jueves, 5 de agosto de 2021

Resumen de Freud: Neurosis y Psicosis (1924)

 


Múltiples vasallajes del yo, posición intermedia entre mundo exterior y ello, y su afanoso empeño en atacar simultáneamente la voluntad de todos sus amos.

 

Lo que quizás es la diferencia más importante entre neurosis y psicosis:

 

La neurosis es el resultado de un conflicto entre el yo y su ello, en tanto la psicosis es el desenlace análogo de una similar perturbación en los vínculos entre el yo y el mundo exterior.

 

La neurosis de transferencia se genera porque el yo no quiere acoger ni dar trámite motor a una moción pulsional pujante en el ello, o le impugna el objeto que tiene por meta. El yo se defiende de aquella mediante el mecanismo de la represión; lo reprimido se revuelve contra ese destino y, siguiendo caminos sobre los que el yo no tiene poder alguno, se procura una subrogación sustitutiva que se impone al yo por la vía del compromiso: es el síntoma, el yo encuentra en ese intruso una amenaza y menoscaba su unicidad, prosigue la lucha contra el síntoma tal como se había defendido de la moción pulsional originaria, y todo esto da por resultado el cuadro de la neurosis.

 

El yo cuando emprende la represión obedece en el fondo a los dictados de su superyó (dictados que tienen su origen en los influjos del mdo exterior real que han encontrado su subrogación en el syo). El yo ha entrado en conflicto con el ello, al servicio del syo y de la realidad. Neurosis de transferencia.

 

En tanto al mecanismo de la psicosis, encontramos que el conflicto se establece entre el yo y el mdo exterior, resultando de ello, o bien que el mdo exterior no es percibido de ningún modo o que su percepción carece de toda eficacia. Normalmente el mdo exterior gobierna al ello por dos caminos, en primer lugar, por las percepciones actuales, de las que siempre es posible obtener nuevas y en segundo lugar por el tesoro mnémico de percepciones anteriores que forman, como mundo interior, un patrimonio y componente del yo. El delirio aparece como un parche colocado en el lugar donde originariamente se produjo una desgarradura en el vínculo del yo con el mdo exterior. Los fenómenos del proceso patológico a menudo están ocultos por un intento de curación o de reconstrucción que se les superponen.

 

La etiología común para el estallido de las psiconeurosis o de una psicosis es la frustración, el no cumplimiento de uno de aquellos deseos de la infancia, esa frustración es siempre una frustración externa, puede partir de aquella instancia interna, dentro del syo, que ha asumido la subrogación del reclamo de la realidad. El efecto patógeno depende de lo que haga el yo en semejante tensión conflictiva: si permanece fiel a su vasallaje hacia el mundo exterior y procura sujetar al ello, o si es avasallado por el ello y así se deja arrancar de la realidad. Pero esta situación se complica por la presencia del syo, quien reúne en si influjos del ello tanto como del mundo exterior y es, por así decir, un  arquetipo ideal de aquello que es la meta de todo querer alcanzar del yo: la reconciliación entre sus múltiples vasallajes. En todas las formas de enfermedad psíquica debería tomarse en cuenta la conducta del syo.

 

La neurosis de transferencia responde al conflicto entre el yo y el ello, la neurosis narcisista al conflicto entre el yo y el superyó y la psicosis al conflicto entre el yo y el mundo exterior.

 

Cuando el yo logra salir airoso de tales conflictos: el yo tendrá la posibilidad de evitar la ruptura hacia cualquiera de los lados deformándose a sí mismo, consintiendo menoscabos a su unicidad y eventualmente segmentándose y partiéndose. Las inconsecuencias, extravagancias y locuras de los hombres aparecen así bajo la perversión, en efecto, aceptándolas, se ahorran represiones.

 

La pérdida de realidad en la neurosis y psicosis. (1924)

Cada neurosis perturba de algún modo el nexo del enfermo con la realidad, es para él un medio de retirarse de esta y, en sus formas más graves, importa directamente una huida de la vida real.

 

La contradicción aparente de esta situación subsiste mientras tenemos en vista la situación inicial de la neurosis, cuando el yo, al servicio de la realidad, emprende la represión de una moción pulsional. Pero eso no es todavía la neurosis misma. Ella consiste, más bien en los procesos que aportan un resarcimiento a los sectores perjudicados del ello; por tanto, en la reacción contra la represión y en el fracaso de esta. El aflojamiento del nexo con la realidad es entonces la consecuencia de este segundo paso en la formación de la neurosis, la perdida de realidad atañe justamente al fragmento de esta última causa de cuyos reclamos se produjo la represión de la pulsión. Caracterización de la neurosis como resultado de una represión fracasada (retorno de lo reprimido enfermedad propiamente dicha). El camino por el cual la neurosis intenta tramitar el conflicto es desvalorizando la alteración objetiva reprimiendo la exigencia pulsional en cuestión, vale decir, el amor por su cuñado por ejemplo. La psicosis habría sido desmentir el hecho de la muerte de su hermana.

