domingo, 27 de diciembre de 2015

LA TEORÍA DEL INCONSCIENTE DE SIGMUND FREUD


Freud sostenía que el aparato psíquico esta compuesto por diferentes capas, instancias o estratos: consciente, preconsciente e inconsciente, cada uno con características propias.
En la analogía que comúnmente utilizaba para explicar la dinámica del aparato psíquico, a este lo refiere como un iceberg donde la punta que sobresale, y que es la parte mas pequeña, es el consciente, la media es el preconsciente, y la mas amplia y profunda que queda abajo, es el inconsciente. Cada estrato posee características propias.
El consciente es el resultado de estimulaciones externas, de experiencias internas reanimadas, o la combinación de ambas. También nos da el momento presente de conciencia y la conciencia de identidad.
El preconsciente contiene los recuerdos latentes que pasan a la conciencia en forma espontanea, deliberadamente cuando nosotros nos obligamos a recordar o mediante la asociación con estímulos actuales. Almacena todas las experiencias que nosotros por voluntad propia queremos olvidar en lo que llamamos proceso de supresión. Se encuentra entre el consciente y el inconsciente.
El inconsciente para Freud es lo desconocido, lo comúnmente inaccesible, se encuentra constituido por motivos psicobiológicos básicos que se oponen a motivos conscientes, y producen los principales conflictos en la vida. Aquí se acumulan todas las experiencias vividas y olvidadas a lo largo de nuestra vida y podemosencontrar la justificación de los pensamientos, sentimientos, emociones, deseos y placeres para los que no encontramos una explicación consciente.
Para alcanzar a comprender al inconsciente y su manera de operar, necesitamos recurrir al proceso de represión, que se puede definir como la exclusión o anulación de experiencias vividas en contra de nuestra voluntad. En general, la represión puede convertirse en un muro infranqueable para que lleguen consciente deseos, ideas o recuerdos dolorosos que amenacen nuestra existencia organizada.
Los sueños, hábitos, lapsus linguae, actos fallidos y el olvido entre otros, son pruebas a favor de la existencia del inconsciente. Tenemos como ejemplo la cita que programamos con antelación con el dentista, sim embargo, ese dia no asistimos, pero en la noche antes de retirarnos a dormir la recordamos súbitamente; ¿Por qué lo olvidamos? Podriamos responder a esta pregunta enumerando un sinnúmero de justificaciones; el terror que podemos tener tan solo de imaginarnos en dicho consultorio, el miedo a los aparatos que usa el dentista, la incomodidad que nos representa la inyección que nos aplica, entre otros factores, todo ello, si lo analizamos, obedece a un propósito obvio: eludir el dolor o la incomodidad.
Los lapsus linguae (equivocaciones al hablar, al escribir o determinados accidentes) también obedecen a motivos o deseos inconscientes. Asi, en una persona que es propensa a accidentes podríansignificar un deseo inconsciente de lastimarse a si mismo.
Los trastornos de personalidad son, según Freu, una de las pruebas mas incuestionables que demuestran la existencia el inconsciente, ya que esos trastornos poseen un significado y obedecen a un propósito. Tomemos como ejemplo a una adolescente con SC que cuida de su mama enferma. A esta muchacha la invitan a una fiesta a la que asistirá el joven de quien esta enamorada sin embargo, a causa de la situación en la que se encuentra no puede ir y esta la enoja tanto que llega a desear la muerte de su madre. Por desgracia la madre muere y la jovencita repentinamente ya no puede caminar, y a pesar de ser llevada a los mejores especialistas, estos no encuentran lesión alguna que le impida hacerlo. ¿Qué crees que puede estar significando su incapacidad? ¿Sera consciente de los motivos por los cuales dejo de caminar? De una manera simple podríamos decir que es mas fácil que la muchacha dejara de caminar que recocer sus deseos de muerte dirigidos hacia su progenitora. (Hacemos la aclaración que los deseos no matan.) Diríamos entonces que en forma inconsciente esta tratando de castigarse por deseo que ni siquiera recuerda conscientemente.

Ello, Yo y Superyó

BY IG

Ello, Yo y Superyó

Ello, yo y superyó son los tres elementos de la mente humana definidos por Sigmund Freud. Según la teoría de Freud, nuestra personalidad se compone de tres elementos: ello, yo y superyó.

Ello

El ello se consta de todos los componentes biológicos de la personalidad, como los instintos sexuales y agresivos. Este es el único componente de nuestra personalidad que está presente en nuestra vida desde que nacemos. Los otros elementos se desarrollan durante nuestra vida. El ello funciona inconscientemente, responde directamente a nuestros instintos.

El ello es como una fuente plena de instintos primarios. Es como la “olla a presión”. Según la teoría freudiana, el ello se guía por el principio del placer, que tiene un único propósito – obtener satisfacción inmediata de todos los deseos y necesidades humanos.

