jueves, 5 de agosto de 2021

SOBRE LA INICIACIÓN DEL TRATAMIENTO (1913) SIGMUND FREUD

 



La iniciación del tratamiento con un periodo de prueba así fijado algunas semanas tiene además una motivación diagnostica. Hartas veces, cuando uno se enfrenta a una neurosis cono síntomas histéricos u obsesivos, pero no en exceso y de duración breve, debe dar cabida a la duda sobre si el caso no corresponde a un estadio previo de la dementia precox (esquizofrenia), y pasado un tiempo mostrara el cuadro.

La confianza o desconfianza que el paciente tenga sobre el psa no tiene importancia para la resistencia internas que anclan la neurosis.

Puntos importantes para el comienzo de una cura analítica son las estipulaciones sobre tiempo y dinero.

Con relación al tiempo, se acuerda una determinada hora de sesión. A cada paciente se le asigna una hora de la jornada de trabajo; que es la de cada paciente y permanece destinada a él aunque no la utilice. Cuando se adopta una práctica más tolerante, las asistencias ocasionales se multiplican, hasta que deja de asistir.

No se puede definir un tiempo exacto para la duración del tratamiento. La abreviación de la cura es un deseo injustificado. Se les contrapone: unas alteraciones anímicas que se consuman con lentitud; esto se debe a la atemporalidad de los procesos icc.

En cuanto al dinero el analista considera que la estima del dinero coparticipar factores sexuales. Se deben tratar las cuestiones de dinero con la misma naturalidad que se pretende educar los asuntos de la vida sexual. Las resistencias del neurótico se acrecientan por el tratamiento gratuito; en la mujer, la tentación por el vinculo trasferencial, y en el hombre el agradecimiento proveniente del complejo paterno, que significan un obstáculo.

El enfermo se acuesta en el diván mientras uno se sienta detrás, para que él no lo vea. Esto se realiza para no permanecer bajo la mirada de otras ocho horas, para que los gestos del analista no influyan en las comunicaciones del paciente, y para aislar la trasferencia.

No interesa con que material empiece el paciente, mientras siga la regla del psa, y debe incluir los vínculos del paciente con las personas, y sus pensamientos sobre estas. Cada fragmento de la historia debe ser narrado de nuevo, así con las repeticiones aparecerán los complemento que permiten obtener los nexos importantes, desconocidos por el enfermo.

No se debe preparar el relato, ya que de esta manera la resistencia cumple su cometido, logrando que el material valioso se escape. Otros métodos para el escape de relatar lo impórtate, es que el paciente converse sobre las cosas que debería conversar en análisis con algún amigo.

Desde la trasferencia se encuentra el acceso al material patógeno. Los pacientes cuyo análisis es seguido por el rehusamiento de las ocurrencias son, mujeres que están preparadas para una agresión sexual, y hombres con una homosexualidad reprimida hiperintensa.

Las primeras resistencias y los primeros síntomas merecen un interés particular y pueden denunciar un complejo que gobierne su neurosis.

Mientras las comunicaciones y ocurrencias del paciente afluyan sin detención, no hay que tocar el tema de la trasferencia. Es preciso aguardar para este, hasta que la trasferencia haya devenido en resistencia.

Se debe hacer comunicaciones al analizado, no antes de que se haya establecido en el paciente una trasferencia operativa. La primera meta sigue siendo allegarlo al médico. Si se les demuestra interés, el paciente solo pone al médico en el imago infantil de quien recibió amor.

Fue preciso entonces quitar el saber como tal el significado que se pretendía para él, y poner el acento sobre las resistencias que en su tiempo habían sido la causa del no saber y ahora estaban aprontadas para protegerlo. El saber cc era sin duda impotente contra esas resistencias, y ello aunque no fuera expulsado de nuevo.

Los enfermos saben sobre la vivencia reprimida de su pensar, pero a este último le falta la conexión con aquel lugar donde se halla de algún modo el recuerdo reprimido. Solo puede sobrevenir una alteración si el proceso consiste en pensar avanzar hasta ese lugar y vence ahí las resistencias de la represión.

El motor más directo de la terapia es el padecer del paciente y el deseo, de sanar. Es mucho lo que se debita de la fuerza pulsionales, sobre todo la ganancia secundaria de la enfermedad. Pero esta fuerza tiene que conservarse hasta el final. Por si sola no puede eliminar la enfermedad, le faltan dos cosas: no conoce los caminos que debe recorrer, y no suministra la energía necesaria contra las resistencias. En cuanto a la energía necesaria para vencer las resistencias, las suple movilizando las a energías utilizadas para la trasferencia; y mediante las comunicaciones muestra el enfermo el camino que debe guiar esas energías. La trasferencia basta por sí sola para eliminar los síntomas, pero solo de manera provisional, mientras ella exista. El psa merece este nombre cuando la trasferencia haya empleado su intensidad en vencer las resistencias.

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