, clandestino.

¡Y bien!. Eso es exactamente lo que no se produce con la conciencia: la verdad, persistirá pero traspuesta a otro lenguaje, en lenguaje neurótico.

De tal modo que ya no se es más capaz de decir en ese momento cuál es el sujeto que habla, sino que “eso” habla, que “eso” continúa hablando; y lo que pasa es descifrable enteramente a la manera en que es descifrable una escritura perdida, es decir no sin dificultad.

La verdad no ha sido anulada, ella no cayó en un abismo, ella está ofrecida, presente, pero vuelta “inconsciente”.

El sujeto que ha reprimido la verdad no gobierna más, él no está más en el centro de su discurso: las cosas continúan funcionando solas y el discurso continúa articulándose, pero más allá del sujeto. Y este lugar, este más allá del sujeto, es estrictamente lo que se llama el inconsciente.

Usted ve bien que lo que se ha perdido no es la verdad, es la clave del nuevo lenguaje en el cual ella se expresa en lo sucesivo. Es allí donde interviene el psicoanálisis.

La hamaca

- [Madeleine Chapsal] ¿No será esta su interpretación de usted? No parece que sea la interpretación de Freud.

- [Jaques Lacan] Lea “La interpretación de los sueños”, lea la “Psicopatología de la vida cotidiana”, lea “El chiste y su relación con el inconsciente”, es suficiente con abrir estas obras no importa en qué página para encontrar eso de lo que yo le hablo.

El término “censura”, por ejemplo, ¿por qué Freud lo eligió inmediatamente, al mismo nivel de la interpretación de los sueños, para designar la instancia refrenante, la fuerza que reprime?. La censura, nosotros sabemos bien lo que es, es Anastasia, es una presión que se ejerce con un par de tijeras. ¿Y sobre qué?. No sobre cualquier cosa que sucede en el aire, sino sobre lo que se imprime, sobre un discurso expresado en un lenguaje.

Sí, el método lingüístico está presente en todas las páginas de Freud, todo el tiempo se libra concretamente a referencias, analogías, aproximaciones lingüísticas…

Y después, al fin y al cabo, en psicoanálisis, usted no pide más que una cosa al paciente, no más que una sola cosa: hablar. Si el psicoanálisis existe, si tiene efectos, ¡es de todos modos en el orden de la declaración de la palabra!.

Ahora bien, para Freud, para mí, el lenguaje humano no surge en los seres como resurgiría una fuente.

Vea cómo se nos presenta todos los días el aprendizaje por la experiencia en el niño: él pone su dedo sobre la sartén, él se quema. A partir de allí, se pretende, a partir de su encuentro con lo caliente y lo frío, con el peligro, no le queda más que deducir, poner el andamiaje de la totalidad de la civilización.

Es un absurdo: a partir del hecho de que él se quema, es puesto frente a algo mucho más importante que el descubrimiento de lo caliente y de lo frío. En efecto, que él se quema, y siempre se encuentra alguien que le hace, sobre eso, todo un discurso.

El niño tiene que hacer mucho más esfuerzo para entrar en ese discurso en el cual se lo sumerge, que para habituarse a evitar la sartén. En otros términos, el hombre que nace a la existencia tiene que vérselas de entrada con el lenguaje: es un hecho. Aún él está tomado allí desde antes de su nacimiento, ¿no tiene un estado civil? Sí, el niño que ha de nacer, ya está, de cabo a rabo, rodeado por esta hamaca de lenguaje que lo recibe y al mismo tiempo lo aprisiona.

En claro, en cada caso

- [Madeleine Chapsal] Lo que hace difícil aceptar la asimilación de los síntomas neuróticos, de la neurosis, a un lenguaje, perfectamente articulado, es que no se ve a quién se dirige. No está hecho para nadie puesto que el enfermo, sobre todo el enfermo, no lo comprende, ¡y hace falta un especialista para descifrarlo!. Los jeroglíficos se volvieron quizás incompresibles, pero en el tiempo en que se los empleaba estaban hechos para comunicar ciertas cosas a alguien.

Ahora bien, ¿qué es este lenguaje neurótico que no es sólo una lengua muerta, no sólo una lengua privada, ya que es para él mismo, ininteligible?

Y después un lenguaje, es alguna cosa de la cual alguno se sirve. Y aquel – el lenguaje neurótico – es sufrido. Vea usted el obsesivo, él querría cazar una idea fija, salir del engranaje.