Parece que es imposible satisfacer todas las necesidades y deseos de nuestra vida. A veces una necesidad puede ser dejada insatisfecha. Los que no cumplan sus necesidades van a experimentar un estado de ansiedad o tensión.

Como ya he dicho, el ello está presente en nuestra vida desde que nacemos. Por ejemplo, un bebé hambriento gritará hasta que su necesidad se satisface. El ello es muy importante en nuestra vida, porque nos guía a satisfacer nuestras necesidades primarias para sobrevivir.

Cuando nuestras necesidades están satisfechas, lo que sentimos se llama placer. El ello no se ve afectado por la realidad o la lógica. Las consecuencias no significan nada para el ello, él tiene un soló propósito: satisfacer las necesidades primares.

Yo

El yo es responsable de la relación con la realidad. Este componente de la personalidad tiene el propósito de asegurarse que los impulsos del ello pueden expresarse de una manera aceptable para la sociedad en que vivimos. El yo desarrolla varios mecanismos de defensa para hacer frente a la ansiedad y las tensiones.

El yo es impulsado por el principio de la realidad que trata de satisfacer los impulsos del ello de una manera aceptable. El principio de la realidad compara los costos y los beneficios de una acción y después, decide actuar o abandonar los impulsos respetivos.

El yo es el mediador entre los deseos poco realistas del ello y el mundo externo, el mundo real. El yo también busca el placer tal como el ello lo hace. Pero hay una diferencia. El ello busca el placer y no le importa en absoluto las consecuencias. El yo trata de evitar el dolor y busca el placer de una manera realista.

Freud hizo una analogía: el ello es el caballo, mientras que el yo es el piloto. El piloto trata de controlar la fuerza superior del caballo.

A menudo se utiliza la metáfora del iceberg para explicar la relación entre las tres partes de la psique humana: ello, yo y superyó. Según esta metáfora, el ello representa la mitad de la conciencia y una cuarta parte del preconsciente. La otra cuarta parte se encuentra en el inconsciente.

Superyó

Según Sigmund Freud, el último componente de nuestra personalidad es el superyó. El superyó incorpora las normas morales y valores de la sociedad en que vivimos. Aprendemos estas normas y valores, especialmente de nuestros padres, pero también de otras personas que nos rodean como amigos, abuelos y maestros. Freud sugirió que el superyó se desarrolla a la edad de 4 – 5 años, durante la etapa fálica del desarrollo psicosexual.

El superyó controla los impulsos del ello, especialmente los no aceptadas por la sociedad en que vivimos. Por lo general, los instintos sexuales y agresivos no son aceptados por las personas que nos rodean.

El superyó tiene dos partes principales: el ideal del yo y la conciencia moral.

El ideal del yo es el retrato imaginario que muestra cómo debemos ser para respectar las reglas de la sociedad en que vivimos. El comportamiento que tratamos de lograr es fuertemente influenciado por nuestros padres y otros autoridades de nuestra vida. Respectando estas normas y reglas, nos sentimos aceptados, y tenemos sentimientos de orgullo y logro.

La conciencia moral contiene información acerca de las cosas y el comportamiento inaceptable por nuestros padres o por nuestra sociedad. Comportamientos prohibidos pueden conducir a la pena y el sentimiento de culpa. Por ejemplo, si el yo trata de satisfacer los impulsos agresivos del ello, el superyó hará que la persona se sienta culpable.

Los seres humanos parecen ser un campo de batalla donde dos luchadores de gran alcance, el ello y el superyó luchan juntos. El yo tiene la misión difícil de mediar los conflictos entre el ello y el superyó. El ello exige la satisfacción de los instintos primarios. El superyó se centra en las normas morales de nuestra sociedad y puede hacer que el yo se sienta culpable.

Según Sigmund Freud, una personalidad sana se caracteriza por un equilibrio entre los tres elementos de la mente humana: ello, yo y superyó

Ello

El Ello se refiere a la parte más profunda, primitiva, desorganizada e innata de la personalidad. El Ello se presenta de forma pura en nuestro inconsciente y está presente desde el nacimiento (el ello no es sinónimo de inconsciente). Representa nuestros impulsos, deseos y necesidades más elementales y primitivas del ser, de cubrir sus necesidades fisiológicas inmediatamente sin considerar las consecuencias.

Está constituido por impulsos tan básicos como la tendencia natural a satisfacer el hambre, la sed y la sexualidad, las que Freud llamópulsiones de vida, alimentados por el libido. Mas tardé Freud descubrió y matizó la pulsión de la muerte, responsable de las conductas de tendencia agresiva y destructiva.

