martes, 6 de octubre de 2015





La actitud de Freud hacia la filosofía osciló entre el respeto y el rechazo que le obligaba a establecer una distancia prudente pues la especulación de la metafísica le causaba desconfianza. Freud, no abandona totalmente el espíritu de las luces y cuando lo hace es muy a pesar suyo. La intención de inteligibilidad y búsqueda de argumentaciones claras y convincentes es una marca distintiva de sus comunicaciones. A lo largo de toda su obra y buscó repetidamente se aceptaran sus argumentos. La pretensión de que el psicoanálisis sea una ciencia será siempre como un mosquito molesto que persigue su escritura, afortunadamente contra este empuje, tiene su pesimismo, su gusto por la fantasía y el mito que le acerca muy a su pesar a la filosofía. Ésta es la disyuntiva actual en la formación del psicoanalista, y que ocupa toda la polémica actual sobre su currícula. Quizá debiéramos rescatar aquí a Bergson y recordar que la filosofía no puede ser absorbida por la ciencia que tiene problemas y procedimientos distintos, amén de que los límites al conocimiento científico topan con el estudio del hombre.

Y el psicoanálisis, en mi humilde opinión, está más cerca de ser una filosofía que una ciencia. No una simple filosofía reflexiva, sino un método activo para comprender el sufrimiento humano y el espíritu que lo anima, que no es otro que el Tánatos. El final de un análisis sería precisamente la posibilidad de domeñar este principio fatal y autodestructivo, más que aprovechar todas las capacidades propias del ser humano, como lo quisiera una psicología de pasillo y de autosuperación, se trata de evitar llevar al éxito total al Principio de Placer y a la realización del deseo tal cual, y jugarse incluso por la inhibición del impulso.


Julio Ortega Bobadilla

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