- [Jaques Lacan] Esas son justamente las paradojas que son el objeto del descubrimiento. Si este lenguaje, sin embargo, no se dirigiera a un Otro, no podría ser entendido gracias a un otro en el psicoanálisis. Para el resto, hace falta reconocer de entrada lo que es y para ello situarlo bien en un caso; eso exigiría un largo desarrollo; de otro modo, es un lío donde no se puede comprender nada.

Pero es allí, asimismo, que es eso de lo que yo le hablo puede mostrarse en claro: cómo el discurso reprimido del inconsciente se traduce en el registro del síntoma.

Y usted se apercibirá hasta qué punto es preciso. Usted hablaba del obsesivo: vea esta observación de Freud, que se encuentra en los “Cinco psicoanálisis”, intitulada “El hombre de las ratas”.

El hombre de las ratas era un gran obsesivo. Un hombre todavía joven, de formación universitaria, que va a encontrarse con Freud a Viena, para decirle que sufre de obsesiones: son tanto inquietudes muy vivas por las personas que le son queridas, tanto el deseo de actos impulsivos, como cortarse la garganta, o entonces se forman en él interdicciones que conciernen a cosas insignificantes.

El hombre de las ratas

- [Madeleine Chapsal] ¿Y sobre el plano de la sexualidad?

- [Jaques Lacan] ¡He aquí un error de término!. Obsesión, eso no quiere decir automáticamente obsesión sexual, ni aún obsesión de esto o aquello en particular: estar obsesionado, significa encontrarse tomado en un mecanismo, en un engranaje cada vez más exigente y sin fin.

Ya sea que vaya a realizar un acto, cumplir con un deber, una angustia especial traba al obsesivo: ¿lo logrará?. Enseguida, hecha la cosa, experimenta una necesidad torturante de ir a verificar, pero no se atreve, por temor de pasar por loco, porque al mismo tiempo sabe muy bien que lo ha logrado…

Helo aquí empeñado en circuitos cada vez más grandes de verificaciones, de precauciones, de justificaciones. Tomado como está en un remolino interior, el estado de apaciguamiento, de satisfacción, se le ha vuelto imposible.

Aún el gran obsesivo no tiene, sin embargo, nada de delirante. No hay ninguna convicción en el obsesivo, sino esta especie de necesidad, completamente ambigua, que lo deja tan desgraciado, tan dolorido, tan desamparado, de tener que ceder ante una insistencia que viene de él mismo y que no se explica.

La neurosis obsesiva está extendida y puede pasar desapercibida si no se está especialmente advertido de los pequeños signos que siempre la traducen. Estos enfermos se mantienen aún muy bien en su posición social, mientras que su vida está minada, devastada por el sufrimiento y el desarrollo de su neurosis.

Yo conocí personas que tenían funciones importantes, y no solamente honorarias, directoriales, personas que tenían responsabilidades tan vastas y extensas como usted pueda suponerlo, y que las asumían ampliamente, pero que no menos, eran, de la mañana a la noche, presa de sus obsesiones.

Así estaba “el hombre de las ratas”, enloquecido, atrapado en un retoño de síntomas que lo lleva a consultar a Freud desde los alrededores de Viena, donde participaba en maniobras como oficial de reserva, y pedirle su consejo en una historia inverosímil de reembolso al correo del envío de un par de anteojos a propósito de la cual se pierde hasta no poder decir más.

Si se sigue literalmente hasta sus dudas el escenario instituido por el síntoma en cuatro personas, se reencuentra rasgo por rasgo, traspuestos en un vasto simulacro, sin que el sujeto lo suponga, las historias que han conducido hasta el matrimonio del cual el sujeto es el fruto.

- [Madeleine Chapsal] ¿Qué historias?

- [Jaques Lacan] Una deuda fraudulenta de su padre que, por añadidura, militar entonces, es degradado de su rango por una felonía, un préstamo que le permite cubrir la deuda, la cuestión que permanece oscura de la restitución al amigo que vino en su ayuda, en fin, un amor traicionado por el casamiento que le dio una “posición”.

Durante toda su infancia, el hombre de las ratas había oído hablar de esta historia – de uno en términos jocosos, de otro con palabras veladas. Lo que es sorprendente, es que no se trata de un acontecimiento particular, o traumático, que haría retorno de lo reprimido; se trata de la constelación dramática que ha presidido a su nacimiento, de la prehistoria, si puede decirse, de su individuo; descendida de un pasado legendario. Esta prehistoria reaparece por medio de síntomas que la han vehiculizado bajo una forma irreconocible, para anudarse finalmente en un mito representado, del cual el sujeto reproduce la figura sin tener la menor idea.