Yo

El Yo tiene como fin cumplir de manera realista los deseos y demandas del Ello y a la vez conciliándose con las exigencias del Superyó. Todas las acciones ejecutadas son analizadas por el Yo amenazando con el castigo en caso de incumplimiento. El Yo nos permite reconocer las acciones que realizamos, a elegir el camino a seguir, y razonar los impulsos con tal de no ceder lugar a la liberación libidinosa, y velar por la integridad general de la realidad. Es el primer paso del reconocimiento, para afrontar las alegrías, culpabilidad o castigo.

Superyó

El superyó es la parte que contrarresta al Ello, representa los pensamientos morales y éticos adquiridos y aprendidos por la cultura. Consta de dos subsistemas: la consciencia moral se refiere a la capacidad de la autoevaluación, la crítica y el reproche.

NCONSCIENTE

Con esta palabra podemos designar, en primer lugar, todo contenido mental que no se encuentra en la conciencia y al que el sujeto únicamente puede acceder con dificultad. Pero, en segundo lugar, este término también se usa para designar uno de los sistemas del aparato psíquico: es la parte no consciente que sólo puede ser consciente con grandes esfuerzos por parte del sujeto, y, en particular, gracias al trabajo de la terapia. En el inconsciente se encuentran los deseos, instintos y recuerdos que el sujeto reprime por resultarle inaceptables, fundamentalmente a causa de sus propias valoraciones morales; es la capa más profunda de la mente y se identifica en gran medida con el ello. Con todo, parte del super-yotambién puede incluirse en el inconsciente en la medida en que no siempre el sujeto es consciente de sus propias valoraciones morales y de la actuación de dichas valoraciones en su vida psíquica y su conducta.





Freud tuvo razones muy importantes para la defensa de la existencia de mente inconsciente; las principales:

· los fenómenos de hipnosis le mostraron que podemos saber algo sin saber que lo sabemos, y que podemos desear algo sin saber la auténtica razón de ese deseo;

· la referencia a una motivación inconsciente permite comprender los actos fallidos (acciones aparentemente desprovistas de sentido por ser contrarias a la intención de la persona que las realiza) y las confusiones verbales o " lapsus lingue" que ocurren en la vida cotidiana y a personas normales;

· el mundo simbólico de los mitos, novelas y en particular los sueños; el análisis de los sueños era para Freud "el camino real" para acceder a la provincia de lo Inconsciente. Los sueños sólo se pueden entender a partir de un significado profundo, no consciente, distinto del significado explícito y superficial;

sus estudios sobre la histeria le hicieron ver que en la mente pueden existir experiencias y motivaciones determinantes de la conducta y de la salud física sin que, por efecto de la represión, se sea conscientes de ello;
los efectos de la terapia psicoanalítica sólo se comprenden a partir de la teoría de la represión y de la descarga de una fuerza emocional inconsciente.
Conviene también recordar dos importantes implicaciones antropológicas de la creencia en el inconsciente:

La mente no es transparente a sí misma : para la tradición filosófica, la Razón era uno de los atributos esenciales y propios del ser humano; a partir de la filosofía de Descartes se añadía también la autoconsciencia, al punto de acabar identificando la mente con el ser consciente o poder ser consciente voluntariamente; se suele indicar que los enunciados mentalistas en primera persona son "incorregibles" en el sentido de que presentan verdades indudables ("pienso, luego existo", sería la máxima expresión de este tipo de enunciados). Frente a ese tipo de planteamientos, el psicoanálisis prima mucho más las dimensiones no racionales del psiquismo (instintos, deseos ligados al cuerpo, emociones...) y, con su defensa del inconsciente cree posible que ignoremos las reales y verdaderas causas de nuestras conductas y estados mentales. Desde la perspectiva tradicional parecía imposible tener un deseo sin ser consciente de él, o que se llegue a odiar a alguien creyendo que le amamos; el psicoanálisis declara que este tipo de "opacidad" es perfectamente posible.

Escisión del sujeto : el psicoanálisis considera que en el interior del sujeto hay elementos opuestos, enfrentados: se puede amar y odiar a la misma persona, desear y no desear lo mismo, saber y no saber algo. Enfrentándose a la concepción tradicional del psiquismo que declara la perfecta identidad del sujeto consigo mismo, y que en las versiones más metafísicas culminará en la idea de alma, Freud parece entender la subjetividad en términos de "identidades difusas", de elementos que pugnan por dominar en el conjunto de la vida psíquica y que tienen relaciones de afinidad o competencia pero nunca de una cohesión tan completa que pueda dar lugar a una unidad en el sentido fuerte o metafísico. Es precisamente a partir de estas tesis como poco a poco la psicología ha ido cuestionando de modo cada vez más radical nociones tradicionales como la de libertad y responsabilidad moral.

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