miércoles, 29 de mayo de 2013

La pregunta histérica


En los primeros informes clínicos de Freud sobre casos de histeria, Lacan lee esta pregunta como planteada en el núcleo mismo de la estructuración subjetiva, bajo las siguientes formas: ¿qué es ser una mujer?, ¿qué es lo deseable de una mujer desde la perspectiva de un hombre?, ¿qué quiere una mujer? La pregunta está latente en el caso de Elizabeth, en Dora, en la ‘bella carnicera’, tal vez también en la joven homosexual, que deja caer la pregunta sobre el Otro familiar y social: ¿por qué una mujer puede desear y elegir a otra mujer como partenaire sexual?
Lacan considera la pregunta histérica una consecuencia del hecho de que no hay inscripción en el inconsciente del sexo de la mujer, y de la necesaria asimetría que resulta de ello en la estructuración edípica. De modo que si el enfoque freudiano es sustentable, el acceso de la mujer a su posición sexuada también pasa, como en el caso del varón, por una identificación con el padre; lo que le exige un rodeo suplementario, una elaboración y un desprendimiento diferentes de la identificación al padre y al atributo fálico.
Una mujer freudiana interpreta así la cosa: lo ha visto, sabe que no lo tiene, y quiere tenerlo; no renuncia a él sino que espera que el padre se lo provea bajo la forma de un hijo, un hijo = falo. Tal respuesta a la cuestión del deseo explica en buena medida el deseo de ser madre, pero no agota sin embargo la pregunta por lo femenino, subsistente en el inconsciente en torno al agujero en lo simbólico resultante del hecho de que del lado femenino no hay correspondiente al significante fálico. Esa falta de material simbólico da al sexo femenino un carácter de vacío, de agujero en torno al cual se elabora, bajo las condiciones de la represión, la pregunta histérica: ¿qué es ser mujer, si no es ser madre?
El énfasis de Lacan es radical en este punto, llegando a sostener que la neurosis histérica se estructura en torno a esa pregunta - que por lo general permanece amordazada, que no se formula sino de un modo desplazado y zigzagueante, pero que es nuclear para la elaboración del síntoma y del fantasear histéricos -.
La estrategia histérica de interrogación de lo femenino acentúa el deseo como vacío, el deseo en tanto insatisfecho. La zona erógena es cosquilleada, contorneada mediante respuestas fantaseadas, de un modo poco apto para la satisfacción directa. Otro modo que encontrará Lacan de formularlo es diciendo que la histeria no es síntoma de Otro cuerpo, sino síntoma que se ubica a mayor distancia del cuerpo-Otro, es síntoma de otro síntoma. La idea está formulada en su conferencia Joyce, el síntoma, si una mujer es síntoma de otro cuerpo, la histeria en cambio es síntoma de otro síntoma, y por eso mismo síntoma más apto que ningún otro para el lazo social: se toma de otro cuerpo, se contagia.
Ahora bien, la histeria es una estrategia de la pregunta por lo femenino, pero no exactamente por el goce femenino, es pregunta por el deseo, que se formula con el deseo desde una posición que, aunque implica una identificación parcial al hombre, es heterosexual en el sentido lacaniano del término (llamando heterosexual a ‘lo que ama a una mujer sea cual sea su propio sexo’). En este sentido, incluso en las formas lésbicas de la histeria, que se afirman como esfuerzo de un goce envuelto en su propia contigüidad, la heterosexualidad está garantizada, inscripta en la trayectoria zigzagueante que lleva la feminidad al deseo.


Lacan, J., Seminario III, clase del 21 de marzo de 1956.
L’étourdit, Autres écrits, p. 467.

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