Ya que ella es traspuesta allí como una lengua o una escritura puede ser traspuesta en otra lengua o en otros signos; ella es escrita allí sin que sus enlaces sean modificados; o aún como en geometría una figura es transformada de la esfera en un plano, lo que no quiere evidentemente decir que toda figura se transforme en no importa cuál.

- [Madeleine Chapsal] ¿Y una vez que esta historia ha sido puesta a la luz del día?

- [Jaques Lacan] Entienda bien: yo no he dicho que la cura de la neurosis se cumple sólo después de haber visto eso. Usted piensa bien que en la observación del “hombre de las ratas”, hay otra cosa que yo no puedo desarrollar aquí.

Si fuera suficiente que hubiera una prehistoria en el origen de una conciencia, todo el mundo sería neurótico. Está ligado a la manera en que el sujeto toma las cosas, las admite o las reprime. ¿Y por qué algunos reprimen determinadas cosas?

En fin, tómese usted el trabajo de leer “el hombre de las ratas” con esta llave que lo atraviesa de parte a parte: trasposición en otro lenguaje figurativo y completamente inapercibido para el sujeto, de algo que no se comprende más que en términos de discurso.

Saber de eso más y mejor

- [Madeleine Chapsal] Puede ser que la verdad reprimida se articule como usted lo dice, como un discurso con efectos devastadores. Sólo que cuando un enfermo viene a usted, no es alguien que está en busca de su verdad. Es alguien que sufre horriblemente y quiere ser aliviado. Si yo recuerdo bien la historia del “hombre de las ratas”, había allí también un fantasma de ratas…

- [Jaques Lacan] Dicho de otra manera, “mientras usted se ocupa de la verdad, hay allí un hombre que sufre…”

¡Con todo, antes de servirse de un instrumento, hace falta saber lo que es, cómo está fabricado!. El psicoanálisis es un instrumento terriblemente eficaz; y como además es un instrumento de gran prestigio, se lo puede comprometer a hacer cosas que de ningún modo está destinado a hacer, y por otra parte, haciéndolo así no pude sino degradárselo.

Hace falta entonces partir de lo esencial: ¿qué es esta técnica, a qué se aplica, de qué orden son sus efectos, los efectos que ella desencadena por su aplicación pura y simple?.

¡Y bien!. Los fenómenos de los que se trata en el análisis, y al nivel propio de los instintos, son los efectos de los registros de un lenguaje: el reconocimiento hablado de elementos mayores de la historia del sujeto, historia que ha sido cortada, interrumpida, que ha caído en los fondos del discurso.

En cuanto a los efectos que deben definirse como perteneciendo al análisis, los efectos analíticos – como se dice efectos mecánicos o efectos eléctricos – los efectos analíticos son efectos del orden de ese retorno del discurso reprimido.

Y yo puedo decirle que en el momento en que ha puesto usted al sujeto sobre un diván y aún si usted le ha explicado la regla analítica de la manera más sumaria, el sujeto ya está introducido en la dimensión de buscar su verdad.

Sí, del sólo hecho de tener que hablar como él se encuentra constreñido a hacerlo, frente a un otro, el silencio de un otro – un silencio que no está hecho ni de aprobación ni de desaprobación, sino de atención – lo siente como una espera, y que esta espera es la espera de la verdad.

Y también él se siente allí empujado por el prejuicio del que hablábamos hace un momento: por creer que el otro, el experto, el psicoanalista, sabe sobre usted mismo lo que usted mismo no sabe, la presencia de la verdad se encuentra fortificada, ella está ahí en estado de implícita.

El enfermo sufre pero él se da cuenta de que la vía hacia la cual volverse en fin para superar, apaciguar sus dificultades, es del orden de la verdad: saber de eso más y saber mejor.

- [Madeleine Chapsal] ¿Entonces el hombre sería un ser de lenguaje? . ¿Sería esta la nueva representación del hombre que se debería a Freud, el hombre es alguien que habla?

- [Jaques Lacan] El lenguaje ¿es la esencia del hombre?. No es una pregunta de la que yo me desinterese, y tampoco detesto que quienes se interesen en lo que yo digo, se interesen en ella por otra parte, pero es de otro orden, y, como yo lo digo a veces, es la pieza lateral.