 

En la psicosis también hay dos pasos, de los cuales el segundo presenta el carácter de la reparación, pero aquí la analogía deja el sitio a un paralelismo mucho más amplio entre los procesos. El segundo paso de la psicosis quiere también compensar la pérdida de la realidad, más no a expensas de una limitación del ello (como la neurosis lo hacía a expensas del vínculo con lo real) sino por otro camino más soberano: por la creación de una realidad nueva, que ya no ofrece el mismo motivo de escándalo que la abandonada. En consecuencia, el segundo paso tiene por soporte las mismas tendencias en la neurosis y la psicosis; en ambos casos sirve al afán de poder del ello contra el mundo exterior, expresan su displacer o si se quiere, su incapacidad para adaptarse al apremio de la realidad. Neurosis y psicosis se diferencian mucho más en la primera reacción, la introductoria, que en el subsiguiente ensayo de reparación. Esa diferencia inicial se expresa en el resultado final del siguiente modo: en la neurosis se evita un fragmento de la realidad, mientras que en la psicosis se reconstruye. En la psicosis a la huida inicial sigue una fase activa de reconstrucción; en la neurosis la obediencia inicial es seguida por un intento de huida posterior, la neurosis no desmiente la realidad, se limita a no querer saber nada de ella; la psicosis la desmiente y procura sustituirla. Llamamos normal o sana a la reacción que como en la neurosis no desmiente la realidad, pero como en la psicosis, se empeña en modificarla.

 

En la psicosis el vínculo con la realidad nunca había quedado concluido, sino que se enriquecia y variaba de continuo mediante percepciones nuevas. A la psicosis se le plantea la tarea de procurarse percepciones tales que correspondan a la realidad nueva, lo que se logra de la manera más radical por la vía de la alucinación.

 

Por tanto, otra analogía entre neurosis y psicosis es que en ambas la tarea que debe acometerse en el segundo paso fracasa parcialmente, puesto que no puede crearse un sustituto cabal para la pulsión reprimida (neurosis), y la subrogación de la realidad no se deja verter en los moldes de formas satisfactorias. (No, al menos, en todas las variedades de enfermedades psíquicas.) Pero en uno y otro caso los acentos se distribuyen diversamente. En la psicosis, el acento recae íntegramente sobre el primer paso, que es en sí patológico y sólo puede llevar a la enfermedad; en la neurosis, en cambio, recae en el segundo, el fracaso de la represión, mientras que el primer paso puede lograrse, y en efecto se logra innumerables veces en el marco de la salud, si bien ello no deja de tener sus costos y muestra, como secuela, indicios del gasto psíquico requerido.

 

La neurosis se conforma, por regla general, con evitar el fragmento de realidad correspondiente y protegerse del encuentro con él. Ahora bien, el tajante distingo entre neurosis y psicosis debe amenguarse, pues tampoco en la neurosis faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde al deseo. La posibilidad de ello la da la existencia de un mundo de la fantasía, un ámbito que en su momento fue segregado del mundo exterior real por la instauración del principio de realidad, y que desde entonces quedó liberado, a la manera de una «reserva», de los reclamos de la necesidad de la vida; si bien no es inaccesible para el yo, sólo mantiene una dependencia laxa respecto de él. De este mundo de fantasía toma la neurosis el material para sus neoformaciones de deseo, y comúnmente lo halla, por el camino de la regresión, en una prehistoria real más satisfactoria.

 

Apenas cabe dudar de que el mundo de la fantasía desempeña en la psicosis el mismo papel, de que también en ella constituye la cámara del tesoro de donde se recoge el material o el modelo para edificar la nueva realidad. Pero el nuevo mundo exterior, fantástico, de la psicosis quiere remplazar a la realidad exterior; en cambio, el de la neurosis gusta de apuntalarse, como el juego de los niños, en un fragmento de la realidad -diverso de aquel contra el cual fue preciso defenderse-, le presta un significado particular y un sentido secreto, que, de manera no siempre del todo acertada, llamamos simbólico. Así, para ambas -neurosis y psicosis-, no sólo cuenta el problema de la pérdida de realidad, sino el de un sustituto de realidad.

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