Yo no me pregunto “quién habla”, yo intento plantear las preguntas de otra manera, de una manera más formulable, yo me pregunto “de dónde habla eso”. En otros términos, si yo intenté elaborar algo, no es una metafísica sino una teoría de la intersubjetividad. Desde Freud, el centro del hombre no está más allí donde se lo creía, hace falta reconstruir sobre eso.

- [Madeleine Chapsal] Si es hablar lo que es importante, buscar su verdad por la vía de la palabra y de la declaración, ¿el análisis no se sustituye de una cierta manera a la confesión?.

- [Jaques Lacan] Yo no estoy autorizado para hablarle de las cosas religiosas, pero yo me había dejado decir que la confesión es un sacramento y que no está hecha para satisfacer ninguna especie de necesidad de confidencia… La respuesta, aún de consuelo, alentadora, incluso directiva del sacerdote no pretende constituir la eficacia de la absolución.

- [Madeleine Chapsal] Desde el punto de vista del dogma, usted tiene sin duda razón. Sólo que la confesión se combina, y desde un tiempo que no cubre toda la era cristiana, con lo que se llama la dirección de la conciencia. ¿Acaso no se cae allí en el dominio del psicoanálisis?. ¿Hacer confesar los actos y las intenciones, guiar un espíritu que busca su verdad?.

- [Jaques Lacan] La dirección de conciencia ha sido, y por espirituales, juzgada muy diversamente, se ha podido ver en ella incluso, en ciertos casos, la fuente de toda clase de prácticas abusivas. En otros términos, es asunto de los religiosos saber cómo ellos mismos la sitúan y cuál es el alcance que le dan.

Pero me parece que ninguna dirección de conciencia puede inquietarse por una técnica que tiene como fin la revelación de la verdad. Me sucedió ver a religiosos que son dignos de ese nombre, tomar partido en asuntos muy espinosos donde se hallaba comprometido lo que se llama el honor de las familias, y los he visto siempre decidir que mantener la verdad bajo la medida es en sí mismo un acto de consecuencias devastadoras.

Y luego todos los directores de conciencia les dirán que la plaga de su existencia son los obsesivos y los escrupulosos, ellos no saben literalmente por qué extremo tomarlos: cuanto más los calman, más eso rebota, cuantas más razones les dan, más la gente vuelve a plantearles preguntas absurdas…

Entre tanto, la verdad analítica no es algo tan secreto ni tan misterioso que no pueda verse, en personas dotadas para la dirección de conciencia, surgir espontáneamente la percepción de lo que ella es. He conocido entre los religiosos gente que había captado que una penitente que venía a fatigarlos con obsesiones de impureza tenía bruscamente la necesidad de ser llevada a otro nivel: ¿se conducía ella con justicia con su criada o con sus niños?. Y por este recuerdo brutal, obtenían efectos totalmente sorprendentes.

Según mi opinión, los directores de conciencia no pueden llegar a desdecir al psicoanálisis: a lo sumo, pueden obtener de él ciertas apreciaciones que les serán útiles…

Inversión inquietante

- [Madeleine Chapsal] Puede ser, pero el psicoanálisis, ¿está suficientemente bien visto?. En los medios religiosos se haría de él más bien una ciencia del diablo.

- [Jaques Lacan] Yo creo que los tiempos han cambiado. Sin duda después de que Freud hubo inventado el psicoanálisis, éste permaneció durante mucho tiempo como una ciencia escandalosa y subversiva. No se trataba de saber si se creía en ella o no, se la combatía violentamente con el pretexto de que personas psicoanalizadas se desenfrenarían, se abandonarían a todos sus deseos, se entregarían a cualquier cosa…

Hoy en día, admitido o no en tanto que ciencia, el psicoanálisis entró en nuestras costumbres y las posiciones se han invertido: ¡es cuando alguien no se conduce normalmente, cuando actúa de una manera juzgada “escandalosa” por su medio, que se habla de enviarlo al psicoanalista!.

Todo esto entra en lo que yo llamaré, no con el término demasiado técnico de “resistencia al análisis”, sino “objeción masiva”.

El temor de perder su originalidad, de ser reducido al nivel común, no es menos frecuente. Hace falta decir que sobre esta noción de “adaptación” se ha producido en estos últimos tiempos una doctrina cuya naturaleza engendra confusión y, a partir de allí, inquietud.

Se ha escrito que el análisis tiene como finalidad adaptar al sujeto, de ningún modo al medio exterior, digamos a su vida o a sus verdaderas necesidades; eso significa claramente que la sanción de un análisis sería que uno se ha vuelto padre perfecto, esposo modelo, ciudadano ideal, en fin, que uno es alguien que no discute más nada.

Lo que es totalmente falso, tan falso como el primer prejuicio que veía en el psicoanálisis un medio de liberarse de toda sujeción.

- [Madeleine Chapsal] ¿No piensa usted que lo que la gente teme más que nada, lo que la hace oponerse al psicoanálisis antes inclusive de saber si cree en él o no en tanto que ciencia, es la idea de que corre el peligro de ser desposeída de una parte de sí misma, modificada?

- [Jaques Lacan] Esta inquietud es totalmente legítima, en el nivel en donde ella surge. ¡Decir que no habría, después de un análisis, modificación de la personalidad, sería verdaderamente divertido!. Sería difícil sostener al mismo tiempo que se pueden obtener resultados por el análisis y que se puede no obtenerlos, es decir, que la personalidad permanecerá siempre intacta. Sólo que la noción de personalidad merece ser esclarecida, incluso reinterpretada.

Reinstalación del sujeto

- [Madeleine Chapsal] En el fondo de la diferencia entre el psicoanálisis y las diversas técnicas psicológicas, es que el psicoanálisis no se contenta con guiar, con intervenir más o menos ciegamente, él cura…

- [Jaques Lacan] Se cura lo que es curable. No se va a curar el daltonismo o la idiocia, aunque al fin y al cabo pueda decirse que el daltonismo y la idiocia tienen que ver con lo “psíquico”.

¿Conoce usted la fórmula de Freud “allí donde eso estaba yo debo ser”?. Hace falta que el sujeto pueda reinstalarse en su lugar, este lugar en donde él no estaba, reemplazado por esta palabra anónima, que se llama ello.

- [Madeleine Chapsal] En la perspectiva freudiana, ¿hay que pensar en atender a cantidades de personas que no están consideradas enfermas? . Dicho de otra manera, ¿Habría interés en psicoanalizar a todo el mundo?

- [Jaques Lacan] Poseer un inconsciente no es un privilegio de los neuróticos. Hay quienes no están manifiestamente abrumados por un excesivo peso de sufrimiento parasitario, que no están demasiado obstruidos por la presencia de otro sujeto, en el interior de sí mismos, que inclusive se las arreglan bastante bien con ese otro sujeto, y que sin embargo no perderían nada con conocerlo.

Porque, en suma, en el hecho de ser psicoanalizado, no se trata de ninguna otra cosa sino de conocer su historia.

- [Madeleine Chapsal] ¿Es que esto sigue siendo cierto para los creadores?

- [Jaques Lacan] Es una cuestión interesante la de saber si hay para ellos interés en cortar camino o en cubrir de un cierto velo esta palabra que los ataca desde afuera (es la misma, al fin y al cabo, la que viene a perturbar al sujeto en la neurosis y en la inspiración creadora).

¿Hay interés de ir muy rápido por la vía del análisis hacia la verdad de la historia del sujeto, o a dejar hacer como Goethe una obra que no es más que un inmenso psicoanálisis?

Ya que en Goethe es manifiesto: su obra toda entera es la revelación de la palabra del otro sujeto. El llevó las cosas tan lejos como se puede hacerlo cuando se es un hombre de genio.

¿Habría él escrito la misma obra si se lo hubiera psicoanalizado?. Según mi opinión la obra hubiera sido seguramente otra, pero yo no creo que se hubiera perdido con ello.

- [Madeleine Chapsal] Y para los hombres que no son creadores, pero que tienen pesadas responsabilidades, relaciones con el poder, ¿piensa usted que se debería instituir el psicoanálisis obligatorio?

- [Jaques Lacan] Se debería, en efecto, no poder dudar un solo instante si un señor es presidente del consejo, es seguramente que se ha hecho analizar a una edad normal, es decir joven… Pero la juventud se prolonga a veces muy lejos.

Un grito de alarma

- [Madeleine Chapsal] ¡Cuidado!. ¿Qué es lo que se podría objetar al señor Guy Mollet si hubiera sido analizado? ¿si él pudiera hacer valer que ha sido inmunizado, cuando sus contradictores no lo han hecho?

- [Jaques Lacan] ¡Yo no tomaré partido sobre el tema de saber si el Sr. Guy Mollet haría o no la política que él hace, si él fuera analizado! que no se me haga decir que yo pienso que el análisis universal es la fuente de resolución de todas las antinomias, que si se analizara a todos los seres humanos no habría más guerras, más lucha de clases, yo digo formalmente lo contrario. Todo lo que se puede pensar es que los dramas serían quizá menos confusos.

Vea usted el error, es lo que yo le decía hace un momento: querer servirse de un instrumento antes de saber cómo está hecho. Ahora bien, en las actividades que son por el momento comprendidas en el mundo bajo el término “psicoanálisis”, se tiende más y más a recubrir, desconocer, enmascarar el orden primero en el que Freud aportó la chispa.

El esfuerzo de la gran masa de la escuela psicoanalítica ha sido lo que yo llamo una tentativa de reducción: ponerse en el bolsillo lo que había de más molesto de la teoría de Freud. De año en año se ve acentuarse esta degradación, hasta llegar a veces, como en los Estados Unidos, a formulaciones en franca contradicción con la inspiración freudiana.

No es porque el psicoanálisis sigue siendo discutido, que el analista debe intentar volver más aceptable su observación, repintándola con colores diversamente abigarrados, de analogías prestadas más o menos legítimamente de dominios científicos vecinos.

- [Madeleine Chapsal] Es muy desmoralizador lo que usted dice, para los posibles analizados…

- [Jaques Lacan] Si yo lo inquieto tanto mejor. Desde el punto de vista del público, lo que yo considero como más deseable, es lanzar un grito de alarma y que tenga, en el terreno científico, una significación muy precisa: que sea un llamado, una exigencia primera concerniente a la formación del analista.

Un psicoanalista formado

- [Madeleine Chapsal] ¿Es que no es acaso ya una formación muy larga y muy seria?

- [Jaques Lacan] A la enseñanza del psicoanálisis, tal como ella está hoy constituida -estudios de medicina y después un psicoanálisis, análisis dicho didáctico, hecho por un analista calificado- le falta algo esencial, sin lo cual yo niego que se pueda ser un psicoanalista verdaderamente formado: el aprendizaje de disciplinas lingúísticas e históricas, de la historia de las religiones, etc.. Para cercar su pensamiento en lo concerniente a esta formación, Freud reanima ese viejo término que me complazco en retomar, el de “universitas literarum”.

Los estudios médicos son evidentemente insuficientes para entender lo que dice el analizado, es decir por ejemplo para distinguir en su discurso el alcance de los símbolos, la presencia de los mitos, o simplemente para captar el sentido de lo que él dice, como se capta o no se capta el sentido de un texto.

Por lo menos, al presente, un estudio serio de los textos y de la doctrina freudiana se hace posible por el asilo que le da, en la Clínica de las enfermedades mentales y del encéfalo de la Facultad, el profesor Jean Delay.

- [Madeleine Chapsal] En las manos de personas insuficientemente competentes, ¿piensa usted que el psicoanálisis tal como fue inventado por Freud corre el peligro de perderse?

- [Jaques Lacan] Actualmente, el psicoanálisis está por volverse ciertamente una mitología cada vez más confusa. Se pueden mencionar algunos signos – borramiento del Complejo de Edipo, acento puesto sobre los mecanismos preedípicos, sobre la frustración, sustitución del término angustia por el de miedo. Lo que no quiere decir que el freudismo, la primera luz freudiana, no continúe caminando por todas partes. De ello se ven manifestaciones absolutamente claras en toda clase de ciencias humanas.

Pienso en particular en lo que me decía recientemente mi amigo Claude Lévi-Strauss, del homenaje finalmente rendido por los etnólogos al Complejo de Edipo, como a una profunda creación mítica nacida en nuestra época.

Es algo sorprendente, sobrecogedor, que Sigmund Freud, un hombre completamente solo, haya llegado a librar un cierto número de efectos que no habían sido hasta entonces jamás aislados, y a introducirlos en una red coordenada, inventando así a la vez una ciencia y el dominio de aplicación de esta ciencia.

Pero en relación a esta obra genial que ha sido la de Freud, atravesando su siglo como un trazo de fuego, el trabajo está muy atrasado. Lo digo con toda mi convicción. Y no se comenzará a retomarlo más que cuando haya suficiente gente formada para hacer lo que necesita todo trabajo científico, todo trabajo técnico, todo trabajo donde el genio puede abrir un surco, pero donde enseguida hace falta un ejército de obreros para cosechar


Traducción: Marco Mauas.